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sobre Pino del Río
Situado junto al río Carrión; destaca por su entorno de ribera y la proximidad a la montaña; ideal para la pesca.
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En las estribaciones de la Montaña Palentina, donde los valles se abren paso entre parameras y las temperaturas todavía recuerdan que estamos en la antesala del norte montañoso, se encuentra Pino del Río. Esta pequeña aldea de unos 160 habitantes se asienta a casi 1.000 metros de altitud, en un entorno donde el paisaje transicional entre la meseta y la montaña tiene su gracia si te gusta el campo de verdad, sin grandes decorados ni artificios. Aquí el tiempo va al ritmo de las estaciones y de la vida rural que queda, que ya no es mucha pero sigue estando.
Pino del Río forma parte de la comarca de Páramos-Valles, una de esas denominaciones geográficas que ya nos hablan de su esencia: espacios abiertos, horizontes amplios y valles que cortan el territorio como venas de vida. El municipio se extiende por un territorio donde los campos de cultivo conviven con masas arboladas y praderas que reverdecen con cada primavera. Es un lugar tranquilo para quien busca desconexión sencilla, naturaleza cercana y entender cómo funciona un pueblo pequeño de la montaña palentina, sin esperar grandes cosas.
El atractivo de Pino del Río reside precisamente en su autenticidad. No encontrarás aquí grandes monumentos turísticos ni servicios sofisticados, pero sí un caserío que conserva en buena parte su arquitectura tradicional de piedra y madera, calles tranquilas donde pasear sin prisas y ese silencio que solo se disfruta lejos de las ciudades. Es territorio muy agradecido para caminar, hacer algo de senderismo suave y ver cómo se vive en un núcleo rural pequeño, siempre que vengas con las expectativas ajustadas.
¿Qué ver en Pino del Río?
El principal atractivo de Pino del Río es su conjunto urbano tradicional, donde las casas de arquitectura montañesa hablan de siglos de adaptación al clima riguroso. Los muros de piedra, los tejados de teja árabe y los pequeños detalles constructivos muestran la sabiduría popular en la construcción. Pasear por sus pocas calles es un ejercicio de observación de esa arquitectura vernácula que define la identidad de los pueblos de montaña de esta zona. Se ve rápido: en menos de una hora habrás recorrido prácticamente todo.
La iglesia parroquial, aunque modesta, merece una visita breve para apreciar su estructura tradicional y algunos elementos de interés religioso que se conservan en su interior. Como ocurre en muchos pueblos de la zona, el templo ha sido el centro neurálgico de la vida comunitaria durante generaciones. Conviene tener en cuenta que suele estar cerrada fuera de misa; si te interesa verla por dentro, pregunta en el pueblo.
Pero el verdadero tesoro de Pino del Río es su entorno natural cercano. Los alrededores del municipio muestran bien ese paisaje de transición entre la montaña y el páramo, con zonas boscosas de roble y encina alternando con prados y campos de cultivo. Desde varios puntos del término municipal se obtienen vistas panorámicas amplias sobre los valles circundantes y, en días claros, hacia las cumbres más elevadas de la Montaña Palentina.
Los amantes de la observación de fauna encuentran aquí un territorio propicio para avistar aves rapaces, corzos y otras especies características de estos ecosistemas de media montaña. Las primeras y últimas horas del día son especialmente propicias para el avistamiento, siempre con paciencia, sin hacer ruido y sin meterse en fincas privadas.
Qué hacer
El senderismo es la actividad principal en Pino del Río y su entorno. Diversas pistas y caminos rurales, muchos de uso ganadero o agrícola, permiten descubrir el territorio a pie, atravesando bosquetes, cruzando arroyos y ascendiendo a pequeños altozanos desde donde contemplar la amplitud del paisaje. No esperes rutas señalizadas como en un gran parque natural: aquí toca tirar un poco de mapa (o GPS), sentido común y preguntar en el pueblo.
Las rutas pueden adaptarse a diferentes niveles de dificultad, desde paseos suaves por el fondo del valle hasta caminatas algo más exigentes hacia las zonas más elevadas. En invierno y tras lluvias fuertes, algunos tramos se embarran bastante, así que conviene valorarlo y llevar calzado decente, no unas zapatillas cualquiera.
La micología tiene también su espacio en estos montes. En otoño, los bosques de los alrededores se convierten en territorio de recolectores de setas, siempre con el conocimiento adecuado y respetando la normativa local. Las especies características de estas altitudes hacen las delicias de los aficionados, pero si no las conoces bien, mejor limitarse a fotografiarlas y preguntar antes de coger nada.
Para los interesados en la fotografía de naturaleza y paisaje, Pino del Río funciona bien: amaneceres con niebla en los valles, atardeceres dorados sobre el páramo, las primeras nevadas del invierno o la explosión de verde en primavera dan juego sin tener que ir muy lejos del pueblo. Eso sí, aquí no hay miradores “de postal” preparados; tendrás que buscar tus encuadres.
