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sobre Navaleno
Importante centro turístico en el corazón del pinar con gran tradición micológica
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En el corazón de la comarca de Pinares, donde los bosques de pino albar parecen extenderse hasta el infinito, se encuentra Navaleno, un pueblo serrano que ha sabido conservar su esencia forestal y su ritmo pausado. Con algo menos de 700 habitantes y situado a 1.117 metros de altitud, este municipio soriano es una buena base para conocer algunos de los paisajes más singulares de Castilla y León, donde el verde de los pinares contrasta con el azul intenso del cielo castellano.
Navaleno es uno de esos lugares que invitan a bajar una marcha y mirar el monte con otros ojos. Aquí, la vida ha girado históricamente en torno al aprovechamiento forestal, y esa tradición maderera se respira en cada rincón del pueblo, desde sus construcciones tradicionales hasta los serradores que aún trabajan la madera de estos bosques.
Venir a Navaleno es entrar en un territorio donde la naturaleza manda, pero donde también late una comunidad que mantiene vivas sus costumbres y su forma de hacer, sin grandes alardes ni decorados de postal.
Qué ver en Navaleno
El patrimonio arquitectónico de Navaleno refleja su carácter serrano y tradicional. La Iglesia de San Pedro Apóstol preside la plaza del pueblo con su torre de piedra. No es un gran templo monumental, pero sí uno de esos edificios sobrios que explican bien el clima y la historia de la zona: muros firmes, pocas florituras y sensación de refugio frente a los inviernos largos y fríos.
Ahora bien, el mayor atractivo de Navaleno no está en una plaza ni en un edificio, sino en su entorno. A pocos kilómetros del núcleo urbano se encuentra La Fuentona, uno de los nacimientos de agua más llamativos de la provincia. Este manantial kárstico forma una laguna de aguas frías y muy claras que emerge desde las profundidades de la tierra, creando un paisaje de ribera distinto al pinar que domina el resto del término. El paraje está protegido como Monumento Natural y suele contar con pasarelas de madera que facilitan el recorrido, pero conviene recordar que es un espacio frágil y regulado: lo normal es que haya restricciones de acceso a vehículos y zonas donde no se puede salir del sendero.
Los pinares centenarios que rodean Navaleno constituyen otro de sus grandes tesoros. Estos bosques de pino albar, algunos con ejemplares de más de 200 años, conforman un paisaje de gran valor ecológico donde habitan especies como el corzo, el jabalí y diversas aves rapaces. Más que un “bosque de foto”, es un monte trabajado, con pistas forestales, cargaderos de madera y claros abiertos a lo largo de décadas. Quien espere un bosque virgen se puede llevar sorpresa: aquí el pinar es, ante todo, un lugar de trabajo.
Qué hacer
Navaleno encaja bien con quienes disfrutan del senderismo y las rutas en la naturaleza sin demasiada complicación técnica. El entorno de La Fuentona ofrece senderos señalizados que permiten recorrer el bosque de ribera y acercarse a los distintos puntos del manantial. Es una caminata sencilla, apta para la mayoría, pero conviene prever entre 2 y 3 horas si se hace con calma y paradas para fotos; si vas con gente que se entretiene mirando cada detalle, cuenta casi la mañana entera.
Para quienes quieran alargar la jornada, existen rutas de mayor recorrido que se adentran en los pinares circundantes, donde el silencio solo se rompe por el canto de los pájaros y el susurro del viento entre las copas de los pinos. En otoño, estos bosques se llenan de setas y la recolección micológica se convierte en una actividad muy popular entre visitantes y lugareños, siempre que se cuente con el permiso correspondiente y se respeten las normas del monte.
Las rutas en bicicleta de montaña encuentran en los caminos forestales de Navaleno un terreno agradecido, con pistas anchas que serpentean entre los pinares y algunos desniveles suaves que permiten encadenar kilómetros sin excesivo esfuerzo, siempre y cuando se tenga algo de fondo físico. No es terreno técnico, pero sí de pedalear constante.
