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sobre Molinos de Duero
Uno de los pueblos más bonitos con arquitectura pinariega de piedra y casonas
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A las siete de la mañana el aire baja frío desde Urbión y huele a resina húmeda. El río suena antes de verse. En Molinos de Duero, todavía con las persianas a medio abrir, el día empieza despacio. Este pequeño núcleo de la provincia de Soria ronda los 160 habitantes y forma parte de la comarca de Pinares, donde el bosque manda y el calendario lo marcan más las estaciones que el reloj.
Las casas de piedra y madera se agrupan cerca del Duero, que aquí todavía es un río joven. El agua corre clara entre piedras oscuras y acompaña casi cualquier paseo. El nombre del pueblo recuerda a los antiguos molinos que aprovechaban esa corriente constante. Hoy quedan sobre todo rastros en la memoria local y en algunos muros junto al cauce.
El Duero al pasar por el pueblo
El río atraviesa el pueblo con un sonido continuo, más fuerte en invierno, cuando baja cargado desde la sierra. En verano el caudal se calma y aparecen orillas donde sentarse un rato, con el murmullo del agua y el olor de los pinares alrededor.
Las calles principales se recorren en poco tiempo. Suelen verse pilas de leña junto a las fachadas y tractores que pasan sin prisa. En otoño el suelo se llena de agujas de pino y el aire tiene ese olor seco que anuncia frío por la noche.
Camino hacia la Laguna Negra
A pocos kilómetros está la Laguna Negra, uno de los paisajes más conocidos de Urbión. El acceso suele organizarse desde un aparcamiento en la carretera de subida. Desde allí parte un camino que gana altura entre pinos hasta llegar a la laguna.
En las mañanas frías aparece a veces una capa de niebla sobre el agua. Las paredes de roca que la rodean guardan la sombra incluso cuando el sol ya ha entrado en el valle. La explicación geológica es sencilla —una antigua cubeta glaciar— pero en el pueblo todavía circulan historias sobre su profundidad.
En verano conviene madrugar. A media mañana el lugar se llena de gente y pierde parte del silencio que lo caracteriza.
Pinares y senderos alrededor de Molinos
La comarca de Pinares se entiende caminando. Los montes que rodean Molinos de Duero están cubiertos sobre todo por pino albar, con algunos hayedos en zonas más húmedas. Cuando el viento mueve las copas, el bosque produce un ruido largo, como de oleaje.
Hay varios caminos forestales y senderos que salen del entorno del pueblo. Algunos siguen el curso del río; otros suben hacia lomas desde las que se ve toda la masa verde que ocupa el valle. Los Picos de Urbión se recortan al fondo, con su cima por encima de los dos mil metros. Acercarse a esas alturas ya exige más experiencia y mirar bien la meteorología.
Cuando llega la nieve
El invierno cambia el ritmo del lugar. Las nevadas cubren los caminos y el silencio se vuelve más denso. En los pinares cercanos es habitual ver gente con esquís de fondo o raquetas cuando las condiciones lo permiten.
La carretera puede complicarse tras temporales fuertes, algo que conviene tener en cuenta si se viaja en esos meses. A cambio, los días despejados dejan una luz muy limpia sobre la sierra.
Otoño de setas en los pinares
Cuando llegan las lluvias de otoño, los pinares se llenan de buscadores de setas. Níscalos, boletus y otras especies aparecen entre la hierba y las agujas de pino. La recogida suele estar regulada mediante permisos para evitar que el monte se vacíe en pocas semanas.
A primera hora de la mañana se ven coches aparcados en los caminos forestales y gente entrando al bosque con cestas de mimbre. El olor a tierra húmeda y resina lo invade todo.
En las cocinas del pueblo esa temporada se nota. Las setas acaban en guisos sencillos, a menudo junto a legumbres o carnes de la zona.
Fiestas y vida en un pueblo pequeño
En agosto el pueblo se llena más de lo habitual. Muchos vecinos que viven fuera regresan unos días y las calles tienen más movimiento. Las celebraciones suelen concentrarse en la plaza y alrededor de la iglesia.
También se mantiene la romería de San Miguel, ligada a los campos cercanos. Son días de comida compartida y conversaciones largas que se alargan hasta la noche.
El resto del año Molinos de Duero vuelve a su ritmo tranquilo. Un río frío, pinares que se extienden kilómetros y un puñado de casas donde la vida sigue girando alrededor del monte y del clima de la sierra. Aquí el tiempo no corre: simplemente pasa.