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sobre Ventosilla y Tejadilla
Municipio muy pequeño con tres núcleos; tranquilidad absoluta en la sierra
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En el corazón de la comarca de Pedraza, donde las parameras segovianas se extienden bajo un cielo que parece más amplio que en ningún otro lugar, se encuentra Ventosilla y Tejadilla. Este municipio dual, formado por dos pequeños núcleos separados por apenas un par de kilómetros, representa bien la esencia de la España interior despoblada. Con apenas una veintena de habitantes censados y a 1.028 metros de altitud, estamos ante uno de esos rincones donde el tiempo parece haberse detenido, donde el silencio solo se rompe por el viento que barre las laderas y el canto de las aves rapaces.
Llegar hasta aquí es adentrarse en una Castilla profunda, la de los horizontes infinitos y las noches estrelladas que parecen tocarse con las manos. Ventosilla y Tejadilla no es un destino para quien busca comodidades urbanas o entretenimiento convencional, sino para quienes desean asomarse a un mundo rural que resiste al paso del tiempo, donde cada piedra cuenta una historia centenaria y donde, si viene alguien de fuera, se nota.
La gracia del lugar está en su sencillez: arquitectura tradicional serrana que se funde con el paisaje, muros de piedra que delimitan antiguas eras, una paleta de ocres y dorados que cambia con las estaciones. Es turismo de ir despacio, de escuchar el campo y poco más.
Qué ver en Ventosilla y Tejadilla
El patrimonio de Ventosilla y Tejadilla se encuentra en su propia esencia como asentamiento rural tradicional. Las iglesias parroquiales de ambos núcleos, modestas pero dignas, funcionan como centro social y geográfico de cada aldea. Estos templos, de origen medieval aunque reformados en siglos posteriores [VERIFICAR], mantienen la sencillez arquitectónica característica de las construcciones serranas, con muros de mampostería y espadañas que se recortan contra el cielo.
Pasear por las calles de ambos núcleos es descubrir la arquitectura popular serrana en un estado bastante genuino: casas de piedra y adobe, portones de madera antigua, corrales que todavía recuerdan su función original. La trama urbana, adaptada a la topografía del terreno, conserva esa disposición irregular que habla de siglos de historia y de un crecimiento sin prisas ni planes urbanísticos. En algunos puntos se nota el abandono y en otros la rehabilitación más reciente, tal y como pasa en tantos pueblos pequeños de la zona.
El verdadero tesoro de este municipio es su entorno natural. Las tierras circundantes ofrecen un paisaje de transición entre las parameras y los valles más protegidos, con amplias vistas sobre la comarca de Pedraza. Los pinares y encinares que salpican el territorio proporcionan refugio a una fauna variada, y no es raro avistar cernícalos, milanos y otras rapaces sobrevolando los campos si uno se para un rato y mira al cielo. Aquí el “mirador” es básicamente cualquier cuneta un poco elevada.
Qué hacer
Ventosilla y Tejadilla funciona bien como punto de partida para paseos tranquilos más que como destino turístico al uso. Desde ambos núcleos parten caminos rurales y sendas tradicionales que recorren el territorio comunal, permitiendo conocer la diversidad paisajística de esta zona serrana. Las rutas no son especialmente exigentes técnicamente, pero la altitud y el sol en verano se notan, así que conviene ir con algo de preparación mínima y no confiarse con el agua.
Una actividad muy lógica es recorrer el camino que une ambos núcleos del municipio, algo más de dos kilómetros de paisaje auténtico que ayudan a entender cómo se ha organizado históricamente este territorio. Durante el recorrido se atraviesan espacios agrícolas tradicionales, hoy en su mayoría abandonados, que testimonian un pasado de mayor actividad y explican por qué ahora aquí hay tan poca gente.
La observación del cielo nocturno es otro punto fuerte del sitio. La ausencia prácticamente total de contaminación lumínica convierte a Ventosilla y Tejadilla en un observatorio natural muy agradecido. En noches despejadas, la Vía Láctea se ve con una claridad que en ciudad ya casi se ha olvidado. Eso sí, abrigo en la mochila: incluso en verano refresca más de lo que parece.
Para los interesados en la gastronomía serrana, aunque no hay establecimientos en el propio municipio, la cercanía a Pedraza y a otros pueblos de la zona permite probar los productos típicos de la comarca: cordero asado, cochinillo, judiones de La Granja y quesos artesanales. La jugada lógica es comer o alojarse en otro pueblo y acercarse aquí a pasear un rato y estirar las piernas.
Lo que no te cuentan
Ventosilla y Tejadilla es muy pequeño, de verdad. En una vuelta tranquila te lo has visto. Más que un “viaje a Ventosilla y Tejadilla”, suele encajar como parada corta dentro de una ruta por Pedraza y su entorno, o como desvío consciente si te apetece ver cómo es un pueblo de la paramera sin maquillaje.
