Artículo completo
sobre Nava De Bejar
Ocultar artículo Leer artículo completo
En las estribaciones de la Sierra de Béjar, donde la provincia de Salamanca empieza a ganar altura camino del Sistema Central, se encuentra Nava de Béjar, un pequeño municipio que conserva la esencia de la España rural más auténtica. Este pueblo serrano forma parte del territorio histórico que rodea a la ciudad ducal de Béjar, y su vida diaria sigue muy ligada a esas montañas que han marcado el carácter de sus gentes durante siglos.
El paisaje que rodea Nava de Béjar es un mosaico de prados, huertos y bosquecillos donde predominan robles y castaños, salpicados de fincas y muros de piedra. La arquitectura tradicional serrana, con sus muros de piedra y balconadas de madera, se mezcla con casas más recientes, recordando que es un pueblo vivo, no un decorado. Aquí el tiempo va a otro ritmo, marcado por el ciclo de las estaciones, las tareas del campo y unas tradiciones que siguen teniendo peso en el día a día.
Visitar Nava de Béjar es acercarse a un territorio de transición, donde la montaña y la llanura se encuentran y el paisaje cambia mucho según la época del año: verde y fresco en primavera, seco y dorado en verano, muy agradecido en otoño con los tonos de los robles y castaños. Es un destino tranquilo, pensado más para pasear sin prisa, respirar y ver cómo se vive en un pueblo pequeño de la sierra.
Qué ver en Nava de Béjar
El patrimonio religioso es el principal elemento monumental del pueblo. La iglesia parroquial preside el conjunto urbano con su arquitectura tradicional, testimonio de la religiosidad que ha marcado la vida de estas localidades serranas durante siglos. No es un templo espectacular, pero sí de los que cuentan la historia del lugar si se les dedica unos minutos de atención.
Merece la pena recorrer sus calles con calma para apreciar los detalles de la arquitectura popular: portones de madera gastados por el uso, dinteles de piedra labrada con fechas y cruces, y las típicas casas serranas adaptadas al clima de montaña. El casco es pequeño, en menos de una hora se puede dar una vuelta completa con paradas para mirar, así que conviene tomárselo con calma y fijarse.
El entorno natural es uno de los grandes valores de Nava de Béjar. Los alrededores del municipio permiten paseos sencillos por caminos rurales que salen desde el mismo pueblo, entre prados, fincas y zonas arboladas. No son grandes rutas de alta montaña, sino recorridos suaves, de los que se pueden hacer en una mañana, con vistas al valle y, en días despejados, a las cumbres más altas de la Sierra de Béjar.
La proximidad a Béjar (a apenas 10 kilómetros) facilita complementar la visita con un recorrido por esta histórica ciudad, conocida por su pasado textil, su Palacio Ducal y su judería medieval. También resulta interesante acercarse hasta Candelario, con sus famosas regaderas y su arquitectura serrana bien conservada, para tener una visión más completa de la zona.
Qué hacer
La red de senderos que atraviesa el término municipal permite realizar rutas de diferente dificultad, tanto para caminantes experimentados como para quienes solo quieren dar un paseo de tarde. Muchos caminos son los mismos que tradicionalmente comunicaban los pueblos de la comarca, y hoy permiten descubrir rincones de gran valor paisajístico, con arroyos, praderas y pequeñas manchas de bosque. No esperes una señalización de parque nacional: aquí ayuda mucho preguntar en el propio pueblo por “el camino a…” o “la vuelta corta”.
Para los aficionados al cicloturismo, las carreteras secundarias que serpentean por la zona tienen pendientes moderadas y, por lo general, poco tráfico. Son buenos recorridos para disfrutar del paisaje sobre dos ruedas, enlazando Nava de Béjar con otros pueblos de la comarca y con Béjar. En invierno conviene tener en cuenta el frío y la posible presencia de hielo a primera hora.
