Artículo completo
sobre Montenegro de Cameros
Único pueblo soriano en la vertiente norte (Cameros) con paisaje alpino
Ocultar artículo Leer artículo completo
A 1235 metros de altitud, en pleno corazón de la Sierra de Cameros soriana, Montenegro de Cameros es uno de esos pueblos donde el silencio manda. Con poco más de cuarenta habitantes, esta pequeña aldea de la comarca de Pinares condensa bastante bien lo que es la vida en la montaña: inviernos largos, casas pensadas para el frío y un ritmo que va más al paso de las estaciones que al del reloj.
Situada en el extremo nororiental de la provincia de Soria, prácticamente en el límite con La Rioja, Montenegro de Cameros forma parte de ese rosario de pequeños núcleos que salpican los valles cameranos. Su ubicación, rodeada de bosques de pino albar y hayedos, llama la atención a quienes quieren hacer vida de monte: caminar, escuchar el bosque y poco más. Aquí no hay grandes servicios; sí mucha tranquilidad y una sensación clara de aislamiento, sobre todo fuera de temporada.
El pueblo mantiene la arquitectura tradicional camerana de piedra y madera, con casas que se adaptan a la orografía del terreno y que muestran las soluciones constructivas que durante siglos emplearon los serranos para hacer frente al riguroso clima invernal de estas alturas: muros anchos, pocas aperturas y chimeneas generosas.
¿Qué ver en Montenegro de Cameros?
El principal interés de Montenegro de Cameros está en el conjunto, no en un monumento concreto. Al pasear por sus calles empedradas vas encontrando casas serranas de piedra con balconadas de madera, típicas de la arquitectura camerana, que han aguantado décadas de nevadas y fríos invernales. Es un pueblo pequeño: el recorrido urbano se hace rápido, pero conviene hacerlo sin prisas, fijándose en detalles de puertas, chimeneas y escudos, y en cómo se ha ido reformando el caserío con más o menos acierto.
La iglesia parroquial, de origen románico aunque reformada en épocas posteriores, preside el núcleo urbano. Como ocurre en muchos pueblos de Cameros, el templo es casi el edificio más cuidado, reflejo de la importancia que estas comunidades daban a su patrimonio religioso incluso siendo núcleos muy pequeños. Fuera del horario de culto suele estar cerrada, así que no cuentes siempre con poder verla por dentro.
En cuanto al paisaje, los alrededores del pueblo abren vistas amplias hacia las cumbres cameranas. Desde algunos puntos se aprecia, a lo lejos, la zona de Urbión y las sierras colindantes, con los bosques de pino silvestre y las manchas de hayedo cambiando de color según la época del año: el verde intenso de la primavera, el frescor del verano, los ocres y rojizos del otoño, y el blanco del invierno cuando nieva.
Qué hacer
Montenegro de Cameros sirve sobre todo como base o punto de paso para rutas de senderismo por la Sierra de Cameros. Desde aquí parten caminos tradicionales que comunican con otros pueblos del valle y que atraviesan bosques maduros. Hay pistas y senderos de distinta longitud, algunos más suaves siguiendo valles y otros con más desnivel hacia lomas y collados. Conviene llevar track o mapa, porque la señalización no siempre es clara y en días de niebla el monte se vuelve muy homogéneo.
Durante el invierno, la relativa cercanía a estaciones de esquí como Valdezcaray (a unos 30 kilómetros) atrae a quien combina esquí y pueblo tranquilo, aunque hay que contar con carreteras de montaña y posibles complicaciones por nieve. La altitud del pueblo hace que no sea raro encontrarlo nevado buena parte del invierno y que haya placas de hielo en las zonas umbrías.
La observación de fauna es otra actividad interesante si se tiene paciencia. Los bosques de los alrededores albergan corzos, jabalíes, aves rapaces y, con algo de suerte, puede verse algún ciervo en las zonas más resguardadas y a primera o última hora del día. No es un “safari”: hay días que no se ve nada más allá de rastros y huellas.
En gastronomía, lo que manda es la cocina serrana de montaña: carne a la brasa (cordero, principalmente), setas de temporada, guisos de patata y embutidos procedentes de la matanza tradicional. No es un lugar para buscar cocina creativa, sino platos contundentes y de producto sencillo, y conviene tener presente que la oferta es corta y muy marcada por la temporada.
