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sobre Villaco
Pueblo situado en el valle del Esgueva; destaca por su iglesia y la ermita en un entorno natural
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En el corazón de los Páramos del Esgueva, donde la meseta castellana dibuja un paisaje de horizontes infinitos y cielos despejados, se encuentra Villaco, una pequeña aldea vallisoletana que resiste al paso del tiempo. Con apenas 72 habitantes, este enclave situado a 792 metros de altitud conserva el ritmo pausado de sus días y esa manera de vivir de pueblo pequeño en la que casi todo pasa en la calle y en la plaza.
Villaco tiene sentido para quienes buscan desconectar del bullicio urbano y sumergirse en la tranquilidad de los campos de cereal que ondean con el viento. Aquí, el silencio solo se interrumpe por el canto de las alondras, el sonido lejano de un tractor y el murmullo de las conversaciones en la plaza del pueblo. Es un lugar que invita a la contemplación, al paseo sin prisas y a encontrarse con esa Castilla más discreta, que no sale en los folletos pero sigue muy viva.
La belleza de esta aldea reside sobre todo en su sencillez: casas de adobe y piedra, calles tranquilas donde el tiempo parece haberse detenido y una arquitectura popular que habla de siglos de adaptación al clima castellano. Villaco es un pequeño viaje al pasado, pero también una oportunidad para redescubrir el valor de lo esencial. Conviene ir con esa idea: más de respirar paisaje y calma que de ir tachando monumentos.
Qué ver en Villaco
El principal atractivo de Villaco es su iglesia parroquial, testimonio del patrimonio religioso que caracteriza estos pueblos castellanos. Como en muchas localidades de la comarca de Páramos del Esgueva, el templo marca la silueta del pueblo y ha sido durante generaciones el punto de encuentro en fiestas, celebraciones y duelos. Por dentro no es una gran joya de manual de arte, pero sí ayuda a entender la historia y la escala del lugar.
Un paseo corto por las calles de Villaco permite apreciar la arquitectura popular de la zona, con construcciones de adobe y tapial que han resistido el paso de los años. Las casas tradicionales, muchas de ellas con corrales y bodegas subterráneas, muestran cómo era la vida rural en estas tierras antes de que llegaran los coches y el asfalto. Las bodegas excavadas en el páramo, características de esta comarca, formaban parte fundamental de la economía local vinculada al cultivo de la vid, aunque hoy muchas se usan más como merenderos familiares que como instalaciones de trabajo.
El entorno natural de Villaco abre amplias panorámicas sobre los páramos circundantes. Desde la aldea se contemplan extensos campos de cultivo que cambian de color según la estación: dorados en verano durante la siega, verdes tras las lluvias otoñales y ocres en invierno. Esta paleta cromática de la meseta castellana es un espectáculo sutil, de esos que se disfrutan mejor sin prisa, simplemente mirando.
Los alrededores de Villaco invitan a caminar por caminos agrícolas que discurren entre los campos, donde es posible observar aves esteparias típicas de estos ecosistemas cerealistas. El paisaje es llano, salpicado ocasionalmente por pequeñas elevaciones, y permite disfrutar de atardeceres muy abiertos, con cielos que se tiñen de tonos rojizos y naranjas cuando el día se apaga.
Qué hacer
Villaco es un punto de partida tranquilo para practicar senderismo suave y cicloturismo por los Páramos del Esgueva. Los caminos agrícolas que conectan la aldea con otras localidades vecinas se pueden recorrer a pie o en bicicleta, sin grandes cuestas pero también sin sombras, así que conviene evitar las horas centrales del día en verano. A ritmo calmado, en una mañana se pueden encadenar varios pueblos.
La observación de aves es otra actividad interesante en la zona. Los campos de cultivo y los páramos circundantes albergan especies como la alondra, la calandria o el aguilucho cenizo durante la época de cría. Los aficionados a la ornitología encontrarán en estos paisajes abiertos un lugar discreto pero muy agradecido para la observación, siempre que se tenga paciencia y se respeten los cultivos.
