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sobre Molinos de Duero
Uno de los pueblos más bonitos con arquitectura pinariega de piedra y casonas
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A más de 1.095 metros de altitud, entre pinares y valles que se cierran en cuanto te sales de la carretera, Molinos de Duero es uno de esos pueblos serenos de la comarca de Pinares donde el ritmo es otro. Con apenas 161 habitantes, este pequeño municipio enclavado en plena Sierra de Urbión es un buen refugio para quien busca desconectar del ruido y estar cerca de monte de verdad, no de postal.
El nombre del pueblo recuerda su pasado ligado a la molienda del grano y a la fuerza del agua que baja desde las alturas. Hoy, lejos de las prisas, Molinos de Duero mantiene un ambiente tranquilo, de pueblo serrano, donde se oye más el agua y el viento en los pinos que los coches. Sus calles empedradas, las casas de piedra y madera y el sonido constante del río invitan a caminar despacio y sin grandes planes.
La proximidad a los nacimientos del Duero y la Laguna Negra sitúa a Molinos como buen punto de base para explorar algunos de los parajes naturales más conocidos de Castilla y León. Aquí, entre pinos resineros y manchas de hayedo, la naturaleza cambia mucho según la época: del blanco del invierno al estallido de ocres y rojizos del otoño.
Qué ver en Molinos de Duero
El patrimonio de Molinos de Duero es discreto, pero con carácter serrano. La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción preside el conjunto urbano con su sobria construcción de piedra. No es un gran templo monumental, pero sí compensa acercarse a verla de fuera y, si está abierta, entrar un momento: se nota que la gente del pueblo la cuida.
Más que edificios, aquí pesa el entorno inmediato: la ribera, los prados cercanos, las vistas hacia el pinar y las antiguas casonas que recuerdan la época de la carretería. En un paseo corto te haces una idea clara del tono del sitio.
A escasos kilómetros se encuentra la Laguna Negra de Urbión, uno de los enclaves más fotografiados de Soria y escenario de la leyenda de "La Tierra de Alvargonzález" que Antonio Machado inmortalizó en sus versos. Esta laguna glaciar, rodeada de paredes rocosas y leyendas que hablan de su fondo sin fin, suele estar muy concurrida en puentes y fines de semana de temporada alta; conviene tenerlo en cuenta para no llevarse un susto con los coches y los autobuses.
Los Picos de Urbión, con el pico que da nombre a la sierra (2.228 metros), marcan el horizonte y permiten algunas de las vistas más amplias de la provincia. Desde Molinos de Duero no sales andando directo a la cumbre, pero sí puedes acercarte en coche a los puntos de inicio de varias rutas que discurren por estos parajes de alta montaña.
Los bosques de pino albar que rodean el municipio forman parte de la extensa masa forestal de los Pinares sorianos, un auténtico pulmón verde que durante siglos ha sido fundamental en la economía de la zona. Pasear entre estos gigantes, sobre todo con niebla o al atardecer, es más cuestión de sensaciones que de “ver” algo concreto.
Qué hacer
El senderismo es la actividad estrella en Molinos de Duero y alrededores. La ruta a la Laguna Negra desde el aparcamiento habilitado es de dificultad baja-media y permite disfrutar de un paisaje agradecido durante todo el recorrido, aunque en temporada alta puede haber mucha gente y restricciones de acceso. Para los más preparados, la ascensión al Pico Urbión es un buen reto, con tramos exigentes y terreno de alta montaña: aquí no vale ir con deportivas de paseo y ya está.
En invierno, cuando la nieve cubre estos parajes, se abre la puerta al esquí de fondo y las raquetas de nieve. Eso sí, hay que ir equipado y con cabeza: los bosques cubiertos de blanco son muy bonitos, pero también pueden desorientar rápido.
La micología tiene especial protagonismo durante el otoño, cuando los pinares se llenan de buscadores de níscalos, boletus y otras variedades. Suele ser necesario permiso para recoger setas y conviene informarse antes para evitar multas. Existen empresas locales que organizan salidas guiadas para aprender a identificar y recolectar setas de forma sostenible y no arrasar el monte.
La gastronomía pinariega entra sola después de una jornada al aire libre. Platos de cuchara como las judías pintas con chorizo, las migas de pastor o el cordero asado encajan bien con el clima fresco de la zona. En temporada, los platos con setas toman protagonismo en los menús.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en agosto, cuando el pueblo se llena con quienes vuelven al pueblo en vacaciones. Hay actos religiosos, comidas populares y bailes tradicionales que sirven más de excusa para el encuentro que de espectáculo turístico.
A mediados de septiembre suele celebrarse una romería en honor a alguno de los santos venerados en la zona [VERIFICAR santo y nombre de la romería], con procesión y jornada campestre que mantiene la religiosidad popular y, sobre todo, la vida comunitaria.
La matanza tradicional, ya más como costumbre que como necesidad, todavía se mantiene en algunos hogares durante el invierno, con todo el ritual de la elaboración de embutidos y conservas. No es algo preparado para el visitante, sino parte de la vida privada del pueblo.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Soria capital se accede a Molinos de Duero por la carretera N-234 en dirección a Burgos, tomando después el desvío hacia Vinuesa y Molinos por la SO-830. Son aproximadamente 50 kilómetros que se recorren en menos de una hora, con un tramo final de curvas y paisaje ya muy de pinar.
Mejor época: El otoño funciona muy bien por los colores del bosque y la temporada micológica, aunque los fines de semana pueden estar muy concurridos los puntos más famosos. El verano trae temperaturas agradables que contrastan con el calor de las llanuras, pero hay más tráfico y más gente en los alrededores de la Laguna Negra. El invierno tiene su interés para quienes disfrutan de la nieve, aunque hay que extremar precauciones en carretera y no confiarse con la meteorología.
Consejos prácticos: Conviene llevar ropa de abrigo incluso en verano, ya que la altitud hace que las temperaturas bajen bastante al atardecer. Para acceder a la Laguna Negra en temporada alta suele funcionar un servicio de autobuses lanzadera desde el entorno de Vinuesa; cambia según época del año, así que mejor consultar antes. En invierno es recomendable revisar el estado de las carreteras y, si vas a hacer rutas, mirar bien la previsión del tiempo y la nieve.
Errores típicos al visitar Molinos de Duero
- Pensar que es un “destino urbano”: el pueblo es pequeño y se recorre rápido. Lo interesante está en combinar el paseo por el casco con rutas por el entorno (Laguna Negra, Urbión, pinares…).
- Subestimar el clima de montaña: incluso en agosto puede hacer fresco fuerte al caer la tarde. En otoño e invierno, el frío y el viento en altura se notan mucho.
- Confiarse con el coche cerca de la Laguna Negra: según la época hay restricciones de acceso, aparcamientos llenos y controles. Mejor madrugar y asumir que quizá haya que usar lanzadera o caminar algún tramo extra.
Lo que no te cuentan
Molinos de Duero, como tal, se ve en poco rato: un paseo por las calles principales, la zona del río y cuatro desvíos para curiosear casonas y detalles de arquitectura serrana. No es un pueblo para pasar tres días sin moverte, sino una buena base tranquila para dormir y salir a la Laguna Negra, Urbión y los pinares.
Las fotos que se ven por internet, con la nieve recién caída o el otoño en su punto, recogen momentos muy concretos. El resto del año es un pueblo sencillo, cuidado y silencioso, donde lo que pesa es el entorno y la calma, no una lista infinita de monumentos. Si vas con esa idea, no decepciona. Si buscas muchas tiendas, bares y “ambiente”, aquí no lo vas a encontrar.