Fiestas y tradiciones
Como muchos pueblos pequeños de la España rural, Montenegro de Cameros mantiene sus celebraciones tradicionales, aunque adaptadas al reducido número de habitantes. Las fiestas patronales suelen celebrarse durante el verano, generalmente en agosto, cuando los emigrantes regresan al pueblo y la población se multiplica temporalmente.
Estas celebraciones suelen incluir misa en honor al patrón, procesiones y comidas populares que reúnen a vecinos y gente que vuelve solo esos días. Más que un evento pensado para quien viene de fuera, es un momento de reencuentro para la gente del pueblo y sus descendientes.
Cuándo visitar Montenegro de Cameros
La mejor época para visitarlo depende mucho de lo que se busque:
- Verano (julio-agosto): temperaturas suaves, días largos y más vida en el pueblo. Es cuando hay más casas abiertas y suele haber algo más de actividad, aunque no esperes un ambiente de verbena continua.
- Otoño: muy recomendable si te interesan los colores del hayedo y las setas. Los bosques de alrededor cambian de tono y los días aún aguantan, pero en cuanto cae la tarde refresca bastante.
- Invierno: atractivo si te gustan los paisajes nevados, pero hay que ir preparado. Consultar siempre el estado de las carreteras y llevar ropa de abrigo seria, no solo un forro fino. Puede haber días enteros de niebla o ventisca en los que apenas apetece salir del alojamiento.
- Primavera: el deshielo, el verde intenso y el sonido del agua en arroyos y regatos dan otra cara al entorno, aunque puede haber barro en pistas y caminos y algún nevero suelto en cotas algo más altas.
Si el día sale muy cerrado o con niebla densa, algunas rutas pierden sentido porque no hay vistas y el frío cala más; en esas jornadas es mejor optar por paseos cortos alrededor del pueblo y dejar las caminatas largas para cuando despeje.
Lo que no te cuentan
Montenegro de Cameros es muy pequeño y se recorre rápido. El casco urbano, por sí solo, da más bien para una parada de medio día: un paseo, algo de comer si coincide que hay bar abierto y poco más. Si no vas con idea de patear monte o de encerrarte unos días a leer y descansar, te quedarás corto de “plan”.
Las fotos que se ven en internet suelen centrarse en los paisajes abiertos y los días de nieve o de otoño. El pueblo en sí, fuera de esas condiciones, es sobrio y sencillo, como muchos otros de la serranía soriana. Si llegas esperando un casco monumental amplio o muchas opciones de ocio, te vas a llevar una decepción.
Conviene también tener en cuenta que la oferta de servicios es muy limitada: según la época del año, no siempre encontrarás bares abiertos todos los días ni tiendas donde comprar de todo. Mejor llegar con combustible suficiente en el coche y algo de previsión en la compra básica, porque el pueblo más cercano con algo más de vida tampoco está a “cinco minutos”.
Errores típicos al visitar Montenegro de Cameros
- Esperar un pueblo “turístico”: aquí no hay paseos llenos de terrazas ni tiendas de recuerdos. Es un pueblo de montaña pequeño y muy tranquilo. Si buscas ambiente, tendrás que combinarlo con otros núcleos mayores de la zona.
- Confiarse con el tiempo de carretera: el mapa engaña. Las distancias en kilómetros no son grandes, pero las carreteras son de montaña, con curvas y puertos. Calcula siempre algo más de margen, sobre todo en invierno y al atardecer.
- Ir sin efectivo ni provisiones mínimas: no siempre encontrarás cajeros ni tiendas abiertas cuando tú pases. Lleva algo de comida y agua, y efectivo por si falla la tarjeta o no se admite.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Soria capital, lo habitual es tomar la N-111 en dirección a Logroño y enlazar después por carreteras secundarias hacia el norte, atravesando la Sierra de Cameros. El trayecto ronda los 75 kilómetros y es de montaña, con curvas y algún puerto. En invierno, es importante consultar el estado de las carreteras y tener en cuenta posibles placas de hielo y nieve.
Consejos:
- Planifica el alojamiento con antelación; en el propio pueblo las plazas son muy limitadas y a menudo hay que mirar en localidades cercanas.
- Lleva ropa de abrigo incluso en verano: las noches son frescas y el viento en altura baja bastante la sensación térmica.
- Para rutas, ve con calzado adecuado, agua y algo de comida: no hay servicios en el monte y los recorridos, aunque no sean técnicos, pueden alargarse más de lo previsto si te entretienes o te desvías.