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sobre Palencia De Negrilla
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Hay pueblos que parecen diseñados para una foto rápida y otros que funcionan más bien como esas casas de campo a las que vas a pasar el domingo: no hay espectáculo, pero acabas quedándote más rato del que pensabas. Palencia de Negrilla es un poco así. Un lugar pequeño, unos 140 vecinos, campos alrededor y un ritmo que no tiene prisa por cambiar.
La primera vez que llegas te da la sensación de que aquí las cosas siguen midiendo el tiempo de otra manera. Tractores que pasan despacio, puertas abiertas cuando hace bueno y bastante silencio entre semana. No es un pueblo que esté en el radar del turismo, y probablemente por eso conserva bastante bien su forma de vida agrícola.
Cómo es el pueblo
Palencia de Negrilla es sencillo de recorrer. En diez minutos ya te haces una idea de cómo está organizado: la plaza, varias calles que salen en distintas direcciones y casas de piedra o ladrillo que han ido arreglándose con los años.
No hay grandes palacios ni edificios llamativos. Lo que ves son viviendas pensadas para aguantar inviernos fríos y veranos secos. Muros gruesos, patios interiores y esas puertas de madera que muchas veces han pasado por varias capas de pintura.
Las calles son tranquilas. Algunas esquinas todavía tienen bancos donde se sienta la gente cuando cae la tarde. Ese tipo de escena que en las ciudades casi ha desaparecido.
La iglesia y la plaza
La iglesia parroquial de San Juan Bautista es el edificio que más se nota al llegar a la plaza. No es enorme, pero marca el centro del pueblo. La torre se ve desde varios puntos del casco urbano y sirve un poco de referencia cuando caminas por las calles cercanas.
La plaza funciona como punto de encuentro. Allí se concentran las charlas largas, los coches que paran un momento y ese movimiento tranquilo de los pueblos pequeños donde todo el mundo se conoce.
Caminar por los alrededores
Al salir del casco urbano empiezan enseguida los caminos agrícolas. Aquí el paisaje es el de la meseta salmantina: parcelas amplias, horizontes largos y cultivos que van cambiando de color según la estación.
En primavera el campo se vuelve más verde y aparecen flores pequeñas entre los caminos. En verano domina el amarillo de los cereales. Cuando llega el invierno todo queda más desnudo, pero el cielo suele verse limpio y bastante oscuro por la noche.
Si te gusta caminar sin ruido, este es ese tipo de sitio donde lo normal es escuchar tus propios pasos sobre la tierra seca o algún pájaro cruzando el campo.
Qué se come en las casas
En pueblos así la cocina sigue siendo muy de producto cercano. Embutidos curados en la zona, platos de cuchara cuando aprieta el frío y mucho protagonismo del cordero, que en esta parte de Salamanca es bastante habitual en celebraciones familiares.
También aparecen recetas sencillas que llenan bien el estómago: guisos de legumbres, sopas contundentes o masas horneadas que suelen prepararse en días señalados.
No es cocina de exhibición. Es comida pensada para trabajar en el campo y volver con hambre.
Fiestas cuando vuelve la gente
Durante buena parte del año el pueblo es tranquilo. Pero en verano cambia el ambiente. Muchos vecinos que viven fuera regresan unos días y se nota más movimiento en las calles.
En esas semanas suelen organizarse las fiestas del pueblo. Procesiones, música por la noche y reuniones largas en la plaza. Nada gigantesco, pero sí muy vivido por la gente de aquí.
Ese momento en el que el pueblo recupera voces que el resto del año están en otras ciudades.
Cómo llegar
Palencia de Negrilla está en la provincia de Salamanca, en una zona muy rural al norte de la capital. Desde Salamanca ciudad se llega en coche en menos de una hora por carreteras comarcales que atraviesan campos abiertos.
El acceso es sencillo y dentro del pueblo no hace falta buscar demasiado para aparcar. De hecho, lo mejor es dejar el coche cerca de la plaza y caminar un poco. En sitios así se entienden mejor las cosas cuando vas despacio.