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sobre Castroverde de Cerrato
Pueblo situado en el valle del Esgueva con aire medieval; destaca por su arco de muralla y la iglesia neoclásica
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A 780 metros de altitud, en el corazón de los Páramos del Esgueva, Castroverde de Cerrato es uno de esos pueblos castellanos donde el paisaje manda: cereal, lomas suaves y un horizonte que parece no acabarse. Con apenas 195 habitantes, este pequeño municipio vallisoletano conserva la esencia de la Castilla de interior: arquitectura tradicional de adobe y piedra y un silencio que, si vienes de ciudad, al principio hasta desconcierta.
El nombre del pueblo evoca su pasado medieval, cuando estas tierras formaban parte del antiguo Cerrato, una comarca histórica que se extiende entre Palencia y Valladolid. Hoy, Castroverde tiene sentido para quien busca autenticidad rural sin artificios, paisajes de páramo que cambian con cada estación y la oportunidad de ver cómo se vive de verdad en un pueblo pequeño, con su ritmo y sus tiempos.
Visitar Castroverde es adentrarse en una geografía de amplias perspectivas, donde la meseta castellana muestra su carácter más genuino. Es un lugar tranquilo, sin grandes monumentos, donde lo interesante está más en el conjunto que en una lista larga de lugares marcados en el mapa.
¿Qué ver en Castroverde de Cerrato?
El patrimonio de Castroverde de Cerrato se concentra en su casco urbano, donde la iglesia parroquial es la referencia visual del pueblo y un buen punto de orientación. El templo conserva elementos de diferentes épocas, testimonio de las sucesivas reformas que han ido adaptando el edificio a las necesidades de cada tiempo. No es una catedral, pero encaja bien con el entorno rural y la escala del pueblo.
Pasear por sus calles permite descubrir la arquitectura popular de la zona: casas de adobe y tapial, construcciones de piedra y ladrillo que muestran las técnicas tradicionales de edificación en el páramo. Los portones de madera, las fachadas encaladas y las antiguas bodegas excavadas en la tierra son elementos característicos que merecen una mirada atenta, más si te interesa cómo se construía antes sin hormigón ni aislamientos modernos. También verás casas reformadas junto a otras medio caídas: forma parte de la foto real de muchos pueblos de la meseta hoy.
En el entorno de Castroverde predominan los paisajes de páramo, especialmente agradecidos en primavera, cuando los campos se tiñen de verde intenso, y en verano, durante la cosecha, cuando el dorado del cereal domina el horizonte. Las amplias vistas panorámicas desde el pueblo permiten contemplar la inmensidad de la meseta castellana, un espectáculo de luz que cambia mucho según la hora del día. Si te gusta simplemente mirar lejos y dejar pasar el tiempo, aquí se entiende bien lo de “Castilla, ancha y plana”.
Los alrededores del municipio conservan algunos palomares tradicionales, construcciones cilíndricas o cuadrangulares que formaban parte del paisaje agrícola histórico de la zona y que hoy son un pequeño recordatorio de otra forma de entender el campo. Muchos están medio en ruina, pero precisamente por eso ayudan a imaginar cómo fue la vida aquí hace unas cuantas décadas.
Qué hacer
Castroverde de Cerrato funciona bien como punto de partida de rutas de senderismo suave por los páramos del Esgueva. Más que senderos marcados de montaña, aquí hay caminos rurales y pistas agrícolas que comunican el pueblo con las localidades vecinas. Son terrenos fáciles pero muy expuestos, para caminar entre campos de cultivo y observar la fauna típica de estos ecosistemas cerealistas: aves rapaces, perdices, liebres y una rica comunidad de aves esteparias si vas con algo de paciencia y prismáticos.
La fotografía de paisaje tiene aquí material de sobra, siempre que te guste la estética de la meseta: horizontes limpios, cielos enormes y cambios de luz muy bruscos al amanecer y atardecer. No esperes bosques frondosos ni cascadas; lo interesante está en las líneas del terreno, las nubes y los colores de las distintas estaciones. Si vas en pleno mediodía de verano, el sol aplana bastante la escena, así que mejor ajustar horarios.
Para los interesados en el turismo etnográfico, recorrer el pueblo permite hacerte una idea de las formas de vida tradicionales del mundo rural castellano. Las conversaciones con los vecinos, cuando surge la ocasión, suelen ser más reveladoras que cualquier panel informativo: cómo se trabajaba el campo, cómo han cambiado las cosechas, qué bodega usaban, cómo eran los inviernos antes. Aquí no hay museos, pero sí memoria, siempre que vayas con respeto y sin prisas.
