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sobre Encinas de Esgueva
Localidad con un imponente castillo señorial; situada en el valle del Esgueva con un embalse cercano
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En el corazón de los Páramos del Esgueva, a unos 820 metros de altitud, se encuentra Encinas de Esgueva, una pequeña localidad vallisoletana que mantiene bastante intacta la Castilla rural de siempre. Con apenas algo más de 200 habitantes, es uno de esos sitios donde el ritmo lo marcan los campos de cereal, las estaciones y el calendario agrícola, no el reloj.
El paisaje de páramo que rodea Encinas de Esgueva ofrece esas panorámicas infinitas tan características de la meseta castellana: horizontes amplios, cielos limpios que en verano parecen mezclarse con las espigas, y una luz dura en invierno y muy agradecida en primavera y otoño. Es territorio de viento, de sol y de cambios bruscos de temperatura entre el día y la noche. Si vienes de ciudad, la sensación de espacio abierto y de silencio sorprende más de lo que parece cuando lo lees en un papel.
La arquitectura tradicional en tierra y piedra, las casas de adobe y ladrillo, las bodegas excavadas en el subsuelo y los palomares que salpican el término municipal hablan de un modo de vida ligado a la tierra durante siglos. Aquí no hay grandes monumentos ni plazas solemnes: lo que se viene a ver es la Castilla de trabajo agrícola, seca en agosto y verde en primavera, con sus rutinas, sus madrugones y sus inviernos largos.
¿Qué ver en Encinas de Esgueva?
El núcleo urbano de Encinas de Esgueva conserva la estructura típica de los pueblos de páramo, con sus calles trazadas de forma orgánica y construcciones tradicionales adaptadas al clima continental extremo. El principal edificio religioso del pueblo es la iglesia parroquial, que, como en tantos pueblos castellanos, sigue siendo un punto de referencia para la vida comunitaria más que una pieza de museo.
Uno de los elementos más característicos del patrimonio tradicional son las bodegas subterráneas, excavadas en el sustrato calcáreo del páramo. Estas construcciones, presentes en muchos pueblos de la zona, servían para la elaboración y conservación del vino, aprovechando la temperatura constante del subsuelo. Algunas de estas bodegas aún se conservan y forman parte del paisaje cultural de la comarca; en muchos casos no están visitables como un museo, sino que siguen siendo espacios privados o se mantienen medio en desuso. Conviene preguntar en el pueblo antes de dar por hecho que se pueden ver por dentro.
Los palomares son otra seña de identidad del territorio. Estas construcciones cilíndricas o cuadrangulares, muchas de ellas en estado de conservación variable, jalonan los campos circundantes y constituyen un elemento arquitectónico singular de la región del Esgueva. Su función era doble: producción de carne y obtención de palomina, un fertilizante natural muy apreciado cuando no había abonos químicos. Algunos están medio derruidos; forman parte del paisaje real, no de una postal arreglada.
El entorno natural merece especial atención. Los páramos castellanos que rodean la localidad forman un ecosistema estepario con especies de flora y fauna muy adaptadas a las condiciones extremas: veranos secos, inviernos fríos, poca sombra y mucho cielo. Es territorio de aves esteparias y rapaces, lo que convierte la zona en un lugar interesante para quien ya tenga afición a la observación ornitológica y sepa qué busca. Si no es tu caso, al menos te llevarás la imagen de mil tonos de cereal y barbechos bajo un cielo enorme.
Qué hacer
El senderismo y las rutas a pie o en bicicleta son las actividades más lógicas en Encinas de Esgueva. Los caminos rurales que conectan con otras localidades de la comarca permiten recorrer el paisaje agrario tradicional, ver cómo cambian los cultivos según la época del año y asomarse a los páramos, donde las vistas se abren de golpe. No hay una red de senderos señalizados al estilo de zonas de montaña: aquí se camina por pistas agrícolas, así que conviene llevar mapa o GPS y algo de sentido de la orientación, y tener en cuenta que en verano casi no hay sombra.
La gastronomía local es la de la Castilla interior: cordero asado, lechazo, morcilla, productos de la matanza, guisos de cuchara cuando hace frío. Los quesos de oveja de la zona y los vinos de la Denominación de Origen Cigales, cuyos viñedos se encuentran relativamente cerca, son un buen complemento para cerrar el día después de caminar o pedalear. No esperes una oferta muy amplia dentro del propio pueblo: muchas veces hay que completar la jornada comiendo en municipios cercanos.
