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sobre Palencia
Capital de provincia tranquila y monumental a orillas del río Carrión; famosa por su Cristo del Otero y su catedral gótica conocida como La Bella Desconocida.
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Desde el cerro del Otero, la ciudad se despliega en torno al río Carrión como una mancha compacta de tejados y torres. Desde ahí arriba se entiende bien dónde estamos: en plena Tierra de Campos, una llanura cerealista que ha marcado la economía y también el carácter del lugar durante siglos. La estatua del Cristo del Otero, obra del escultor Victorio Macho en el siglo XX, vigila la ciudad y mira hacia el sur, hacia los campos que rodean la capital palentina desde mucho antes de que los vacceos llamaran a este lugar Pallantia.
Una capital discreta
Palencia es una capital provincial poco dada a hacerse notar. A muchos les suena más como parada en la autovía o en la línea de tren que como destino. Sin embargo, el casco histórico conserva una densidad patrimonial poco habitual para una ciudad de su tamaño: iglesias medievales, restos de muralla y un museo arqueológico con piezas que recorren buena parte de la historia del territorio, desde los pueblos prerromanos hasta la Edad Media.
Esa discreción tiene algo de histórico. Durante siglos compartió protagonismo con ciudades cercanas más grandes o con más peso político. Mientras Valladolid consolidaba su papel administrativo o Burgos proyectaba su catedral gótica, Palencia siguió siendo sobre todo una ciudad ligada al campo y al comercio del cereal. El trigo no construye relatos épicos, pero explica buena parte de lo que ha sido esta tierra.
La catedral y lo que queda debajo
La Catedral de San Antolín empezó a levantarse en el siglo XIV, aunque el lugar de culto es mucho más antiguo. Bajo el edificio actual se conserva una cripta visigoda vinculada al primer templo documentado en la ciudad. Esa superposición de épocas explica la mezcla de estilos que se ve en el exterior y en el interior.
Dentro, el retablo mayor —una estructura monumental de madera dorada— domina la nave central. Está organizado como una narración visual con decenas de escenas y figuras. No hace falta intentar abarcarlo todo: si te acercas al centro verás pequeños detalles que suelen pasar desapercibidos desde lejos.
A pocas calles, la iglesia de San Miguel recuerda un episodio muy citado en las crónicas medievales: el matrimonio entre Rodrigo Díaz de Vivar y Jimena Díaz, celebrado aquí en el siglo XI según la tradición. Más allá de la historia —difícil de separar del mito— la iglesia conserva una torre robusta que aún marca el perfil de esta parte del casco antiguo.
El Cristo del Otero y la llanura
Subir hasta el Cristo del Otero sigue siendo uno de los paseos habituales de los palentinos. El cerro no es muy alto, pero basta para dominar la ciudad y, sobre todo, para entender la escala de la llanura que la rodea.
La escultura, de líneas muy verticales y austera en ornamentación, forma parte de un conjunto donde también está enterrado el propio Victorio Macho. Desde la base se distinguen bien la torre de la catedral, el curso del Carrión y las zonas industriales que crecieron en el siglo XX al margen del casco antiguo. En días despejados la vista se pierde hacia el norte, donde empiezan a insinuarse las montañas de la provincia.
Cocina de campo
La cocina palentina tiene una lógica sencilla: platos pensados para el frío y para jornadas largas de trabajo. El lechazo asado sigue siendo uno de los referentes de la zona, ligado a la ganadería de oveja churra que se cría en muchos pueblos de la provincia.
También aparecen con frecuencia las sopas de ajo, los guisos de legumbres —lentejas o alubias— y embutidos donde la cebolla tiene bastante presencia. Entre los dulces tradicionales están los biscotes, un bizcocho seco que suele tomarse con leche o café.
El vino procede a menudo de cooperativas de la zona y de denominaciones cercanas del valle del Duero. No es raro encontrarlo servido de forma sencilla, sin demasiada ceremonia.
Las fiestas de la ciudad
Las fiestas principales se celebran en honor a San Antolín, patrón de Palencia, a comienzos de septiembre. Durante esos días la actividad se concentra en parques y plazas, donde las peñas organizan comidas y música mientras la ciudad cambia de ritmo.
La procesión del santo sigue siendo uno de los momentos más concurridos. También hay otras celebraciones a lo largo del año vinculadas a imágenes muy arraigadas en la ciudad o a tradiciones populares, especialmente alrededor del río y de los barrios más antiguos.
Cómo moverse por Palencia
El centro histórico se recorre caminando sin dificultad. La calle Mayor articula buena parte del paseo urbano: desde la plaza mayor hasta el río se suceden soportales, comercios tradicionales y algunos edificios civiles interesantes.
El paseo del Carrión es un buen lugar para terminar la visita. Sigue el curso del río entre zonas verdes y permite ver la ciudad desde otra perspectiva.
Palencia tiene conexión ferroviaria con varias ciudades cercanas y con Madrid. Si llegas en coche, lo más práctico suele ser dejarlo en alguno de los aparcamientos públicos próximos al centro y continuar a pie. Desde la capital, además, salen carreteras hacia varios pueblos de Tierra de Campos donde todavía se conservan iglesias románicas y arquitectura popular ligada al campo.