La gastronomía local se basa en los productos de la tierra: lechazo asado, legumbres del Cerrato, embutidos caseros y pan tradicional. Ten en cuenta que, siendo un pueblo pequeño, muchas veces tendrás que desplazarte a localidades cercanas para encontrar más variedad de bares y restaurantes, o ir con la compra hecha si tu idea es quedarte un rato.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Castroverde de Cerrato mantiene vivas las tradiciones de la comarca. Las fiestas patronales, que se celebran en verano [VERIFICAR FECHAS], concentran los actos más importantes del año, con celebraciones religiosas, comidas populares y actividades que reúnen a vecinos y a quienes vuelven al pueblo esos días.
A finales de enero, como en muchos pueblos castellanos, se mantiene la tradición de San Blas, con celebraciones que marcan el calendario del invierno rural. En primavera, las romerías y procesiones propias de la Semana Santa castellana añaden un punto de solemnidad al paisaje del páramo.
Al final del verano, coincidiendo con el cierre del ciclo agrícola, las celebraciones toman un carácter más de agradecimiento y reencuentro, muy ligado todavía al calendario del campo.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Valladolid capital, Castroverde de Cerrato se encuentra a unos 50 kilómetros por la A-62 en dirección Palencia, tomando después carreteras provinciales que conducen al pueblo. El acceso es sencillo, pero las carreteras comarcales tienen sus curvas y algún tramo estrecho, así que conviene no ir con prisas y llevar GPS o mapa actualizado para no equivocarse en ningún cruce.
Consejos básicos:
- No esperes infraestructuras turísticas desarrolladas: aquí no hay oficinas de turismo ni carteles por todas partes.
- Lleva calzado cómodo para caminar por caminos de tierra y ropa acorde a la estación: en verano pega fuerte el sol y en invierno el aire corta.
- Si piensas hacer rutas largas, lleva agua y algo de comida: no siempre tendrás un bar abierto a mano.
- El coche se aparca sin problema, pero mejor no bloquear accesos a fincas, naves ni bodegas: aunque lo veas “vacío”, alguien puede necesitar entrar con tractor.
Cuándo visitar Castroverde de Cerrato
La primavera (abril-mayo) es probablemente el momento más agradecido: campos verdes, flores discretas en los ribazos y temperaturas suaves. El otoño (septiembre-octubre) tiene ese tono dorado de rastrojos y tierras recién labradas, con un clima todavía llevadero.
En verano puede hacer calor intenso, típico de la meseta, con días largos que se llevan mejor si madrugas o aprovechas la tarde. El invierno muestra la versión más austera del páramo: días cortos, frío seco y a veces niebla, pero también una sensación de silencio y soledad que a quien le guste la Castilla más desnuda le suele enganchar. Si te asusta el frío o el viento, mejor evitar los días de temporal: aquí no hay muchos resguardos.
Si llueve o hace mal tiempo, el pueblo se recorre igual en poco tiempo, pero las rutas por caminos de tierra pueden volverse algo pesadas por el barro. No es drama, pero las botas se agradecen bastante más que las zapatillas blancas de ciudad.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el casco urbano, fijándote en las casas de adobe, los portones y las bodegas.
- Vuelta hasta las afueras para asomarte al páramo y ver la amplitud del paisaje. Con eso ya te llevas una idea bastante clara del lugar.
Si tienes el día entero
- Mañana de paseo por el pueblo y algún camino cercano.
- Comida en la zona (en el propio pueblo o en el entorno, según lo que encuentres abierto).
- Tarde de ruta corta por pistas agrícolas, enlazando con algún pueblo vecino y volviendo con la luz baja del atardecer, que es cuando la meseta se ve mejor.
Lo que no te cuentan
Castroverde de Cerrato es pequeño y se ve rápido. El casco urbano se recorre con calma en una o dos horas; no es un sitio para llenar varios días por sí solo, sino más bien una parada dentro de una ruta por los pueblos del Cerrato o un punto tranquilo donde desconectar una jornada y poco más.
Las fotos de campos verdes que puedas ver en primavera no representan todo el año: en verano domina el amarillo y el rastrojo, en invierno los tonos apagados. Si vienes buscando “postales” constantes, te puede decepcionar; si vienes con ganas de entender cómo es realmente la vida en un pueblo de páramo, funciona mucho mejor.
Y algo importante: aquí la actividad va ligada al campo. Fuera de fiestas o fines de semana, es normal encontrar pocas personas por la calle y muchos servicios cerrados. No es que “no haya nada”, es que el ritmo es otro. Si te lo tomas así, se disfruta bastante más.