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sobre Asturianos
Puerta de entrada a la comarca de Sanabria con paisaje de transición entre valle y montaña; destaca por sus bosques de robles y castaños y su arquitectura de pizarra
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En plena comarca de Sanabria, a 968 metros de altitud, Asturianos es uno de esos pueblos zamoranos donde todavía se escuchan más vacas que coches. Con apenas 252 habitantes, esta pequeña aldea de montaña mantiene bastante bien la construcción tradicional de la zona: piedra, pizarra, madera y calles que se caminan mejor despacio que con prisas.
El municipio comparte nombre con el Principado vecino, aunque aquí el carácter es sanabrés de pura cepa. Nada de aglomeraciones ni postureo rural: el ritmo lo marcan el campo y la gente que vive todo el año. Las casas de piedra, los corredores de madera y las calles empedradas son, más que “bonitas”, funcionales: fruto de muchos inviernos duros y veranos suaves.
Asturianos funciona sobre todo como base tranquila para moverse por Sanabria. Está cerca de las rutas principales, pero un poco apartado del ruido de los grandes focos turísticos de la zona. Desde aquí es fácil salir a conocer el entorno y volver a dormir a un pueblo donde, a partir de cierta hora, lo más ruidoso suele ser algún perro o un tractor tardío.
¿Qué ver en Asturianos?
El patrimonio de Asturianos se descubre paseando sin prisas por sus calles. La iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista, preside la localidad con su arquitectura de piedra sobria y sin florituras. No es un templo monumental ni falta que le hace: tiene el interés de las iglesias de pueblo donde todo el mundo se conoce y casi cada rincón tiene historia para los vecinos.
La arquitectura popular es quizá lo más reseñable del pueblo. Las casas tradicionales de granito y pizarra, con balconadas y corredores de madera, son un ejemplo bastante representativo de la construcción de montaña en la zona. No está todo de postal, también hay reformas más modernas y alguna casa abandonada, pero en conjunto aún se reconoce bien el estilo sanabrés.
En las afueras aparecen hórreos y pequeñas construcciones ganaderas, algunos en uso y otros medio vencidos por el tiempo, que ayudan a entender cómo se ha vivido aquí hasta hace cuatro días. No es un “museo al aire libre”, es un pueblo real, con lo bueno y lo menos fotogénico: maquinaria por ahí, alguna chapa, corrales improvisados…
Los alrededores de Asturianos son una mezcla de praderas y bosques de robles y castaños. Desde el pueblo se ven bien las sierras que cierran la comarca, con perfiles montañosos que cambian mucho según la luz del día. Los prados comunales y las zonas de pasto recuerdan que la ganadería sigue teniendo peso en la economía local.
Qué hacer
La red de caminos que sale de Asturianos permite enlazar con otras aldeas y meterse en el paisaje sin demasiada complicación técnica. Muchos de estos senderos eran, y algunos siguen siendo, las vías de paso de la gente de la comarca. Conviene preguntar en el ayuntamiento o a los vecinos por los recorridos más claros y, si los hay, los senderos señalizados de pequeño recorrido. El mapa de Google ayuda, pero aquí la mejor indicación sigue siendo un “tira por ahí y luego a la derecha”.
En otoño, los bosques de castaños y robles se vienen arriba con los colores ocres y rojizos. Es cuando más apetece caminar, aunque los días se acortan rápido y hay que controlar el reloj. En primavera, los prados se llenan de verde y flores silvestres; el campo se ve más vivo y el clima suele ser agradecido para patear, siempre con una chaqueta a mano porque refresca en cuanto se va el sol.
En invierno, si nieva y las carreteras lo permiten, el paisaje se transforma por completo. No es zona de grandes estaciones de esquí ni nada parecido, pero sí de mañanas frías, chimeneas encendidas y montes blancos que se miran mejor con gorro, guantes y calcetín grueso. Y con margen de tiempo por si toca ir más despacio con el coche.