La gastronomía local forma parte importante de la visita, aunque la mayor parte de la oferta hostelera se concentra en Béjar y en otras localidades cercanas. En la zona se puede degustar cocina tradicional serrana: calderetas, patatas meneás, embutidos ibéricos y las judías de El Barco, muy presentes en los menús de la comarca. El clima de montaña favorece la producción de hortalizas y la cría de ganado, algo que se nota en la calidad de los productos, incluso en lo que se vende en pequeñas tiendas y mercados de los alrededores.
Los amantes de la micología encuentran en otoño un momento especialmente interesante para acercarse hasta estas tierras, cuando los bosques de la zona se llenan de setas y hongos. Siempre es recomendable ir acompañado de expertos o utilizar guías especializados para esta actividad, y respetar tanto las normas locales como las propiedades privadas.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Nava de Béjar mantiene vivo el espíritu de las celebraciones rurales tradicionales. Las fiestas patronales se celebran durante el verano, generalmente en agosto, cuando el buen tiempo permite disfrutar de los actos al aire libre y muchos emigrantes regresan al pueblo. Son días de verbenas, encuentros y mucha vida en la calle.
Como en la mayoría de localidades salmantinas, las celebraciones de invierno mantienen costumbres ancestrales, con hogueras y reuniones que ayudan a combatir el frío de la sierra y a poner un poco de luz en los días cortos. La Semana Santa se vive con recogimiento, con procesiones y actos litúrgicos sencillos pero muy arraigados para quienes residen aquí todo el año.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Salamanca capital, se accede a Nava de Béjar tomando la autovía A-66 en dirección sur hasta Béjar (aproximadamente 70 kilómetros) y, desde allí, por carreteras comarcales que conectan con el municipio. El trayecto total suele rondar la hora en coche, según el tráfico y el punto de partida. La proximidad a Béjar hace que sea habitual usar esta ciudad como base y acercarse a Nava de Béjar en una escapada corta.
Consejos: Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar y ropa de abrigo si se visita fuera del verano, ya que refresca en cuanto se va el sol. Conviene no apurar con la gasolina, porque en el entorno inmediato no hay estaciones de servicio en todos los pueblos. La oferta de alojamiento se concentra principalmente en Béjar y poblaciones cercanas; Nava de Béjar encaja mejor como parada en una ruta por la comarca que como destino de varios días seguidos.
¿Cuándo visitar Nava de Béjar?
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables: temperaturas suaves, campos verdes o en tonos ocres y buena luz para pasear y hacer fotos. El verano es buena opción para quienes quieren escapar del calor de la meseta, ya que la altitud proporciona un clima más fresco, sobre todo por las noches.
En invierno el ambiente cambia bastante: días cortos, frío de sierra y, algunos años, presencia de nieve o heladas. El pueblo mantiene su vida, pero el plan deja de ser de paseos largos y pasa a ser más de calma, chimeneas y recorridos breves.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Te da tiempo a llegar hasta el pueblo, aparcar sin problema, dar una vuelta tranquila por las calles principales, acercarte a la iglesia parroquial y asomarte a los caminos que salen hacia las afueras para ver el paisaje. Con ese margen, el ritmo es relajado: paseo, alguna foto y poco más.
Si tienes el día entero
Lo más práctico es combinar Nava de Béjar con Béjar y algún otro pueblo de la zona. Puedes dedicar la mañana a una ruta a pie o en bici suave por los alrededores de Nava y, por la tarde, bajar a Béjar a conocer su casco histórico, o subir a Candelario para completar la visión de la sierra. El día cunde, pero conviene no querer abarcar demasiados sitios a la vez.
Lo que no te cuentan
Nava de Béjar es pequeño y se recorre rápido; no esperes un casco monumental ni una lista larga de visitas culturales. El valor está en el ambiente tranquilo, el campo cercano y la posibilidad de moverte por la comarca con un punto de partida sereno. Las fotos de la sierra pueden dar a entender grandes rutas de alta montaña desde la puerta de casa, pero en realidad lo que encontrarás son caminos rurales, suaves y cotidianos, donde se ve cómo se usa todavía el territorio.