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sobre Villafuerte
Destaca por su impresionante castillo medieval visitable; situado en el valle del Esgueva
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En lo alto de los Páramos del Esgueva, a unos 828 metros de altitud, Villafuerte es uno de esos pueblos pequeños que salpican la geografía vallisoletana y que todavía viven a su ritmo. Con apenas 80 habitantes, esta aldea castellana conserva la esencia de la vida rural sin artificios, donde el silencio lo marcan las voces de los vecinos, el canto de las aves y el viento entre los campos de cereal que se estiran hasta donde llega la vista.
El paisaje que rodea Villafuerte es de una belleza austera y honesta, típica de los páramos castellanos. Las extensas llanuras cerealistas se alternan con pequeñas manchas de monte bajo, mientras que el horizonte parece infinito bajo un cielo que aquí se siente especialmente amplio. Esta altitud favorece unas puestas de sol muy agradecidas, cuando el cielo se tiñe de naranjas y púrpuras sobre la inmensidad dorada del cereal.
Venir a Villafuerte es asomarse a una Castilla casi inmóvil, donde el ritmo pausado de la vida rural anima a soltar prisas. Aquí no hay colas ni rutas programadas: hay paseos tranquilos, bancos a la sombra y conversaciones con los vecinos que mantienen vivas las tradiciones de sus antepasados.
Qué ver en Villafuerte
El corazón del pueblo lo marca su iglesia parroquial, un edificio que guarda siglos de historia entre sus muros de piedra. Como es habitual en estas tierras, la arquitectura religiosa es el principal vestigio patrimonial, testimonio de la importancia que estos pequeños núcleos tuvieron en épocas pasadas. Conviene comprobar los horarios con antelación o preguntar en el pueblo, porque no siempre está abierta al público.
El urbanismo de Villafuerte responde al modelo típico de las aldeas de los páramos: casas de piedra y adobe, corredores de madera, portones que dan acceso a antiguos corrales. Pasear por sus calles es como hojear un pequeño cuaderno de arquitectura popular castellana, donde cada rincón cuenta una historia de adaptación al clima duro de la meseta. Se recorre entero en menos de una hora a un paso tranquilo, así que aquí el plan es ir despacio, no a tachar cosas de una lista.
Los campos de cultivo que rodean la localidad son, en sí mismos, un espectáculo que cambia con las estaciones. En primavera, el verde tierno del cereal recién brotado contrasta con la tierra rojiza; en verano, el dorado de las mieses maduras se extiende como un mar ondulante; y en otoño e invierno, la tierra labrada muestra sus tonos ocres bajo cielos más dramáticos. No es un paisaje “de postal” al uso, pero engancha si te gusta la sobriedad de la Castilla llana.
Desde varios puntos del municipio se obtienen vistas panorámicas amplias sobre la comarca de Páramos del Esgueva, con otros pequeños pueblos asomando como islotes en el océano cerealista. Basta alejarse unos minutos del casco urbano por cualquier camino agrícola para tener esa sensación de horizonte abierto.
Qué hacer
La actividad más natural en Villafuerte y su entorno es el paseo tranquilo por caminos y senderos. Los caminos agrícolas y las antiguas vías pecuarias que cruzan el término municipal permiten caminatas sin complicaciones, donde el silencio y la inmensidad del paisaje mandan. La ausencia de grandes desniveles hace que estas rutas sean llevaderas, aunque conviene tener en cuenta que en verano apenas hay sombras: madrugar o esperar a última hora de la tarde se agradece.
La observación de aves esteparias es otra posibilidad interesante en esta zona. Los páramos castellanos albergan especies adaptadas a estos ecosistemas abiertos y, con unos prismáticos y algo de paciencia, es posible avistar ejemplares llamativos, especialmente en pasos migratorios. No hay infraestructuras específicas, así que toca moverse con respeto por los caminos y sin salirse a los cultivos.
La fotografía de paisaje encaja bien aquí: las luces del amanecer y el atardecer sobre los campos, las nubes proyectando sombras sobre las llanuras o las tormentas que se ven llegar desde kilómetros de distancia son escenas muy fotogénicas. Eso sí, hay que venir sabiendo que el “tema” es el propio páramo: formas sencillas, horizontes largos y poco artificio.
