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sobre Santa Marta del Cerro
Pequeña aldea con una joya del románico rural; entorno serrano
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En las estribaciones de la Sierra de Guadarrama, donde Castilla empieza a levantarse en serio, está Santa Marta del Cerro, una aldea segoviana diminuta incluso para los estándares de la comarca de Pedraza. Con apenas 45 habitantes censados y situada a más de mil metros de altitud, aquí el silencio no es un reclamo: es lo que hay. Y eso, para bien o para mal, marca la visita.
El nombre del municipio no es casual. Santa Marta del Cerro se asienta sobre una elevación natural que le da unas vistas amplias de la sierra y del piedemonte. Las casas tradicionales de piedra y adobe, agrupadas en torno a la plaza, mantienen el aire de pueblo ganadero de toda la vida. No es un decorado restaurado para el turismo: es un pueblo muy pequeño que sigue su ritmo, con muchas casas cerradas parte del año y vida concentrada en fines de semana y verano.
La comarca de Pedraza, de la que forma parte Santa Marta del Cerro, es una de las zonas más conocidas de la provincia de Segovia para escapadas rurales. La gracia de usar Santa Marta como base o parada corta es precisamente que aquí no hay ruido, ni masificación, ni colas. Es un lugar para estar tranquilo y moverse por los alrededores, más de manta corta que de gran infraestructura.
¿Qué ver en Santa Marta del Cerro?
El patrimonio de Santa Marta del Cerro se concentra en su arquitectura tradicional y en su iglesia parroquial, ejemplo modesto pero claro del estilo rural castellano. El templo, con su campanario sencillo, preside la plaza del pueblo y sigue siendo el centro simbólico y práctico de la comunidad. No esperes grandes retablos ni visitas guiadas: es una iglesia de pueblo, discreta, con detalles que cuentan más por el uso que por la monumentalidad. Muchas veces la puerta está cerrada fuera de misa, así que conviene asumir que quizá solo la veas por fuera.
El interés del municipio está en el conjunto urbano: calles de tierra o empedradas según tramos, fachadas de piedra con portones de madera pesada, corrales tradicionales y antiguos potros de herrar que recuerdan la importancia histórica de la ganadería. Pasear por Santa Marta del Cerro lleva poco rato, pero permite hacerse una idea bastante fiel de cómo eran muchos pueblos de la zona antes de las segundas residencias y las reformas agresivas.
Desde el pueblo se abren buenas vistas hacia la sierra y los valles cercanos. No son los grandes panoramas de alta montaña, pero sí un paisaje amplio de lomas, pinares, encinas y cultivos que cambia bastante según la estación. En días claros compensa simplemente salir a las afueras y mirar, sin más plan que dejar pasar el tiempo.
Qué hacer
Santa Marta del Cerro tiene más de punto de partida para caminar que de “pueblo-museo” para ir de foto en foto. Desde el casco salen varios caminos tradicionales que conectan con localidades vecinas y permiten recorrer el paisaje serrano a pie. Son rutas sin gran complicación técnica, muchas veces por antiguas vías ganaderas, donde lo más exigente suele ser el sol en verano y el frío seco en invierno. No hay gran señalización, así que mejor llevar el recorrido preparado en el móvil o en papel.
La zona funciona bien para cicloturismo de montaña: pistas forestales, caminos rurales y muy poco tráfico motorizado. El terreno es de sube y baja constante, sin grandes puertos pero con suficientes cuestas como para acabar el día con las piernas trabajadas. No es ciclismo “épico”, es más bien rodar tranquilo entre pueblos, con algún repecho que te recuerda dónde estás.
La gastronomía de referencia es la segoviana clásica: asados de cordero y cochinillo, judiones, embutidos y quesos de oveja. En el propio municipio los servicios son muy limitados, así que conviene asumir que aquí se viene ya comido, con compra hecha o con la idea de desplazarse a Pedraza y otros pueblos de alrededor para sentarse a la mesa. Si te plantas en Santa Marta a la hora de comer esperando mucha oferta, te vas a llevar un chasco.
