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sobre Villasila de Valdavia
Pueblo situado en la vega del Valdavia; destaca por su iglesia y la actividad agrícola; entorno de ribera.
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En las suaves ondulaciones de los Páramos-Valles palentinos, donde la meseta castellana comienza a prepararse para las estribaciones de la Montaña Palentina, se encuentra Villasila de Valdavia. Con apenas 70 habitantes y situada a 870 metros de altitud, esta pequeña aldea condensa bastante bien lo que es la España rural de interior hoy en día: historia, paisaje trabajado… y mucha despoblación.
El carácter de Villasila está marcado por su ubicación en el valle del río Valdavia, afluente del Pisuerga, que riega estas tierras de vocación agrícola y ganadera. Sus casas de piedra y adobe se agrupan en torno a la iglesia parroquial, formando un conjunto arquitectónico tradicional que, con remiendos y reformas, ha ido manteniendo su personalidad. No es un decorado de museo: se nota qué casas tienen vida, cuáles esperan a que alguien vuelva y cuáles ya no.
La belleza de Villasila no reside en monumentos grandilocuentes, sino en la armonía de un paisaje trabajado a base de décadas de tractor y siglos de azada, donde los campos de cereal dorado en verano contrastan con los verdes pastizales de primavera, y donde las encinas salpican el horizonte como testigos del paso de las estaciones.
Qué ver en Villasila de Valdavia
El patrimonio de Villasila es modesto pero genuino, reflejo fiel de la arquitectura popular castellana. La iglesia parroquial preside el conjunto urbano con su volumen de piedra, mostrando elementos constructivos que hablan de reformas acumuladas a lo largo de los siglos. Su espadaña, visible desde varios puntos del valle, funciona como referencia en el paisaje y símbolo del pueblo.
Recorrer las pocas calles de la aldea permite descubrir la arquitectura tradicional integrada en el entorno: casas de muros gruesos, portones de madera castigada por el tiempo, corrales que aún mantienen su función ganadera y pajares que recuerdan la importancia histórica de la agricultura cerealista. Los entendidos en arquitectura popular encontrarán aquí ejemplos interesantes de construcciones adaptadas al clima duro de la meseta norte, aunque el conjunto no es de postal: hay casas arregladas, otras cerradas y alguna en ruina, como en casi cualquier pueblo pequeño de la zona.
El entorno natural es uno de los mayores atractivos de Villasila. El valle del Valdavia ofrece paisajes cambiantes según la estación: riberas verdes en primavera, campos dorados en verano y tonos ocres en otoño. Los páramos circundantes, con su vegetación de matorral bajo y encinas dispersas, proporcionan amplias panorámicas sobre la comarca. Para los aficionados a la ornitología, estos espacios abiertos son territorio habitual de rapaces como el milano real o el busardo ratonero.
Qué hacer
Villasila es un sitio para el turismo pausado, para quienes disfrutan caminando sin prisas y observando los detalles. No vengas esperando una agenda de actividades, sino más bien paseos tranquilos y conversación si coincide que hay gente en la calle.
Las rutas de senderismo por los alrededores permiten conocer el paisaje de páramos y valles que caracteriza la comarca. Siguiendo los caminos agrícolas se pueden realizar paseos circulares que combinan vistas panorámicas desde las zonas altas con el frescor relativo de las riberas del Valdavia. Son pistas anchas, pensadas para tractores: calzado cómodo, gorra, agua y poco más. No hay señalización pensada para turistas, así que conviene llevar mapa o track si quieres alargar los recorridos.
Los aficionados a la fotografía de paisaje encontrarán motivos abundantes: los amaneceres sobre los campos, las tormentas de verano aproximándose desde la meseta, los atardeceres que tiñen de dorado los rastrojos. La luz de estas latitudes tiene una calidad especial que realza los contrastes del terreno, sobre todo en primavera y otoño.
La gastronomía tradicional palentina tiene en estos pueblos pequeños sus recetas más reconocibles. Aunque no hay restaurantes en el pueblo, las fiestas y celebraciones locales son ocasión para degustar productos de la tierra: embutidos artesanos, legumbres de la zona, cordero lechal y pan elaborado en hornos de leña. La miel de los colmenares cercanos y los quesos de oveja son otros productos representativos que se pueden encontrar en la comarca, normalmente en pueblos algo mayores o en venta directa.
Fiestas y tradiciones
Como muchas localidades castellanas, Villasila mantiene sus celebraciones tradicionales, momentos en los que la aldea recupera temporalmente la animación de otros tiempos. Las fiestas patronales suelen celebrarse en verano, generalmente en agosto, cuando los emigrantes regresan para reencontrarse con sus raíces. Son jornadas de convivencia que incluyen misa solemne, procesión y comida de hermandad, con un ambiente muy de pueblo: sillas a la sombra, sobremesas largas y música hasta donde aguanten los vecinos.
Las festividades del ciclo litúrgico como Semana Santa o el Corpus también se viven con sencillez pero devoción, manteniendo rituales que se remontan generaciones atrás. Estas celebraciones permiten asomarse a la cultura rural castellana sin grandes montajes ni artificios.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Palencia capital, situada a unos 60 kilómetros, se accede tomando la carretera hacia el norte en dirección a Guardo y la Montaña Palentina. El trayecto discurre por carreteras comarcales que atraviesan varios pueblos de la zona, requiriendo aproximadamente una hora de conducción. Es recomendable contar con GPS actualizado, ya que la señalización en carreteras secundarias puede ser escasa y los desvíos entre pueblos se parecen bastante entre sí.
Consejos: No hay servicios turísticos en la localidad, ni tienda, ni bar estable la mayor parte del año [VERIFICAR], por lo que conviene llevar provisiones. La base de operaciones suele ponerse en localidades mayores cercanas como Cervera de Pisuerga o alrededores, donde encontrarás alojamientos y restaurantes. Respeta la tranquilidad de los vecinos y las propiedades privadas durante tus paseos: muchas pistas que parecen “libres” pasan junto a fincas y corrales en uso.
Cuándo visitar Villasila de Valdavia
- Primavera: probablemente el momento más agradecido. Campos verdes, caminos agradables y temperaturas templadas, aunque puede soplar bastante aire.
- Verano: seco y caluroso durante el día, pero las noches refrescan por la altitud. Es cuando hay más vida en el pueblo, por el regreso de veraneantes y fiestas.
- Otoño: tonos ocres y luz baja muy fotogénica. Días más cortos y sensación más solitaria, pero muy tranquila.
- Invierno: puede ser riguroso, con heladas frecuentes y días grises. Solo recomendable si sabes a lo que vienes: frío, silencio y poca gente.
Si llueve, el plan se reduce prácticamente a paseos cortos y coche: los caminos arcillosos se embarran con rapidez y se hacen pesados de caminar.
Lo que no te cuentan
Villasila de Valdavia es pequeño de verdad: en un paseo de media hora has visto el casco urbano varias veces. Como destino “de fondo de mapa” funciona mejor en combinación con otros pueblos del valle o con escapadas hacia la Montaña Palentina, no para pasar aquí varios días seguidos.
Las fotos de campos dorados y cielos infinitos son reales, pero el día a día incluye tractores, alguna nave ganadera, casas cerradas y mucha tranquilidad. Si lo que buscas es ruido, bares y animación continua, este no es tu sitio. Si lo que quieres es un par de tardes de silencio y horizontes anchos, entonces sí encaja.