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sobre Cabrejas del Pinar
Entrada a la zona de Pinares con el monumento natural de La Fuentona cerca
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A primera hora de la mañana, cuando el sol apenas toca las copas más altas, el aire en Cabrejas del Pinar huele a madera húmeda y a tierra removida. El pinar absorbe el ruido: los pasos sobre la grava suenan apagados, y a veces lo único que se oye es el viento moviendo las agujas de los pinos. El turismo en Cabrejas del Pinar empieza así, con silencio y con ese color verde oscuro que lo ocupa casi todo alrededor del pueblo.
Cabrejas es pequeño —ronda los trescientos vecinos durante buena parte del año— y se asienta en plena comarca de Pinares, al noroeste de la provincia de Soria. El bosque manda aquí desde hace siglos. Se nota en la forma de las casas, en los patios donde aún se guarda leña, en las conversaciones que todavía giran en torno al monte, la madera o las setas cuando llega la temporada.
Las casas de piedra, con balcones de madera oscurecida por el tiempo, están pensadas para inviernos largos. Las ventanas suelen ser pequeñas y los muros gruesos. En enero y febrero el frío se queda en las calles estrechas; en verano, en cambio, el pinar mantiene el aire más fresco que en otras zonas de la provincia.
Al salir del casco urbano basta caminar unos minutos para encontrarse rodeado de troncos rectos y altos. El pino albar domina el paisaje y forma una masa forestal continua que se extiende por buena parte de la comarca. Entre los árboles aparecen restos de antiguos trabajos forestales: alguna construcción abandonada, claros abiertos para sacar madera, huellas de una economía que durante décadas dependió casi por completo del monte.
No muy lejos del pueblo suele mencionarse el nacimiento del río Abión, un rincón discreto donde el agua aparece entre rocas húmedas y musgo. No es un lugar monumental ni especialmente señalizado; más bien un punto tranquilo del bosque donde el murmullo del agua rompe el silencio del pinar.
La iglesia y las calles del pueblo
La iglesia parroquial de San Millán se levanta con la misma sobriedad que el resto del pueblo. Piedra clara, líneas simples y un volumen compacto que parece pensado para resistir el clima de la sierra más que para llamar la atención. A su alrededor se agrupan casas de distintas épocas, muchas con portones grandes que recuerdan cuando los corrales y los animales formaban parte del día a día.
Caminar por Cabrejas es sencillo: pocas calles, algún pequeño desnivel y bastante calma incluso en verano. A ciertas horas de la tarde la luz entra baja entre las fachadas y deja media calle en sombra, mientras el olor a leña o a chimenea aparece antes de que caiga la noche en los meses fríos.
Senderos entre pinares
El principal motivo por el que mucha gente llega hasta aquí está fuera del casco urbano. Varias pistas forestales y senderos atraviesan los pinares que rodean Cabrejas del Pinar. Son caminos anchos en muchos tramos, usados durante años para la gestión del monte, y por eso se caminan sin dificultad si se lleva calzado cómodo.
En otoño el movimiento aumenta por la recolección de setas. Níscalos y boletus aparecen entre agujas secas y claros del bosque cuando el tiempo acompaña. Conviene informarse antes porque en gran parte de la comarca la recogida está regulada y suele requerir permiso.
En invierno el paisaje cambia por completo. Cuando nieva, el pinar se vuelve silencioso de otra manera: las ramas cargadas de blanco, los caminos casi borrados y apenas alguna huella cruzando la pista.
Comida de monte y de temporada
La cocina de la zona es directa y ligada a lo que da el entorno. Cordero asado, productos de la matanza cuando llega el frío y muchas recetas donde las setas tienen protagonismo durante el otoño. También es habitual encontrar miel procedente de colmenas instaladas en los claros del pinar.
El pueblo no funciona como un destino gastronómico en sí mismo, pero quien pase unos días por la comarca suele acabar probando estos platos en bares sencillos o en celebraciones locales.
Fiestas y vida del pueblo
Las fiestas de San Millán, en septiembre, reúnen a vecinos que viven fuera durante el año y regresan unos días. Hay procesión, música y actividades que se organizan entre los propios habitantes del pueblo. El ambiente es bastante familiar y la plaza se convierte en punto de encuentro durante varios días.
En invierno siguen vivas algunas costumbres ligadas al calendario rural. La matanza del cerdo todavía forma parte de la vida de muchas familias, aunque cada vez se hace en un círculo más reducido.
Durante agosto suele haber más movimiento. Con el buen tiempo regresan quienes tienen casa en el pueblo y se organizan actividades sencillas: juegos, encuentros en la plaza o pequeñas muestras sobre la vida tradicional en la zona.
Llegar y moverse por la zona
Cabrejas del Pinar está a algo más de media hora en coche desde la ciudad de Soria, por carreteras que atraviesan buena parte del pinar soriano. También se puede llegar desde la provincia de Burgos por vías comarcales que cruzan esta misma masa forestal.
Conviene venir con coche si se quiere explorar bien los alrededores. Muchas rutas empiezan en pistas forestales o a las afueras del pueblo.
Un consejo práctico: en verano merece la pena madrugar si se quiere caminar por el bosque con tranquilidad. A partir de media mañana, sobre todo en fines de semana de otoño, algunas zonas del pinar reciben bastante movimiento de gente que sale a buscar setas. El monte sigue siendo grande, pero el silencio de primera hora tiene otra cosa.