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sobre Ponferrada
Capital del Bierzo y ciudad templaria; centro administrativo y turístico con su imponente castillo
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El turismo en Ponferrada funciona un poco como ese colega que parece serio hasta que entras en su casa y descubres que colecciona cosas rarísimas. Llegas pensando en templarios y Camino de Santiago… y de repente estás viendo radios antiguas, hablando de embutidos y mirando manzanas del Bierzo como si fueran trofeos. La ciudad juega a eso: primero te enseña la armadura medieval y luego te cuenta la vida cotidiana.
El castillo que Instagram no puede con él
El Castillo de los Templarios es de esos sitios que te venden como algo enorme y, por una vez, no se quedan cortos. El recinto ocupa una barbaridad y está lleno de torres que parecen sacadas de un videojuego medieval. Caminas por dentro y tienes esa sensación rara de estar en un lugar que no se pensó para turistas sino para defenderse de gente que venía bastante enfadada.
Las murallas dobles —y en algunos tramos casi triples— no estaban ahí por estética. Eran la forma medieval de decir: hasta aquí llegas. Hoy entras tranquilamente, recorres patios, pasillos y torres, y entiendes por qué este sitio marcaba el paso a los peregrinos que iban hacia Santiago.
Además, el castillo está pegado al casco histórico, así que no hace falta organizar una expedición: sales del centro andando y en unos minutos estás dentro.
De puente de hierro a capital del botillo
El nombre de Ponferrada viene de un puente reforzado con hierro que se levantó en la Edad Media para facilitar el paso del Camino de Santiago sobre el río Sil. De ahí lo de pons ferrata. Si piensas en lo que significaba cruzar un río hace siglos, entiendes rápido por qué ese puente fue importante.
Lo que también tiene peso aquí es el botillo. Si no lo conoces, imagina un embutido que se toma muy en serio el cerdo: distintas partes del animal, adobo potente, humo y luego cocción lenta en olla. Sale algo contundente, de esos platos que te hacen replantearte cualquier plan de dieta.
En el Bierzo es tradición juntarse alrededor de un botillo con berza, patatas y vino de mencía. Cuando lo pruebas entiendes por qué la conversación suele alargarse más de la cuenta.
Museos para cuando te cansas de piedra
Después de un rato entre murallas, Ponferrada cambia de registro con varios museos bastante curiosos.
El Museo del Bierzo ocupa el antiguo edificio de la cárcel de la ciudad. Es de esos sitios donde la historia local se cuenta sin demasiada épica: arqueología, etnografía, piezas que ayudan a entender cómo se vivía por esta comarca.
Luego está el Museo del Ferrocarril, que recuerda la época en la que el tren movía buena parte de la actividad minera del Bierzo. Si te gustan las máquinas antiguas, los vagones y todo ese mundo industrial, aquí hay material para entretenerse un rato.
Y quizá el más inesperado: el Museo de la Radio “Luis del Olmo”. Básicamente una colección enorme de radios de distintas épocas. Al principio piensas que será una visita rápida… y acabas reconociendo aparatos que te recuerdan a la casa de tus abuelos.
Cuando la ciudad se viste de templaria
En verano Ponferrada celebra la llamada Noche Templaria, una fiesta que gira alrededor del castillo y de toda la historia medieval de la ciudad. Durante esos días el casco histórico cambia bastante: mercados, gente vestida con túnicas, recreaciones y bastante movimiento por las calles.
Es de esas celebraciones donde empiezas mirando los puestos y terminas metido en el ambiente sin darte cuenta. El castillo iluminado por la noche tiene bastante presencia y ayuda a que todo encaje.
Paseos cerca del centro
Si después de comer fuerte te apetece caminar un poco, hay trayectos sencillos por la ciudad. Uno muy lógico es moverte entre el castillo, la plaza del Ayuntamiento y la basílica de la Encina. Todo está bastante cerca y se recorre bien a pie, callejeando sin prisa.
También hay rutas algo más largas por los alrededores del Bierzo, algunas siguiendo antiguos caminos y zonas donde hubo molinos. Aquí el paisaje ya cambia: más verde, más río, y ese aire de valle cerrado que tiene la comarca.
La hora de la verdad: ¿tiene sentido parar aquí?
Mira, Ponferrada no juega en la liga de ciudades monumentales gigantes. No tiene un casco histórico interminable ni una catedral que monopolice todo.
Pero tiene algo que a mí me convence más: se nota que siempre ha sido un lugar de paso importante. El Camino de Santiago atraviesa la ciudad, la historia minera está muy presente y el Bierzo tiene personalidad propia.
Aquí te plantas, ves un castillo templario bastante serio, entiendes un poco la historia de la comarca y acabas sentado con una copa de mencía y algo contundente en el plato.
Mi consejo: un fin de semana va sobrado. Castillo por la mañana, paseo por el casco antiguo, comida berciana sin prisas y algún museo por la tarde. No necesitas mucho más para llevarte una buena idea de cómo funciona este rincón del Bierzo.