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sobre Cubilla
Pequeña localidad rodeada de bosques en la entrada del Cañón de Río Lobos
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Cubilla, en la comarca soriana de Pinares, es uno de esos núcleos muy pequeños que sobreviven en la parte alta de la provincia. El pueblo se sitúa a unos 1.090 metros de altitud, rodeado por masas de pino albar que forman uno de los paisajes forestales más continuos de esta zona de Soria. El turismo en Cubilla tiene que ver precisamente con ese entorno y con la escala mínima del lugar: apenas una veintena de habitantes censados y un caserío breve, propio de los pueblos pinariegos.
Un núcleo ligado al monte
Durante siglos la economía local giró alrededor del monte y de la ganadería. En los pueblos de Pinares la madera fue tan importante como los pastos, y eso explica en parte la forma de asentarse y construir.
Las casas de Cubilla responden a esa lógica: muros de mampostería, tejados de teja curva y construcciones auxiliares —corrales, pajares o pequeñas cuadras— integradas en el propio núcleo. No es un conjunto monumental, pero sí conserva bien la escala de un pueblo que nunca creció demasiado.
La iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista, parece remontarse al siglo XVI, aunque como ocurre en muchos templos rurales ha tenido reformas posteriores. Es un edificio sobrio, de muros gruesos, pensado más para resistir el clima de estas alturas que para llamar la atención.
Un paseo corto por el pueblo
Cubilla se recorre en poco tiempo. El caserío se organiza en torno a unas pocas calles y una pequeña plaza donde todavía se reconocen antiguos espacios de trabajo vinculados al campo.
Muchas viviendas funcionan hoy como segunda residencia y algunas otras permanecen cerradas buena parte del año. Aun así, todavía se ven huertos en las afueras y alguna actividad ganadera a pequeña escala, señales de que el pueblo no está completamente detenido.
Pinares y caminos alrededor
El verdadero peso del lugar está fuera del casco urbano. Los pinares que rodean Cubilla forman parte del paisaje característico de la comarca de Pinares, donde el bosque marca el ritmo del territorio.
Por los alrededores salen varias pistas forestales utilizadas tradicionalmente para trabajos del monte y para comunicar pueblos cercanos. Son caminos anchos y fáciles de seguir, aunque en zonas de pinar denso todos los cruces pueden parecerse; llevar un mapa o un track sencillo suele evitar despistes.
Caminar por estos pinares ayuda a entender la relación histórica entre los pueblos y el bosque: madera, resina en otros tiempos y hoy también setas.
Temporada de setas
Con la llegada del otoño, el suelo del pinar suele llenarse de especies muy buscadas, especialmente níscalos y distintos tipos de boletus. La recolección forma parte de la cultura local y también está regulada en buena parte de la provincia.
Conviene informarse antes de recoger y respetar los cupos o permisos que pueda exigir la normativa del momento. Además, identificar bien las especies es fundamental: no todo lo que aparece en el pinar es comestible.
Fauna del pinar
En los montes de alrededor no es raro encontrar rastros de corzo o jabalí, y en el cielo se dejan ver aves propias del bosque. Ver animales no es algo garantizado: requiere tiempo, silencio y algo de suerte, sobre todo a primeras horas del día o cuando cae la tarde.
No hay miradores preparados ni infraestructuras de observación; aquí el contacto con la naturaleza es bastante directo.
Algo práctico antes de ir
Cubilla no tiene servicios turísticos ni comercios. Para comer, comprar o alojarse hay que desplazarse a pueblos mayores de la zona.
Si se piensa pasar varias horas por el monte, conviene llevar agua, algo de comida y prever el tiempo: a esta altitud los cambios de temperatura pueden notarse incluso en días tranquilos. El pueblo es pequeño, pero el pinar que lo rodea es amplio y, a poco que uno camine, el silencio vuelve a ser el protagonista.