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sobre Navafría
En el corazón de la sierra; famoso por el martinete de cobre y sus piscinas naturales
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Hay pueblos que se entienden en cinco minutos. Aparcas el coche, caminas dos calles y ya sabes de qué va el sitio. El turismo en Navafría funciona un poco así, pero con un detalle: cuando llevas media hora paseando, te das cuenta de que lo importante no está en el pueblo, sino en todo lo que lo rodea.
Navafría se sienta en la vertiente segoviana de la Sierra de Guadarrama, a más de 1.200 metros. Aquí el paisaje manda. Pinos altos, praderas abiertas y ese aire fresco de sierra que en Madrid se paga caro en verano. Viven poco más de doscientas personas y el ritmo es el que te imaginas: coche aparcado en la plaza, puertas medio abiertas y conversaciones tranquilas.
Las casas mantienen bastante de la arquitectura serrana. Piedra, madera, tejados inclinados. Nada de grandes alardes. Es el tipo de lugar donde una vuelta por el casco se hace rápido, pero te sirve para entender cómo ha vivido la gente aquí durante generaciones.
El pinar y el Chorro de Navafría
Si preguntas por qué viene la gente hasta aquí, casi todos acaban hablando del pinar. Y es normal.
El Pinar de Navafría es uno de esos bosques que parecen diseñados para caminar sin prisa. Pinos silvestres muy altos, suelo blando de agujas secas y pistas forestales que se internan durante kilómetros. En verano suele concentrar a bastante gente de la zona porque hay áreas recreativas junto al río Cega, con sombra de sobra y agua corriendo cerca.
Desde ahí sale el camino hacia el Chorro de Navafría. No es una catarata gigantesca, pero tiene algo que engancha. El sendero atraviesa el bosque y poco a poco se oye el agua antes de verla. Cuando ha llovido o en época de deshielo baja con más fuerza; en veranos secos puede ir más tranquilo.
Subir al puerto de Navafría
La carretera que sube al puerto es de esas que los ciclistas conocen bien. Curvas constantes, pinar a ambos lados y la sensación de ir dejando el valle abajo poco a poco.
Arriba, cuando el día está claro, la vista se abre bastante hacia la sierra. No es un mirador preparado ni nada por el estilo. Más bien un lugar donde parar un momento, estirar las piernas y mirar el paisaje. En invierno el puerto suele cambiar mucho con la nieve, así que conviene informarse antes de subir.
Caminos para andar por la sierra
Navafría funciona bien como punto de salida para caminar. Hay rutas sencillas por el pinar y otras que se meten más en la sierra. Algunas pistas forestales suben hacia zonas altas de Guadarrama y conectan con caminos usados tradicionalmente por ganaderos y madereros.
No hace falta plantearse grandes travesías. A veces basta con seguir una pista durante un rato y luego volver. Ese tipo de paseo que haces hablando, sin mirar el reloj cada dos minutos.
Si madrugas un poco, no es raro ver corzos moviéndose entre los árboles o buitres planeando sobre las laderas cuando empieza a calentar el aire.
El pueblo, cuando baja el ruido
El casco urbano se recorre rápido. Una iglesia parroquial dedicada a San Bartolomé —la construcción actual es relativamente reciente—, algunas casas antiguas bien cuidadas y calles cortas que suben y bajan según manda la ladera.
No es un pueblo de monumentos. Aquí lo que se nota es la vida cotidiana. Vecinos que se saludan desde la puerta, coches que pasan despacio, perros tumbados al sol cuando hace bueno.
Las fiestas de San Bartolomé, hacia finales de agosto, suelen ser el momento en que el pueblo cambia de ritmo. Llegan familiares, segundas residencias abiertas y la plaza se anima bastante más de lo habitual.
¿Merece la pena acercarse?
Te lo digo como se lo diría a un amigo: Navafría no es un lugar al que venir buscando un casco histórico enorme ni una lista larga de cosas que ver.
Se viene por el bosque. Por caminar un rato entre pinos. Por subir al puerto y respirar aire de sierra. Y luego bajar al pueblo, dar una vuelta tranquila y seguir camino hacia otros rincones de la zona de Pedraza.
Ese es el plan que mejor le sienta a Navafría. Sin prisas y sin intentar sacarle más de lo que es. Y, curiosamente, así suele funcionar bastante bien.