La fotografía de paisaje tiene terreno de sobra: amaneceres fríos con nieblas bajas en otoño, cielos rojizos al atardecer en verano, campos verdes en primavera y tonos ocres y grises en invierno. Es un lugar agradecido si te gusta fotografiar horizontes abiertos y cielos, menos si buscas cascadas, bosques cerrados o montañas.
Para los aficionados a la enología, la proximidad a la comarca vitivinícola de Cigales permite combinar la visita al pueblo con paradas en bodegas de la zona [VERIFICAR visitas], más preparadas para turismo que las pequeñas bodegas tradicionales del casco urbano.
Fiestas y tradiciones
Como en muchos pueblos castellanos, el calendario festivo de Encinas de Esgueva está marcado por celebraciones ligadas al ciclo agrícola y religioso. Las fiestas patronales suelen celebrarse en verano, entre julio y agosto, momento en que regresan muchos hijos del pueblo y el ambiente cambia por completo respecto al resto del año: más ruido, más peñas, más actividad en la calle.
En la comarca del Esgueva tiene peso la fiesta de la vendimia, ya en septiembre, que marca el final del verano y el inicio de la temporada de elaboración del vino. Según el año, puede vivirse más en unos pueblos que en otros, y conviene informarse antes de ir para no generar expectativas que luego no se ajusten a la realidad.
Las celebraciones de Semana Santa mantienen el tono sobrio propio de Castilla: procesiones pequeñas, rituales muy arraigados y poca parafernalia turística. En Navidad, como en todas partes, las casas se llenan de familia, pero no hay un programa pensado para visitantes. Son fechas más para estar “de dentro” que para venir “de fuera”.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Valladolid capital, Encinas de Esgueva está aproximadamente a una hora en coche, dependiendo de la ruta elegida y del estado del tráfico. No hay autovía directa hasta el pueblo, así que el tramo final se hace por carreteras comarcales. Conviene revisar el mapa antes de salir y no confiar en exceso en el navegador del coche, porque puede llevarte por carreteras secundarias algo más lentas o con firme peor.
Cuándo visitar Encinas de Esgueva
- Primavera (abril-junio): probablemente el momento más agradecido para ver el paisaje, con los campos verdes y temperaturas moderadas. Ideal si quieres caminar sin pasar calor.
- Verano: calor fuerte a mediodía, pero amaneceres y noches mucho más frescos que en la ciudad. Buen momento para caminar temprano y dejar las horas centrales para comer y descansar a la sombra. Conviene llevar gorra y agua de sobra.
- Otoño (septiembre-octubre): colores más apagados pero muy fotogénicos, días generalmente tranquilos y menos contraste térmico que en invierno. Buen momento si te interesa la vendimia en la comarca.
- Invierno: frío y a veces viento duro. El páramo con heladas tiene su interés, pero hay que venir abrigado y sin prisas; muchas veces apetece más el paseo corto y la sobremesa larga.
Consejos:
- Lleva calzado cómodo para caminar, prismáticos si te gusta la observación de aves y abrigo incluso en verano para las noches.
- La oferta de servicios en el propio pueblo es limitada, así que conviene planificar alojamiento y comidas en localidades cercanas de la comarca o en Valladolid capital.
- Si vas a moverte por pistas agrícolas, respeta los caminos, no bloquees accesos a fincas y evita entrar con el coche por senderos embarrados tras lluvias fuertes.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Da un paseo tranquilo por el casco urbano, acércate a la iglesia parroquial y a la zona de bodegas tradicionales si está cercana, y asómate a alguno de los caminos que salen hacia los campos para tener una vista rápida del páramo. En poco rato te haces una idea bastante clara de lo que es Encinas de Esgueva.
Si tienes el día entero
Puedes combinar el paseo por el pueblo con una ruta a pie o en bici por pistas agrícolas, enlazando con algún municipio cercano y regresando por otro camino para variar el paisaje. Deja parte del día para comer con calma en algún pueblo de la comarca y, si te interesa el vino, acerca la tarde a la zona de Cigales [VERIFICAR tiempos y visitas].
Lo que no te cuentan
Encinas de Esgueva es un pueblo pequeño que se recorre a pie en poco rato. El interés está más en el conjunto (paisaje, arquitectura popular dispersa, sensación de espacio y de silencio) que en un listado largo de “cosas que ver”. Si lo que buscas son museos, rutas señalizadas o una agenda cultural intensa, aquí no la vas a encontrar.
Las fotos de los atardeceres o de los campos verdes de primavera pueden hacer pensar en un lugar muy vistoso todo el año. La realidad es que en pleno agosto, con el cereal ya segado y el sol pegando fuerte, el paisaje se vuelve duro y muy seco. Forma parte de la personalidad del lugar, y conviene saberlo antes de venir para ajustar bien las expectativas.