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Martin De Yeltes

383 habitantes · INE 2025
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sobre Martin De Yeltes

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En el extremo noroccidental de la provincia de Salamanca, Martín de Yeltes es uno de esos pueblos pequeños donde la vida gira alrededor del campo y del calendario agrícola. Está metido de lleno en territorio de dehesa, entre fincas ganaderas y encinas, y eso se nota en el paisaje y en el carácter. Aquí no hay grandes monumentos ni colas de turistas: hay silencio, cielo abierto y un ritmo tranquilo.

El pueblo se asienta en la penillanura salmantina, con suaves ondulaciones que se pierden en el horizonte. Sus casas de piedra y las construcciones ligadas a la ganadería cuentan más que cualquier folleto. La cercanía con Portugal se nota menos en lo espectacular y más en lo cotidiano: maneras de hablar, costumbres compartidas, relaciones de toda la vida entre pueblos a un lado y otro de la frontera.

Venir a Martín de Yeltes es asomarse a una Salamanca rural poco conocida, más de tratar con la gente del pueblo en el bar, de ver pasar el tractor y de escuchar los cencerros al atardecer que de ir con una lista de monumentos “para tachar”.

¿Qué ver en Martín de Yeltes?

El patrimonio arquitectónico de Martín de Yeltes se concentra principalmente en su iglesia parroquial, que preside el núcleo urbano y funciona casi como punto de referencia para orientarse. No es una catedral ni falta que le hace: es la típica iglesia rural salmantina, sobria y de piedra, con añadidos de distintas épocas.

Más que ir “a ver cosas”, en Martín de Yeltes tiene sentido pasear el pueblo sin prisa. La arquitectura popular es lo más interesante: casas tradicionales de granito, muros gruesos, portones de madera y corrales que recuerdan que aquí la ganadería manda. Si te fijas, verás pajares, tenadas y construcciones auxiliares donde todavía se trabaja o se ha trabajado hasta hace poco.

En los alrededores, el paisaje de dehesas es lo que realmente marca el carácter del sitio. Encinas, pastos y ganado bovino y ovino repartidos por las fincas. Al atardecer la luz aguanta un rato más sobre la hierba seca y las copas de las encinas, y se entiende bien por qué esta zona vive de la ganadería extensiva. No hace falta ser experto en aves para disfrutar de las cigüeñas en los tejados y de alguna rapaz sobrevolando el campo.

Qué hacer

Martín de Yeltes tiene sentido si te apetece estar tranquilo y andar por caminos rurales. No esperes una red señalizada de senderos de colores ni paneles cada dos metros. Hay pistas y caminos que salen del pueblo y se internan en la dehesa, conectando con fincas y otros núcleos de la comarca. Buen sitio para caminar, hacer una ruta sencilla en bici o simplemente salir a dar una vuelta al caer la tarde.

La gastronomía local es la que corresponde a una zona ganadera salmantina: carne de vacuno criada en el campo, embutidos ibéricos, quesos de pequeños productores y legumbres. Platos como el hornazo, las patatas meneás o los guisos de cordero no son “típicos de foto”, sino comida real de la zona. Conviene preguntar a la gente del pueblo qué se come bien cerca y qué días suele haber más ambiente.

Para quien tenga tiempo, se puede aprovechar Martín de Yeltes como base o parada para hacer algo de turismo transfronterizo. La frontera con Portugal no queda lejos y, con coche, se pueden organizar excursiones de medio día a pueblos portugueses, encadenando carreteras secundarias y viendo cómo cambia (o no) el paisaje de un lado a otro.

La observación del cielo nocturno es un plus. Aquí hay poca iluminación artificial y, en noches despejadas, la Vía Láctea se ve con claridad. Si te gusta la astronomía o simplemente tumbarte a mirar estrellas, merece la pena salir un poco del casco urbano y apagar linternas.

Fiestas y tradiciones

El calendario festivo de Martín de Yeltes sigue la tónica de muchos pueblos salmantinos. Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto, con procesiones, verbenas, bailes y comidas compartidas. Más que espectáculo, son encuentros de gente del pueblo y retornados que vuelven esos días.

La matanza del cerdo ha sido una fecha clave en el invierno rural, y aunque hoy tenga más componente simbólico que necesidad, sigue muy presente en la memoria y, en algunos casos, en la práctica familiar. Las celebraciones religiosas como Semana Santa se viven de manera sobria, con ritos heredados y sin grandes alardes.

Información práctica

Cómo llegar: Desde Salamanca capital, Martín de Yeltes está a unos 80 kilómetros hacia el noroeste. Se llega por la carretera en dirección Vitigudino y, desde ahí, por carreteras comarcales hacia la zona del Abadengo. El trayecto ronda la hora en coche, casi todo por secundarias, así que no esperes autovías ni áreas de servicio cada poco.

Consejos prácticos: Lo más sensato es venir en vehículo propio. El transporte público en la zona es limitado [VERIFICAR], y depender de horarios puede complicar mucho la visita. Antes de ir, conviene confirmar si hay alojamiento en el propio pueblo o en los alrededores, porque la oferta es reducida. Lleva calzado cómodo y ropa para el campo: aquí lo normal es acabar caminando por caminos de tierra.

Cuándo visitar Martín de Yeltes

La primavera (abril-mayo) es buen momento: las dehesas están verdes, hay flores silvestres y las temperaturas ayudan a caminar. El otoño tiene su encanto con los tonos ocres y días todavía agradables.

En verano el calor aprieta, sobre todo a media tarde. Si vienes en esa época, organiza los paseos a primera hora o al anochecer y reserva el centro del día para estar a la sombra. En invierno hace frío, puede helar de noche y el ambiente es más recogido: menos vida en la calle, pero otra manera de ver el pueblo.

Lo que no te cuentan

Martín de Yeltes es un pueblo pequeño que se ve rápido. En un paseo de una hora has recorrido el casco urbano con calma. Si te desplazas desde lejos, tiene sentido encajarlo dentro de una ruta por otros pueblos de la comarca o combinarlo con alguna visita en Portugal.

Las fotos de dehesas y cielos abiertos pueden dar la impresión de un destino “muy preparado” para el turismo rural. Hoy por hoy, es más parada tranquila en un viaje por la zona que centro turístico con muchas actividades organizadas. Eso puede ser una ventaja si buscas precisamente eso: poco ruido, poca gente y tiempo lento.

Errores típicos

  • Llegar con expectativas de “pueblo monumental”: aquí no vas a encontrar un casco histórico lleno de iglesias y palacios. Lo que hay es vida rural actual.
  • Pensar que se puede ir sin coche y moverse fácilmente: las distancias engañan y el transporte público es escaso o inexistente en según qué horarios [VERIFICAR].
  • Venir solo a “ver el pueblo” y nada más: si no vas a caminar algo por los alrededores o a usarlo como base para conocer la comarca, la visita se queda corta.

Si solo tienes…

  • 1–2 horas: aparca, recorre el casco urbano sin prisa, acércate a la iglesia, date una vuelta hacia las afueras para ver la dehesa y tómate algo en el bar del pueblo para escuchar cómo se vive aquí.
  • El día entero: combina el paseo por el pueblo con una ruta por caminos rurales (a pie o en bici), comida tranquila y, si te coincide, atardecer en la dehesa y un rato de cielo nocturno antes de volver.

Datos de interés

Comunidad
Castilla y León
Comarca
Salamanca
Costa
No
Montaña
No
Temporada
Todo el año

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