La gastronomía de la zona se basa en los productos de la tierra: lechazo asado, morcilla de Valladolid, quesos de oveja y los vinos de las denominaciones de origen cercanas. Aunque Villaco es una aldea pequeña sin establecimientos hosteleros, las localidades próximas de la comarca cuentan con bares y restaurantes donde degustar la cocina tradicional castellana. Hay que tener en cuenta que los horarios suelen ser muy de pueblo (comidas más bien tarde, cenas bajo reserva en algunos sitios), así que conviene organizarse y no dejar la búsqueda de mesa para última hora.
Para los interesados en el turismo cultural, desde Villaco se pueden realizar excursiones a otros pueblos de los Páramos del Esgueva, descubriendo sus iglesias románicas y góticas, así como su patrimonio etnográfico relacionado con la agricultura y la ganadería. Villaco funciona bien como parada dentro de una vuelta más amplia por la comarca, más que como única meta del viaje.
Fiestas y tradiciones
Como muchas pequeñas localidades castellanas, Villaco celebra sus fiestas patronales durante el periodo estival, generalmente en agosto, cuando los vecinos que marcharon a la ciudad regresan al pueblo. Estas celebraciones mantienen vivas las tradiciones con verbenas, comidas populares y actos religiosos que refuerzan los lazos comunitarios.
La festividad del patrón del pueblo constituye el momento más importante del calendario festivo, congregando a vecinos y visitantes en torno a la iglesia y la plaza. Son buenos momentos para ver el pueblo con más vida de lo habitual, aunque la tranquilidad de siempre se transforma esos días en un ambiente mucho más ruidoso y animado. Si lo que se busca es silencio total, mejor elegir otras fechas.
Cuándo visitar Villaco
La mejor época para visitar Villaco es durante la primavera (mayo-junio) y el inicio del otoño (septiembre-octubre), cuando las temperaturas son más suaves y el campo está más agradecido para caminar. El verano puede ser caluroso, propio del clima continental, con muchas horas de sol y poca sombra; si vas en esa época, madrugar o salir a última hora de la tarde marca la diferencia. El invierno resulta frío y ventoso, aunque a quien le guste la meseta desnuda y los cielos limpios le puede cuadrar.
Si llueve o hace mal tiempo, el pueblo se recorre en poco rato y la parte más interesante, que es caminar por los alrededores, pierde interés, así que mejor encajarlo dentro de un recorrido más amplio por la comarca y adaptar el plan según el cielo.
Lo que no te cuentan
Villaco es pequeño y se ve rápido. El caserío se recorre en menos de una hora, incluso con calma, y no hay una lista larga de cosas que ver. El valor del lugar está más en el ambiente, el paisaje abierto y esa sensación de pueblo tranquilo donde pasan pocos coches.
Las fotos de los atardeceres, los campos dorados o la nieve son reales, pero engañan un poco si uno espera un destino con mucha infraestructura turística. No la hay: no hay bares ni tiendas, no hay oficina de turismo ni carteles por todas partes. Conviene llegar ya con la idea de qué tipo de día se busca y, si hace falta comer o repostar, haberlo resuelto antes en otro pueblo.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Da una vuelta por el casco, acércate a la iglesia, baja por alguna de las calles que se asoman al campo y remata con un pequeño paseo por los caminos agrícolas más cercanos al pueblo. A ritmo tranquilo, en ese tiempo te haces una idea bastante fiel de lo que es Villaco.
Si tienes el día entero
Lo más lógico es combinar Villaco con otros pueblos de los Páramos del Esgueva. Llegar por la mañana, caminar un par de horas entre campos enlazando dos o tres núcleos, comer en alguna localidad mayor y volver hacia última hora de la tarde para ver el cambio de luz sobre el páramo. Es un tipo de jornada pausada, más de caminar y mirar que de entrar en sitios.
Errores típicos
- Esperar demasiadas cosas que ver: Villaco no es un pueblo monumental ni tiene una larga lista de atracciones. Si se llega con ganas de “programa completo”, puede decepcionar; si se llega sabiendo que es paisaje, calma y poco más, funciona mejor.
- Subestimar el sol y el viento: la meseta engaña; al ser llano parece fácil, pero en verano el sol cae a plomo y en invierno el viento corta. Lleva agua, algo de abrigo según la época y gorra si caminas por los caminos agrícolas.