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sobre Castroverde de Cerrato
Pueblo situado en el valle del Esgueva con aire medieval; destaca por su arco de muralla y la iglesia neoclásica
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Hay pueblos que aparecen de golpe al salir de una curva. Castroverde de Cerrato es más bien lo contrario. Vas conduciendo por el páramo, kilómetros de campos casi planos, y de repente ves unas cuantas casas agrupadas en lo alto. Nada teatral. Más bien esa sensación de “ah, claro, aquí vive gente”.
Castroverde de Cerrato, en los Páramos del Esgueva, es un pueblo pequeño incluso para los estándares de esta parte de Castilla y León. Ronda los doscientos habitantes. Lo que encuentras aquí se parece bastante a lo que ha sido la vida agrícola de la zona durante décadas: calles sencillas, casas de adobe o ladrillo y un silencio que solo rompen los tractores cuando toca faena.
No hay grandes monumentos ni reclamos. Y, curiosamente, eso juega a su favor. El pueblo se entiende mejor si lo miras como una pieza más del paisaje del Cerrato.
El pueblo desde lo alto
La iglesia parroquial está en una de las partes más visibles del casco urbano. Desde allí se entiende bien dónde estás. El terreno se abre en todas direcciones y el horizonte queda limpio, sin montes que lo tapen.
Ese paisaje horizontal es muy del Cerrato. Campos de cereal que cambian de color según el mes. En primavera el verde domina y aparecen manchas rojas de amapolas. En verano todo se vuelve dorado y el viento mueve el trigo como si fuera agua.
No es un mirador preparado ni nada parecido. Es simplemente uno de esos puntos donde te paras un momento y miras alrededor.
Calles que todavía cuentan cómo se construía aquí
Al caminar por el centro salen a la vista muchas casas de tapial o adobe. Algunas están restauradas. Otras siguen tal cual, con portones de madera grandes y muros gruesos pensados para aguantar frío y calor.
Son viviendas hechas con materiales del entorno. Tierra, ladrillo, madera. Nada raro para la zona, pero cada vez quedan menos ejemplos en buen estado.
Si te fijas, muchas fachadas son bastante sobrias. Aquí la arquitectura siempre fue práctica. Primero protegerse del clima y luego, si acaso, pensar en lo demás.
Los palomares del Cerrato
En los alrededores aparecen varios palomares. Algunos están enteros. Otros se caen poco a poco.
Son construcciones muy ligadas al paisaje del Cerrato. Por fuera parecen torres bajas o recintos cerrados de forma cuadrada o circular. Dentro había huecos para que anidaran las palomas.
Durante mucho tiempo formaron parte del ciclo agrícola. Aportaban carne y también abono para los campos. Hoy muchos están abandonados, pero siguen siendo una de esas imágenes que explican bien cómo funcionaba el campo hace unas décadas.
Caminos entre cereal
Salir andando del pueblo es fácil. Enseguida aparecen pistas agrícolas que conectan con otros núcleos de la zona.
No esperes senderos señalizados como en un parque natural. Son caminos de trabajo. Los usan agricultores y, de vez en cuando, alguien que sale a caminar.
A cambio tienes espacio y silencio. Perdices que salen disparadas al borde del camino. Alguna rapaz planeando. Y, con suerte, aves esteparias si miras con calma.
Conversaciones de plaza
En pueblos de este tamaño la vida social sigue concentrándose en pocos sitios: la plaza, alguna sombra en verano, la puerta de casa cuando cae la tarde.
La población ha bajado mucho con los años, como en tantos pueblos del interior. Aun así, todavía quedan vecinos que recuerdan bien cómo se trabajaba antes: trillar con animales, guardar grano para todo el año o preparar conservas para pasar el invierno.
Esas conversaciones, si tienes la suerte de escucharlas, cuentan más del pueblo que cualquier panel informativo.
Un lugar para entender el Cerrato
Castroverde de Cerrato no es un destino al que se llegue buscando atracciones concretas. Es más bien una parada para entender el paisaje y la forma de vida de esta comarca.
Vienes, paseas un rato, miras el horizonte y sigues camino. Y cuando te alejas por la misma carretera por la que llegaste, el pueblo vuelve a quedar detrás, pequeño en medio del páramo. Como ha estado siempre.