En cuanto a la gastronomía, el propio pueblo es muy pequeño y no esperes demasiados servicios. La zona de los Páramos mantiene, eso sí, la cocina castellana de siempre: lechazo asado, sopas de ajo, legumbres de la tierra y embutidos artesanales. Lo más práctico es informarse antes de venir sobre dónde comer en los alrededores o traer algo resuelto si tu visita es corta.
Fiestas y tradiciones
Como muchas localidades rurales, Villafuerte celebra sus fiestas patronales durante el verano, generalmente en agosto, cuando buena parte de quienes se fueron a vivir fuera regresan al pueblo. Son celebraciones sencillas, pero muy vividas por quienes están: misa, procesión, algún acto popular y mucho reencuentro en la plaza.
El calendario festivo de la comarca también incluye celebraciones vinculadas al ciclo agrícola, aunque cada vez más desdibujadas. La bendición de los campos o las festividades relacionadas con la cosecha forman parte de la memoria colectiva de estas tierras y sobreviven, en muchos casos, más en el recuerdo y en pequeñas costumbres que en grandes actos organizados.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Valladolid capital, Villafuerte se encuentra a unos 40 kilómetros por carretera. Lo habitual es tomar la A-62 dirección Palencia y después continuar por carreteras comarcales que atraviesan los páramos. El trayecto dura alrededor de 45 minutos y ya sirve para hacerse una idea del paisaje de la zona. Conviene venir con depósito de combustible razonable, porque no abundan las gasolineras en los pueblos pequeños.
Cuándo visitar Villafuerte
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los momentos más agradables: campos verdes, temperaturas suaves y luz limpia. En verano, el calor aprieta en las horas centrales y apenas hay sombras; la ventaja es que las noches refrescan y los atardeceres son largos. El invierno es riguroso, con heladas frecuentes y días cortos, pero muestra esa Castilla seca y fría que muchos quieren conocer tal cual es, sin adornos.
Si llueve o sopla fuerte el viento, el paseo por el páramo se hace más duro y el plan pasa más por una visita breve al pueblo y a la iglesia, si está abierta, que por grandes caminatas.
Lo que no te cuentan
Villafuerte es un pueblo muy pequeño: se recorre sin prisa en poco rato y no está pensado como destino de varios días por sí solo. Funciona mejor como parada tranquila dentro de una ruta por los Páramos del Esgueva que como viaje único.
Las fotos de puestas de sol y campos dorados pueden llevarte a imaginar un lugar muy “escénico”; la realidad es más sobria y serena. Si te atrae el silencio, el horizonte abierto y la vida rural sin adornos, encajarás bien. Si buscas muchas visitas organizadas, museos o bares a cada paso, aquí te vas a quedar corto.
Errores típicos
- Esperar muchos servicios: con 80 habitantes, no hay supermercados grandes, apenas hay bares y los horarios pueden ser muy limitados. Mejor venir con lo básico resuelto.
- Subestimar el clima: en verano el sol cae a plomo y en invierno el frío y el viento se hacen notar. Un paseo corto puede hacerse largo si vienes sin ropa adecuada, gorra o agua.
- Pensar que da para un día entero por sí solo: el casco se ve rápido. Lo razonable es combinarlo con otros pueblos de los Páramos del Esgueva o con alguna ruta por los alrededores.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Paseo tranquilo por el pueblo, vuelta alrededor de la iglesia y alguna calle secundaria para ver la arquitectura popular. Si el tiempo acompaña, salir 10–15 minutos por un camino agrícola para sentir el páramo y asomarse al horizonte.
Si tienes el día entero
Villafuerte puede ser una parada dentro de una jornada más larga por la comarca: acercarse a otros pueblos de los Páramos del Esgueva, enlazar varios paseos cortos por caminos agrícolas y terminar el día buscando la luz del atardecer en alguno de los altos de la zona. Aquí el tiempo se estira, pero las distancias entre pueblos ayudan a completar el día.