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sobre Palazuelos de Eresma
Municipio residencial junto a Segovia; alberga la destilería del whisky DYC y entorno fluvial
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Hay un momento, justo cuando sales de Segovia y la carretera empieza a hacer ese gesto de quien se despereza, en el que el Eresma aparece entre prados y arboledas. Es entonces cuando ves el cartel de Palazuelos de Eresma y, si llevas las ventanillas bajadas, te llega un olor raro de explicar. No es exactamente a campo, ni a río, ni a leña. Es más bien como cuando abres la despensa de tu abuela y se mezcla algo dulce con algo tostado. Muchas veces es el whisky DYC destilándose a tu derecha. Y eso significa que ya estás aquí.
El pueblo que huele a domingo por la mañana
Palazuelos no es ese pueblo medieval congelado en el tiempo que sale en muchos folletos. Aquí viven más de seis mil personas repartidas en varios núcleos, algo así como barrios separados por campos abiertos y urbanizaciones que han ido creciendo con los años. Mucha gente trabaja en Segovia y vuelve por la tarde, así que el ambiente tiene más de pueblo vivido que de escenario histórico.
El casco antiguo queda junto a la carretera, con casas de piedra y calles que suben y bajan sin demasiada ceremonia. No hay grandes alardes, y eso se agradece.
La primera vez que vine fue un domingo en el que Segovia estaba tan llena que hasta alrededor del acueducto parecía hora punta. Pensé: “voy a alejarme un poco”. Diez minutos después estaba aquí, en un bar donde tenían el fútbol puesto y la conversación giraba más sobre cómo había salido el cochinillo del día anterior que sobre el partido. Ese tipo de sitio.
El castillo que nadie espera
El Castillo de los Arias Dávila aparece cuando empiezas a mirar hacia arriba. Es como ese compañero de trabajo que apenas habla pero un día te enteras de que fue campeón de ajedrez en su época. Está ahí, dominando el pueblo, bastante serio.
Se levantó en el siglo XV y aún conserva buena parte de la estructura: torres, muralla y ese aire de fortaleza que te recuerda que esto fue frontera y territorio vigilado durante siglos. No siempre se puede visitar por dentro, pero acercarte ya merece la pena. Desde alrededor del castillo se ven los prados del Eresma y, al fondo, la silueta de la sierra cuando el día está claro.
Y lo curioso es que, estando tan cerca de Segovia, suele haber poca gente.
El río cerca y el whisky que marca el paisaje
El río Eresma nace unos kilómetros más arriba, en los montes de Valsaín, en plena sierra. Cuando llega a la altura de Palazuelos todavía es un río joven, con tramos tranquilos y bastante vegetación alrededor.
En los años cincuenta se instaló aquí la destilería DYC, que cambió bastante la imagen del lugar. Las instalaciones aparecen junto al río como algo inesperado en medio de Castilla. Si el viento sopla hacia el pueblo y están trabajando, ese olor dulzón del que hablábamos antes se nota bastante.
No hace falta ser aficionado al whisky para que te llame la atención. Es de esas fábricas que forman parte del paisaje, igual que los campos o las choperas del río.
La muralla que mandó levantar Don Juan Manuel
A principios del siglo XIV, Don Juan Manuel —el mismo que escribió El Conde Lucanor— ordenó levantar una muralla en Palazuelos. Era una época en la que Segovia tenía peso y el control del territorio alrededor importaba bastante.
Hoy todavía quedan tramos visibles. No es una muralla continua ni monumental como la de Ávila, pero se reconoce bien en varios puntos del casco antiguo. Pasear junto a esos restos tiene algo curioso: ves piedra medieval y, a pocos metros, casas modernas o las chimeneas de la destilería al fondo.
Una mezcla un poco rara, pero que acaba teniendo su gracia.
Consejos de alguien que ha vuelto más de una vez
He pasado por Palazuelos varias veces y casi siempre por la misma razón: está a un paso de Segovia y sirve para bajar revoluciones cuando la ciudad se llena demasiado.
Puedes acercarte al castillo, caminar un rato por el pueblo y luego bajar hacia el río. La senda del Eresma tiene tramos agradables para andar o ir en bici, sobre todo cuando el calor aprieta en verano.
En junio suelen celebrarse las fiestas de San Antonio, bastante tradicionales. Procesión, música del pueblo y ese ambiente en el que todo el mundo parece conocerse desde hace años.
Mi consejo es sencillo: aparca cerca del centro y camina sin mucha prisa. Acércate al castillo, busca algún tramo de muralla y luego tira hacia el río. Después entra en cualquier bar que veas con gente dentro —esa suele ser la mejor señal— y pide algo de comer.
No será un plan de todo el día, pero funciona muy bien para una escapada corta desde Segovia. A veces con un par de horas basta para entender cómo se vive un sitio. Y Palazuelos es de esos lugares que se dejan ver sin demasiadas explicaciones.