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sobre Castrillo-Tejeriego
Localidad en el valle del Jaramiel; destaca por su iglesia barroca y las bodegas subterráneas en la ladera
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En los Páramos del Esgueva, donde la meseta se estira sin barreras y el viento manda, está Castrillo-Tejeriego. Un pueblo pequeño, muy tranquilo, con unos 150 vecinos y un ritmo de vida que aquí no se ha acelerado demasiado.
El paisaje es el de la Castilla seca de verdad: cereal, páramo, horizonte limpio y un cielo enorme que cambia más que el terreno. Si vienes buscando montaña, ríos caudalosos o bosques frondosos, este no es tu sitio. Si te interesa la meseta tal cual es, sin maquillaje, aquí la tienes bien a la vista.
Castrillo-Tejeriego forma parte de esa España interior de piedra, adobe y chimeneas encendidas en invierno. No hay grandes monumentos ni rutas famosas, pero sí un pueblo pequeño donde se sigue viviendo de cara al campo y donde el ruido más habitual es el del tractor.
¿Qué ver en Castrillo-Tejeriego?
El patrimonio de Castrillo-Tejeriego se concentra sobre todo en su iglesia parroquial, el punto que estructura el pueblo y la vida social. Es el típico templo castellano que ha ido sumando capas con los siglos. No es una joya monumental de libro, pero sí un buen ejemplo de cómo se construía y se reformaba en los pueblos de la zona. Por dentro suele estar normalmente cerrada fuera de oficios, así que conviene no ir pensando en una visita artística larga. [VERIFICAR]
El casco urbano conserva arquitectura popular en adobe, tapial y piedra, con algunas casas restauradas y otras aún en uso tal cual se levantaron hace décadas. Pasear sin prisa permite fijarse en portadas de piedra, viejas bodegas excavadas y algún palomar disperso, muy propios de los Páramos del Esgueva. Es un paseo corto: en poco rato habrás recorrido el pueblo de punta a punta.
Los alrededores naturales son, en realidad, el “paisaje” de trabajo de los vecinos: campos de cultivo, laderas de páramo y el valle del Esgueva a cierta distancia. Desde las zonas más altas, las vistas se abren a un mar de tierras de labor que en época de cosecha se tiñen de dorado. Aquí lo interesante es la amplitud y la sensación de espacio, no un punto concreto fotogénico.
Qué hacer
El senderismo en Castrillo-Tejeriego no va de grandes rutas señalizadas ni miradores con pasarelas. Son caminos rurales de toda la vida, los que usan agricultores y ganaderos para ir a las fincas. Sirven para caminar o ir en bici entre pueblos, encadenando pistas y carreteras locales. Conviene llevar mapa, GPS o al menos tener clara la ruta, porque la señalización es escasa y los paisajes se parecen mucho entre sí.
La observación de aves tiene bastante sentido en esta zona si ya vienes con el ojo hecho a los páramos. Se pueden ver especies esteparias como alondra, cogujada o alcaraván, además de rapaces que aprovechan estos terrenos abiertos. No hay hides montados ni recorridos guiados: es cuestión de pasear, llevar prismáticos y paciencia.
En cuanto a gastronomía, lo interesante no se queda solo en el pueblo, sino en toda la comarca: lechazo, embutidos, quesos de oveja, legumbres y huertas modestas pero bien trabajadas. Lo habitual es comer o alojarse en localidades mayores de los alrededores y moverse por la zona en coche.
La fotografía de paisajes funciona bien si sabes leer la luz de la meseta: atardeceres largos, inviernos con escarcha, tormentas de verano entrando desde lejos. No hay “postales” preparadas, pero sí escenas potentes si te gusta el paisaje agrícola.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Castrillo-Tejeriego gira, como en casi todo el entorno, alrededor de las celebraciones religiosas y del ciclo agrícola. Las fiestas patronales, en verano, reúnen a vecinos y gente que vuelve al pueblo esos días: misa, procesión, alguna verbena y comidas compartidas. Son fiestas de pueblo pequeño, pensadas sobre todo para la gente de aquí, no como reclamo turístico.
La Semana Santa se vive en clave sencilla, con procesiones cortas por las calles. También suele haber romerías y celebraciones vinculadas al campo, hoy con menos participación que hace décadas, como pasa en tantos pueblos de Castilla. [VERIFICAR]
Información práctica
Castrillo-Tejeriego se encuentra a unos 60 km al este de Valladolid. Se llega combinando una carretera nacional con vías comarcales, así que el último tramo es más lento y con tráfico local. El coche es prácticamente la única forma realista de llegar y moverse; el transporte público, si lo hay, suele ser muy limitado. [VERIFICAR]
Es un pueblo pequeño: no esperes muchos servicios, ni gasolinera, ni grandes tiendas. Para alojarse o tener más opciones de restauración, lo normal es buscar en pueblos cercanos algo mayores y usar Castrillo-Tejeriego como parada o base tranquila para recorrer el entorno.
Conviene llevar calzado cómodo para caminar por caminos de tierra, ropa de abrigo en invierno (el aire en la meseta corta de verdad) y prismáticos si te interesa la observación de aves. En verano, protección solar y agua: la sombra en pleno páramo se cuenta con los dedos.
Cuándo visitar Castrillo-Tejeriego
La mejor época depende de lo que quieras ver del paisaje:
- Primavera (mayo-junio): campos verdes, flores silvestres, temperaturas más llevaderas y días largos. Es cuando el páramo está menos “seco” a la vista.
- Verano: calor, días muy largos y actividad agrícola al máximo. Bueno si quieres coincidir con fiestas, pero las horas centrales se hacen duras para caminar.
- Otoño: tonos ocres y menos gente en carretera. Los atardeceres se agradecen, sobre todo si el día sale claro.
- Invierno: frío y viento, pero la meseta así tiene su interés. Si vienes entonces, es para pasear un rato corto y volver al calor.
Si llueve, los caminos pueden embarrarse bastante y el barro se pega bien a las botas, así que mejor plantear paseos cortos y por firme más seguro.
Lo que no te cuentan
Castrillo-Tejeriego se ve rápido. Es un pueblo pequeño, sin grandes atracciones. Lo razonable es dedicarle un paseo tranquilo y combinarlo con otros pueblos o rutas de la comarca.
Las fotos de campos dorados y cielos dramáticos son reales, pero dependen mucho de la época del año y de la luz del día. Si vienes a mediodía en pleno verano, el paisaje será mucho más plano y duro. Y un aviso práctico: la sensación de “todo se parece” es fuerte, así que no está de más llevar bien controlado el coche o el track si te aventuras por caminos largos.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo por el casco urbano, fijándote en las casas de adobe y piedra, bodegas y palomares.
- Acercarte a las afueras por algún camino agrícola para tener una panorámica del páramo.
- Parar un rato a observar el cielo y el paisaje, sin más pretensión.
Si tienes el día entero
- Combinar Castrillo-Tejeriego con otros pueblos de los Páramos del Esgueva.
- Hacer una ruta a pie o en bici enlazando varios municipios por caminos rurales.
- Dedicar las primeras o últimas horas del día a fotografía de paisaje y aves, dejando las horas centrales para comida y descanso.
Errores típicos
- Venir esperando un “pueblo monumental”: aquí el valor está en el paisaje abierto y la vida rural, no en grandes edificios.
- Subestimar el clima: en invierno el aire es muy frío y en verano el sol pega fuerte; venir sin abrigo o sin gorra y agua es mala idea.
- Confiarse con los caminos: muchas pistas se parecen y no siempre hay cobertura; mejor llevar la ruta pensada de antemano.