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sobre Olmedo
La Villa de los Siete Sietes; famosa por el Caballero de Olmedo y su parque temático del mudéjar
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Olmedo huele a lechazo los domingos por la mañana. Si llegas antes del mediodía y pasas por la calle Mayor, el humo de los hornos suele salir a la calle. Antes de ver nada ya sabes qué se come aquí.
Aparcar no suele ser complicado. Lo normal es dejar el coche en el paseo de San Roque o en alguna de las calles que rodean el centro y entrar andando. El casco es pequeño y se recorre rápido. Los sábados por la mañana hay mercadillo y se nota: más coches y más movimiento. Si quieres ir tranquilo, ven temprano.
La A‑62 (Valladolid–Medina del Campo) pasa cerca y el desvío está bien señalizado. Desde la autovía tardas pocos minutos en entrar al pueblo.
Lo que hay (y lo que no)
Olmedo no es grande. En una mañana ves lo principal.
La iglesia de Santa María del Castillo es el edificio que más llama la atención. La base es románica, aunque ha tenido reformas con el tiempo. Dentro guardan un relicario de plata que suele mencionarse cuando se habla del pasado religioso del pueblo.
La de San Andrés conserva restos románicos en el ábside. La visita es rápida.
Quedan algunos tramos de muralla y el Arco de la Villa, que era una de las entradas al recinto medieval. No es un conjunto monumental enorme, pero ayuda a entender cómo estaba organizado el pueblo.
El Parque Temático del Mudéjar es lo más visitado. Son maquetas a escala de iglesias, castillos y edificios mudéjares de Castilla y León. Se recorre en poco tiempo y sirve para hacerse una idea rápida de ese tipo de arquitectura. Alrededor hay un paseo que sale hacia las afueras y pasa por restos de antiguos molinos hidráulicos. Es un recorrido sencillo, sin grandes desniveles.
Un par de episodios históricos y muchas cigüeñas
Olmedo aparece en documentos medievales ligados a la repoblación de la zona tras la conquista castellana de Toledo. Durante el siglo XV fue escenario de enfrentamientos ligados a las luchas internas de la Corona de Castilla. La historiografía local vuelve a esas batallas con frecuencia.
El trazado de la calle Mayor y parte del casco antiguo siguen ese origen medieval.
Más reciente fue la polémica por el callejero vinculado al franquismo, que acabó en los tribunales y obligó a cambiar varios nombres. Aun hoy se ven placas antiguas en algunas fachadas.
En lo que sí coincide todo el mundo es en las cigüeñas. Hay nidos en torres, postes y tejados. En primavera y principios de verano el ruido es constante.
Qué se come aquí
El lechazo asado es lo más repetido en las cartas. Forma parte de la tradición de la zona y muchos vienen a Olmedo solo a eso.
También aparece mucho el llamado moro de matanza, una morcilla con arroz muy típica de la provincia. Es más sencillo y suele salir antes que el lechazo.
Otro plato que todavía se ve en algunos sitios son las patas de cerdo rellenas, cocina de casa que cada vez cuesta más encontrar.
En panaderías y tiendas locales es fácil ver bolla de chicharrones, un bollo dulce con trozos de panceta que aquí se sigue haciendo.
Cuándo ir y cuándo pasar de largo
San Blas, a comienzos de febrero, mueve sobre todo a la gente del pueblo: procesión, algo de ambiente y poco más.
La romería de la Santa Cruz, en primavera, saca a mucha gente al campo y complica el aparcamiento.
A finales de verano suelen organizar jornadas gastronómicas dedicadas a la cebolla, producto muy ligado a la huerta de la zona.
En septiembre llegan las fiestas de la Virgen de las Mercedes, con el formato habitual de muchos pueblos: peñas, música y casetas.
Consejo directo
Olmedo funciona mejor como parada que como destino largo. Si vas entre Valladolid y Medina del Campo, te desvías, paseas por el centro, ves el parque del Mudéjar y comes. Con eso ya te haces una idea del lugar.
Si tienes algo más de tiempo, sal del casco por el camino de los molinos y da un paseo corto por los pinares de alrededor. El paisaje de esta comarca va de eso: terreno llano, arena y pinar. No es espectacular, pero explica bien dónde estás.