Las fotos que puedas ver en redes tienden a centrarse en algún rincón cuidado o en el paisaje al atardecer; el conjunto es más sobrio y más duro, muy de paramera segoviana, con casas en distintos estados de conservación. Si vienes buscando un pueblo de postal restaurado de arriba a abajo, este no es el caso. Si te interesa entender cómo se vive en un municipio de 17 habitantes, entonces sí encaja mejor.
No hay “plan B” urbano: ni bar para matar el rato, ni plaza animada, ni tiendas donde curiosear. Aquí el plan es caminar, mirar y, como mucho, charlar un poco si coincide que hay alguien en la puerta de casa y le apetece conversación.
Cuándo visitar Ventosilla y Tejadilla
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables: temperaturas suaves, días más largos y el campo con algo de vida, verde en primavera y con tonos más dorados en otoño. Es cuando menos castigo supone andar por los caminos y el paisaje luce más.
El verano puede ser caluroso durante el día, con sol fuerte y poca sombra en algunos tramos de los caminos, aunque las noches son frescas por la altitud y se agradecen. El invierno es crudo, con frecuentes heladas y ocasionales nevadas que pueden complicar el acceso y dejan el ambiente bastante inhóspito si no se viene preparado. Si te toca niebla o ventisca, el paisaje tiene su punto, pero se disfruta poco a pie.
Si hace mal tiempo (viento fuerte, lluvia o nieve), el margen de plan B aquí es muy limitado: no hay bares donde refugiarse ni mucho que hacer a cubierto, así que conviene tener otra parada pensada en algún pueblo cercano.
Errores típicos al visitar Ventosilla y Tejadilla
- Esperar “mucho que ver”: el pueblo es pequeño y se recorre rápido. El interés está más en el conjunto y el entorno que en un monumento concreto.
- Venir sin nada de agua ni protección solar: los caminos son sencillos, pero en cuanto aprieta el sol se nota que estás en una paramera.
- Pensar que hay servicios: no hay tiendas, ni bares, ni alojamientos. Lo normal es organizar la logística (comida, gasolina, etc.) desde Pedraza u otros pueblos de la zona.
- Molestar la tranquilidad: con tan pocos vecinos, aparcar donde no toca, hacer ruido o meterse en fincas privadas se nota muchísimo. Sentido común y respeto.
- Confundir caminos públicos y privados: muchos accesos a fincas parecen pistas “para pasear”, pero no todos lo son. Si ves cadenas, cancelas o carteles, date la vuelta.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo rápido por uno de los dos núcleos (el que te venga mejor según por dónde entres).
- Recorrer, aunque sea en parte, el camino que une Ventosilla y Tejadilla para hacerte una idea del paisaje.
- Parar un rato a escuchar el silencio: parece tópico, pero aquí se nota la diferencia con cualquier pueblo más grande.
Si tienes el día entero
No es un sitio para “pasar el día” solo aquí salvo que vengas a andar mucho. Lo más coherente es:
- Combinarlo con Pedraza y otros pueblos de la comarca.
- Hacer una ruta algo más larga enlazando caminos rurales de la zona (con mapa o track preparado de antemano).
- Rematar el día cenando y durmiendo en otro municipio con servicios.
Fiestas y tradiciones
Con una población tan reducida, las celebraciones en Ventosilla y Tejadilla mantienen un carácter íntimo y muy de casa. Las fiestas patronales, que se celebran durante el periodo estival, generalmente en agosto [VERIFICAR], suponen un momento de encuentro donde regresan antiguos vecinos y se mantienen vivas tradiciones de siempre.
Estas festividades suelen incluir la misa en honor al santo patrón, seguida de una comida de hermandad donde los vecinos comparten mesa y conversación. Son celebraciones sencillas pero muy sentidas, en las que pesa más el reencuentro que el programa de actividades.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Segovia capital, situada a unos 35 kilómetros [VERIFICAR], se accede tomando la carretera hacia Pedraza (SG-232). Antes de llegar a Pedraza, hay que desviarse por las carreteras locales que conducen a Ventosilla y Tejadilla; conviene llevar el recorrido mirado de antemano o GPS, porque la señalización no siempre es evidente.
Aparcamiento: No hay parkings como tal. Se aparca en la calle, procurando no entorpecer pasos de vecinos, accesos a fincas ni zonas de giro. En pueblos tan pequeños, cualquier coche mal puesto se nota.
Servicios: No hay gasolinera, cajero, tienda, farmacia ni hostelería. Todo eso tendrás que resolverlo en Pedraza o en otros pueblos de la comarca antes o después de la visita.
Señal móvil: La cobertura puede ser irregular según la compañía y la zona del término municipal. No des por hecho que tendrás buena conexión en todo momento.