La gastronomía de la zona es contundente y honesta, basada en productos de la tierra: carne de oveja, embutidos tradicionales, legumbres y, según la época, quesos de pequeñas queserías de la comarca. Aunque en el propio Pino del Río la oferta es muy limitada o directamente inexistente, los pueblos cercanos mantienen la tradición culinaria palentina, así que conviene organizarse las comidas con antelación y no confiar en “ya veremos”.
Fiestas y tradiciones
Como en buena parte de la España rural, el calendario festivo marca el pulso del año en Pino del Río. Las fiestas patronales se celebran durante el verano, momento en el que muchos emigrantes regresan al pueblo y la aldea recupera temporalmente parte de la vida que tuvo. Son días de convivencia, comidas populares y tradiciones que se mantienen gracias al esfuerzo de los vecinos, pensadas más para la gente del lugar que para el turismo.
La Navidad y otras festividades religiosas también se celebran con la sencillez de los pueblos pequeños, donde cada celebración es un acto de comunidad y arraigo más que un evento organizado para el visitante.
Información práctica
Para llegar a Pino del Río desde Palencia capital hay que recorrer aproximadamente 100 kilómetros hacia el norte, siguiendo la N-611 en dirección a Santander y desviándose posteriormente por carreteras comarcales. El viaje lleva alrededor de hora y media y permite ir observando cómo el paisaje va cambiando desde la meseta hacia la montaña. El tramo final son carreteras secundarias, con curvas y poco tráfico, así que mejor no apurar con la hora ni con el combustible.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar, ropa de abrigo incluso en verano (las noches pueden ser frescas a esta altitud) y prismáticos si te interesa la observación de fauna. No olvides que estamos en un núcleo muy pequeño, por lo que conviene prever provisiones y llenar el depósito antes de adentrarse en la zona. No cuentes con cajeros ni grandes tiendas.
Cuándo visitar Pino del Río
La época para visitar el municipio depende de lo que busques, pero conviene matizar:
- Primavera: paisajes verdes, agua en arroyos y temperaturas razonables. Algún día fresco todavía, así que no guardes el forro polar. Es buena época para caminar sin pasar calor y ver el campo en su mejor momento.
- Verano: días largos y buen tiempo para caminar. También es cuando hay más movimiento en el pueblo por las fiestas y la vuelta de gente de fuera. Si buscas silencio casi total, evita los días festivos y los fines de semana centrales del verano.
- Otoño: muy buena época para colores, setas y paseos tranquilos. Los días acortan rápido y refresca pronto por la tarde; madruga un poco si quieres aprovechar la luz.
- Invierno: puede ser duro, con frío, heladas y nieve algunos años [VERIFICAR]. Solo recomendable si te manejas bien con el frío y con carreteras secundarias en esa época; a cambio, la sensación de soledad y de campo “en bruto” es máxima.
Lo que no te cuentan
Pino del Río es pequeño y se ve rápido. Como destino “de un día entero” se queda corto si no combinas la visita con otros pueblos de la Montaña Palentina o con alguna ruta más larga por la zona. Tiene más sentido como parada tranquila dentro de un recorrido por la comarca que como objetivo único de viaje desde lejos.
No hay grandes infraestructuras turísticas ni servicios pensados para el visitante. Si vas con esa idea, te decepcionará; si lo que buscas es un pueblo normal, con su ritmo y su gente, te encajará mejor.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el casco urbano, sin prisa, fijándote en la arquitectura tradicional.
- Acercarte a la iglesia y, si tienes suerte y está abierta o hay alguien cerca, entrar un momento.
- Asomarte a los caminos que salen del pueblo para hacerte una idea del paisaje de valles y parameras.
Si tienes el día entero
- Por la mañana, ruta a pie por pistas y caminos del entorno (consulta antes algún recorrido con la gente del pueblo o prepara el track en casa).
- Comida en algún núcleo cercano con más servicios, o picnic si lo llevas preparado.
- Tarde tranquila de paseo corto, fotos de paisaje y charla con quien te cruces, que es como mejor se entiende de verdad un sitio como Pino del Río.
Errores típicos
- Llegar con expectativas de “pueblo turístico”: Pino del Río no tiene casco histórico monumental ni equipamientos preparados. Es un pueblo vivo, pequeño y sencillo.
- Confiar en encontrar bares o tiendas abiertas: puede que no haya, o que estén cerrados según el día o la hora. Lleva agua, algo de comer y el depósito del coche lleno.
- Subestimar el frío y el aire: incluso en agosto, por la tarde-noche refresca más de lo que muchos esperan. Lleva siempre una capa extra.