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sobre Matilla De Los Canos Del Rio
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Hay pueblos donde parece que no pasa gran cosa… hasta que rascas un poco. Matilla de los Caños del Río es uno de esos. Algo más de seiscientos vecinos, doscientas y pico casas, y aun así han salido de aquí historias que no esperarías en un sitio tan pequeño. Hace poco, por ejemplo, apareció una armadura completa del siglo XVI. Como si en el trastero de casa encontraras un coche clásico cubierto de polvo mientras tú sigues usando el utilitario de siempre.
El pueblo que se esconde tras el trigal
Llegar a Matilla tiene su punto. Sales de la A‑66 a la altura de Villares de la Reina y te metes por una carretera que atraviesa campos abiertos. Durante varios minutos lo único que ves es trigo, alguna encina suelta y alguna vaca que levanta la cabeza cuando pasas.
Y de repente aparece el pueblo.
Está en una loma suave, con las casas agrupadas y las calles subiendo y bajando sin mucho orden. Desde lejos ya se ve la iglesia de San Pedro Apóstol, que domina bastante el perfil del pueblo. Cuando entras y te acercas se entiende por qué la mencionan tanto los vecinos. Dentro hay retablos barrocos y una talla de Venancio Blanco, el escultor que nació aquí. Además tiene ese olor a cera y madera vieja que solo tienen las iglesias donde todavía entra gente a diario.
Cuando los muertos tienen más historia que los vivos
Por esta zona había movimiento mucho antes de que existiera Matilla. En la finca de Linejo se conservan varios dólmenes del cuarto milenio antes de Cristo. De lejos parecen montones de piedras sin más. Te acercas y cambia la cosa: eran tumbas.
El sitio además tiene buenas vistas sobre la dehesa salmantina. Encinas, terreno abierto y, según la época del año, cerdos ibéricos campando con bastante más tranquilidad que muchos trabajadores de ciudad.
Más tarde llegó el castillo del Cerro, levantado en la Edad Media. Hoy quedan restos: muros, una torre medio arruinada y poco más. Aun así, debió de ser importante, porque a comienzos del siglo XVI Fernando el Católico ordenó derribarlo. De esas decisiones políticas que, vistas siglos después, resultan difíciles de imaginar.
Lo de la armadura apareció hace relativamente poco y dio bastante que hablar fuera del pueblo. Una pieza completa del siglo XVI encontrada en la zona. La noticia salió incluso en medios de historia, aunque por aquí se comentó con bastante normalidad, como si fuera otra historia más del lugar.
El aeródromo que aparece en los libros de historia
Hay otro episodio que coloca a Matilla en el mapa histórico, aunque el pueblo lo lleva con discreción.
En el término municipal estaba el antiguo aeródromo de San Fernando. Durante los primeros meses de la Guerra Civil se utilizó como base aérea y en septiembre de 1936 se celebró allí la reunión en la que Franco fue nombrado Generalísimo de los sublevados.
Si paseas hoy por el entorno no verás grandes señales que lo recuerden. Los vecinos suelen mencionarlo de pasada, casi como quien habla de algo lejano aunque ocurriera al lado de casa.
Un consejo de amigo
Matilla no funciona como destino de día entero. Es más bien una parada corta, de paseo tranquilo por las calles, una vuelta por los alrededores y poco más. En un par de horas te haces una buena idea del sitio.
Conviene venir con lo básico resuelto: gasolina, agua, el móvil cargado. Los pueblos pequeños funcionan a su ritmo y no siempre coincide con el tuyo.
Si coincides con las fiestas de verano, normalmente alrededor de Santiago, el ambiente cambia bastante. Suele haber capea, comida popular y fuegos artificiales al caer la noche. También mantienen una romería dedicada a la Virgen del Cueto en primavera. Suben hasta el cerro, comen juntos y bajan otra vez al pueblo. Bastante sencillo, pero muy de aquí.
¿Iría yo adrede hasta Matilla? Depende de lo que busques. No es un pueblo de escaparate ni de fotos espectaculares. Pero si te gustan esos sitios donde la historia aparece donde menos te lo esperas —un dolmen en medio del campo, una torre medio caída, una armadura enterrada durante siglos—, entonces tiene su gracia. Y además está a un paso de Salamanca, así que desviarse un rato tampoco cuesta tanto.