En otoño, si ha habido buenas lluvias, los pinares de la zona suelen dar níscalos y otras setas comestibles. Como siempre en estos casos, conviene ir con gente que sepa lo que hace o limitarse a especies muy claras y regulaciones locales [VERIFICAR], y respetar las normas de recolección para que el monte no se convierta en un solar.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a Santa Marta se celebran en julio, y funcionan como punto de reencuentro de vecinos, gente del pueblo que vive fuera y algunos visitantes que ya conocen la dinámica. Misa, procesión, alguna actividad popular y, sobre todo, tiempo para hablar y ponerse al día. Es más reunión de familia grande que verbena de pueblo de revista.
En invierno, especialmente en torno a Navidad, se mantienen costumbres ligadas a las candelas y celebraciones del solsticio, ya muy centradas en el ámbito familiar. No es un lugar al que ir expresamente a “ver fiestas”; si coincides, lo que encontrarás es vida de pueblo más que un programa pensado para gente de fuera.
Información práctica
Santa Marta del Cerro se encuentra a unos 40 kilómetros de Segovia capital. El acceso habitual es por la N-110 en dirección Soria y, más adelante, por carreteras comarcales hacia la zona de Pedraza. El último tramo es por carreteras estrechas y algún camino asfaltado; en general están en buen estado, pero en invierno conviene mirar la previsión por posibles nevadas o placas de hielo.
No hay apenas servicios: ni gasolinera, ni tiendas generalistas al uso, ni oficina de turismo. Esto obliga a organizarse un poco: llenar el depósito antes, llevar agua, algo de comida y haber mirado mapas o aplicaciones de rutas con antelación. Si vienes en fin de semana largo o en festivo, calcula también que los pueblos cercanos pueden tener horarios raros en bares y tiendas.
Cuándo visitar Santa Marta del Cerro
- Primavera: probablemente el momento más agradable. Temperaturas suaves, campos verdes, días más largos. Buena época para caminar sin achicharrarse y ver la sierra todavía con algo de nieve al fondo.
- Verano: calor fuerte a mediodía, pero noches frescas por la altitud. El pueblo tiene más vida porque coincide con vacaciones y segundas residencias. Aun así, nada que ver con la masificación de otros lugares de la comarca.
- Otoño: paisaje muy agradecido, tonos ocres y temporada de setas cuando acompaña el tiempo. Días más cortos, pero aún cómodos para caminar. Suele ser el momento en que el campo está más fotogénico.
- Invierno: puede hacer mucho frío, nevadas ocasionales y días cortos. El pueblo se vuelve aún más tranquilo. Interesa solo si te atrae esa sensación de aislamiento (y vienes preparado para ello, con ropa buena y el coche en condiciones).
Lo que no te cuentan
Santa Marta del Cerro se ve rápido. El casco se recorre en menos de una hora con calma, quizá algo más si eres de fijarte en detalles constructivos o en miradores improvisados. La gracia no está en “ver cosas” sino en usarlo como excusa para caminar, pedalear o simplemente desconectar un rato sin gente alrededor.
Las fotos que ves por ahí pueden dar la impresión de un gran mirador o de un pueblo más grande de lo que es. La realidad: es pequeño, muy tranquilo y sin apenas servicios. Es más una parada dentro de una ruta por la comarca de Pedraza que un destino para pasar varios días sin salir de allí. Si buscas ambiente, tiendas y planes variados en un radio corto, mejor toma como base otro pueblo cercano y deja Santa Marta para una escapada de unas horas.
Si solo tienes…
- 1–2 horas: entra al pueblo, da una vuelta por la plaza y las calles principales, acércate a la iglesia, asómate a los bordes del caserío para ver el paisaje y escucha el silencio (y los perros, y las ovejas, si hay suerte). Poco más, y está bien así.
- El día entero: combínalo con Pedraza u otros pueblos cercanos, reserva la parte central del día para una ruta a pie o en bici enlazando varios núcleos y deja Santa Marta como inicio o final tranquilo, lejos del bullicio de los sitios más conocidos.
Errores típicos
- Ir pensando que es un “pueblo turístico” al uso: aquí no hay tiendas de recuerdos, ni rutas marcadas con cartelitos cada dos metros, ni actividades programadas. Es territorio de ir por libre.
- Confiarse con los servicios: llegar con el depósito justo, sin agua ni comida y dar por hecho que “ya habrá algo abierto cerca” no es buena idea. Aquí “cerca” en coche pueden ser 15–20 minutos por carreteras secundarias.