La gastronomía local mantiene la cocina serrana de toda la vida: asados, setas de temporada, carnes de caza y productos micológicos. Los platos de cuchara, buenos para quitar el frío de la montaña, siguen siendo habituales, junto con la trucha de los ríos cercanos. No es una cocina de fuegos artificiales, pero sí de raciones contundentes tras un día de campo; conviene llegar con hambre.
Errores típicos al visitar Navaleno
- Pensar que todo está al lado del pueblo: La Fuentona, otros parajes de ribera o ciertas rutas no salen literalmente desde la plaza. Hay que contar con pequeños desplazamientos en coche y algo de organización previa.
- Confundir “paseo corto” con “media hora”: Los senderos son sencillos, pero entre ir, volver, parar a hacer fotos y leer paneles, las rutas se alargan. Calcula más tiempo del que te diga el cartel si quieres ir tranquilo.
- Ir a por setas sin informarse: El monte tiene regulación micológica y suele ser necesario permiso. Además, no todo vale: hay zonas privadas y cupos. Mejor preguntar antes de entrar al pinar con la cesta.
- Venir en pleno invierno sin ropa adecuada: Aquí refresca de verdad. Aunque el día salga soleado, el viento y la altitud se notan, sobre todo si vas a estar parado en el monte. Capas, gorro y calzado que no cale no son un extra: son la diferencia entre disfrutar o volverte al coche antes de tiempo.
Cuándo visitar Navaleno
En Navaleno el paisaje cambia mucho según la época, y conviene ajustar las expectativas:
- Primavera: Los pinares siguen verdes, pero el sotobosque se anima, los ríos bajan con más agua y las temperaturas son más agradables para caminar. Buen momento para rutas largas sin calor excesivo.
- Verano: El pinar da sombra y se agradece el fresco al caer la tarde, pero algunos parajes cercanos pueden tener más gente, sobre todo fines de semana y agosto. Los “baños en aguas frías” son eso: fríos de verdad, no aptos para todos; mucha gente se queda en remojar los pies y poco más.
- Otoño: Probablemente la estación más atractiva si te interesan setas y colores del bosque. También es cuando más gente se acerca al monte y cuando la regulación micológica es más estricta, así que conviene venir con todo en regla.
- Invierno: Frío, a veces nieve y días cortos. El pueblo tiene su ambiente invernal, pero muchas rutas se disfrutan menos si no vienes bien equipado. Es más tiempo de pasear despacio, chimenea y platos de cuchara que de grandes caminatas si no estás acostumbrado.
Lo que no te cuentan de Navaleno
Navaleno es un pueblo pequeño y se recorre rápido: un paseo por el casco, la iglesia, alguna calle tranquila… En una hora has visto lo esencial del núcleo urbano. El viaje cobra sentido cuando se suma el entorno: pinares, rutas, parajes de agua. Si buscas un casco histórico monumental o muchas visitas culturales de interior, no es aquí.
Las fotos de La Fuentona y alrededores pueden dar la impresión de un lugar salvaje y apartado, y el paisaje lo es, pero la realidad es que hay senderos marcados, pasarelas y, en temporadas altas, bastante gente. No esperes estar completamente solo un domingo de otoño a media mañana. Si quieres más silencio, funciona mejor madrugar o ir entre semana.
Más que un destino para pasar una semana entera sin moverte, Navaleno funciona bien como base para ir encadenando excursiones por la comarca de Pinares: un día monte, otro día cañones, otro día pueblos cercanos. El ritmo aquí es otro: conviene asumirlo y no intentar “verlo todo” en una sola jornada.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Navaleno mantiene vivas las tradiciones serranas. Las fiestas patronales en honor a San Pedro se celebran a finales de junio, con procesiones, verbenas y actividades para todos los públicos que llenan de vida el pueblo. Son días de pueblo lleno, bares animados y reencuentros de gente que vive fuera y vuelve solo en esas fechas, así que si te coincide el viaje, ten en cuenta que el ambiente es muy distinto al de un fin de semana cualquiera de primavera.