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sobre Cordovilla
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A primera hora, cuando todavía no pasa casi ningún coche, la plaza de Cordovilla queda en silencio bajo la sombra de un tilo viejo. Alguna puerta se abre, se oye arrastrar una silla y el olor a café sale por las ventanas. La luz del amanecer cae oblicua sobre la piedra de las fachadas y marca tonos ocres y grises que cambian rápido en cuanto el sol gana altura. En un pueblo de poco más de cien habitantes, la mañana empieza así, sin prisa.
Cordovilla se encuentra en la provincia de Salamanca, rodeado por campos de cereal que cambian radicalmente con las estaciones. En primavera el verde cubre todo el horizonte; en verano el paisaje vira a un dorado seco que cruje bajo los pasos. Los caminos de tierra compactada salen del pueblo hacia pequeñas parcelas y, un poco más allá, hacia zonas de dehesa donde aparecen robles y encinas dispersos. Si caminas despacio se ven detalles que suelen pasar desapercibidos: portones de madera muy gastados, muros donde la hiedra ha ido ganando terreno o algún escudo de piedra medio erosionado en una fachada.
La iglesia y el pequeño núcleo de calles
La iglesia parroquial, dedicada a Santa María Magdalena, marca el perfil del pueblo. Su torre de piedra se ve desde casi cualquier entrada a Cordovilla y funciona como referencia cuando uno vuelve caminando por los caminos de alrededor. El edificio suele situarse en el siglo XVI y mezcla rasgos góticos tardíos con añadidos posteriores. No es un templo monumental, pero encaja con el tamaño del lugar: sobrio, de piedra clara, con un campanario sencillo.
Alrededor se agrupan las calles principales. Algunas casas conservan escudos familiares tallados en piedra y balcones de hierro oscuro. Muchas muestran señales claras del paso del tiempo: portones de madera combados, fachadas reparadas a tramos, pequeñas ventanas con rejas. En las calles más tranquilas todavía se ven corrales, leñeras o antiguos almacenes agrícolas.
En una esquina del casco urbano se conserva un horno comunal que, según cuentan los vecinos, aún se utiliza en ocasiones señaladas. No es raro encontrar este tipo de construcciones en pueblos de la zona, aunque cada vez se usan menos.
Caminar por los alrededores
El entorno de Cordovilla invita a caminar sin plan fijo. No hay grandes desniveles y los caminos agrícolas permiten salir del pueblo en pocos minutos. Desde ellos se ve bien cómo se organiza el terreno: parcelas largas de cereal, pequeñas huertas cerca de las casas y, algo más lejos, manchas de arbolado donde suelen moverse aves rapaces.
Con algo de paciencia se pueden ver cernícalos suspendidos en el aire o gavilanes cruzando los campos a ras del suelo. En invierno no es raro encontrar huellas de zorro en los márgenes de los caminos.
Si vienes en verano conviene salir temprano o al final de la tarde. El sol cae con fuerza en las horas centrales y apenas hay sombra fuera del casco urbano.
Setas y otoño en los pinares cercanos
Cuando llega el otoño, algunos vecinos se acercan a los pinares de los alrededores para buscar setas. En esta parte de la provincia aparecen distintas especies comestibles, aunque conviene ir con conocimiento o acompañado por alguien que sepa identificarlas bien. También hay normas locales sobre recolección que es importante respetar.
Después de las primeras lluvias, el olor a tierra húmeda cambia completamente el paisaje. Los caminos se oscurecen, las encinas sueltan hojas y el campo deja de sonar seco bajo los pasos.
Comer en un pueblo pequeño
En Cordovilla la oferta para comer fuera es muy limitada. Lo habitual, si pasas el día por aquí, es traer algo de comida y sentarse en la plaza o en algún borde del camino.
En los pueblos cercanos sí se encuentran más opciones, y en esta zona de Salamanca abundan productos muy ligados al campo: embutidos curados, legumbres, quesos de oveja y miel procedente de colmenares cercanos.
Las fiestas de julio
La fiesta patronal se celebra en torno a Santa María Magdalena, a mediados de julio. Durante esos días el pueblo cambia bastante: llegan familiares que viven fuera, se organizan procesiones y por la noche suele haber música en la plaza.
El resto del año Cordovilla vuelve a su ritmo habitual. Calles tranquilas, campos abiertos alrededor y la sensación de que el tiempo aquí se mide más por las estaciones que por el reloj. Si buscas grandes monumentos o actividad constante, este no es el lugar. Pero si te interesa ver cómo sigue funcionando un pequeño pueblo de la meseta salmantina, basta con sentarse un rato en la plaza y mirar lo que pasa.