La gastronomía tira de producto cercano y contundente, pensada para gente que trabaja fuera de casa y necesita platos con sustancia: ternera de Aliste y Sanabria, embutidos hechos como se han hecho siempre en la zona, legumbres de la comarca, guisos lentos, sopas de ajo y platos de caza en temporada [VERIFICAR]. No es cocina de postureo, es de platos hondos y pan encima de la mesa, de esas comidas que luego piden siesta o paseo lento.
En otoño, los aficionados a la micología encuentran boletus, níscalos y otras especies en los montes cercanos, siempre que el año venga bueno. Importante: respetar las normas locales, no entrar en fincas privadas sin permiso y, si no se sabe bien lo que se hace, mejor ir acompañado de alguien que conozca las setas o apuntarse a salidas organizadas en la comarca.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Asturianos sigue el patrón de los pueblos sanabreses. Las fiestas patronales en honor a San Juan Bautista se celebran en torno al 24 de junio, con actos religiosos y encuentros entre vecinos y gente que vuelve al pueblo esos días. Más que un “evento turístico” es una cita de la comunidad: quien viene de fuera es bien recibido, pero el tono es de casa.
En verano, con la vuelta de emigrantes y familiares, el pueblo recupera algo del movimiento que tuvo en otros tiempos. Suele haber comidas populares, bailes y actividades sencillas pero muy vividas por quien tiene raíces aquí. Desde fuera puede parecer poca cosa; desde dentro, es el momento del año.
La matanza del cerdo, en invierno, aguanta como tradición en muchas casas. Ya no es tan general como hace décadas, pero donde se mantiene, sigue siendo un momento importante para la familia y para la despensa: de ahí salen chorizos, salchichones, jamones y otras conservas que luego acompañan el resto del año.
Información práctica
Asturianos se encuentra a unos 50 kilómetros al noroeste de Zamora capital. Se llega por las carreteras que van hacia Puebla de Sanabria (N‑525 o A‑52) y, desde ellas, por un desvío hacia el pueblo. El tramo final es de carretera comarcal, de doble sentido pero con curvas, así que conviene no tener prisa y, si es invierno, revisar el parte meteorológico antes de salir.
Las infraestructuras turísticas en el propio pueblo son limitadas, así que lo normal es dormir o comer en otras localidades cercanas y usar Asturianos como punto tranquilo de paso o de estancia corta. Mejor mirar con antelación las opciones de alojamiento en la comarca y no confiar en “ya veremos allí” en temporada alta o en pleno invierno.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar por caminos y calles irregulares, y capas de ropa: incluso en primavera y otoño refresca en cuanto cae el sol. En invierno, el frío se nota de verdad, también por las noches si el alojamiento no está bien calefactado.
Si solo tienes unas horas
- Paseo tranquilo por el casco: iglesia, calles principales y alrededores.
- Acercarte a la zona de prados y bordes del pueblo para ver el paisaje y la actividad ganadera.
- Tomarte el tiempo de hablar con alguien del lugar: aquí la información más interesante no está en los carteles, sino en la memoria de la gente mayor.
Cuándo visitar Asturianos
- Primavera: temperaturas suaves, mucho verde y menos gente en la carretera.
- Verano: clima agradable para dormir y buena base para moverse por toda Sanabria, aunque hay más tráfico hacia el lago y Puebla.
- Otoño: muy buena época si te interesan los colores de los bosques y las setas, con días ya más cortos.
- Invierno: ambiente puro de pueblo de montaña, frío intenso y posibles heladas o nieve; obliga a ir preparado y revisar carreteras.
Lo que no te cuentan
Asturianos es pequeño y se recorre rápido. En una mañana tranquila lo habrás caminado entero más de una vez. No esperes grandes monumentos, ni museo, ni una lista interminable de “puntos de interés”. El valor está en el ritmo del lugar, en el paisaje cercano y en usarlo como base o parada dentro de una ruta más amplia por Sanabria.
Si vienes solo pensando en un “pueblo de postal” para sacar cuatro fotos y marcharte, puede que te sepa a poco. Si lo encajas como pueblo de paso tranquilo, para estirar las piernas, respirar campo y ver cómo se vive aquí entre semana, entonces encaja mucho mejor.