Artículo completo
sobre Asturianos
Puerta de entrada a la comarca de Sanabria con paisaje de transición entre valle y montaña; destaca por sus bosques de robles y castaños y su arquitectura de pizarra
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hay pueblos a los que llegas por plan. Y otros a los que entras casi sin darte cuenta, mirando por la ventanilla del coche mientras subes por Sanabria. Asturianos es más bien de los segundos. Vas pasando prados, alguna nave ganadera, curvas suaves… y de pronto aparece el pueblo.
Aquí viven unas 250 personas. Casas de piedra, pizarra en los tejados y bastante silencio. A casi mil metros de altitud el invierno se hace notar, y eso se refleja en cómo están construidas las viviendas: muros gruesos, puertas pequeñas, todo pensado para aguantar frío y humedad.
Asturianos no intenta llamar la atención. Funciona más bien como esos sitios donde uno se queda unos días y desde ahí se mueve por la comarca. Sanabria está llena de pueblos pequeños, y este encaja en ese mapa cotidiano donde la vida sigue ligada al campo.
Caminar por el centro del pueblo
El centro se recorre rápido. Un par de calles, algunas casas bien cuidadas y otras que piden arreglo desde hace tiempo. Nada raro en pueblos de este tamaño.
La iglesia de San Juan Bautista domina la plaza. Es sobria, de piedra, sin adornos que busquen impresionar. De esas iglesias que parecen hechas más para el uso diario que para la foto.
Las casas cuentan bastante del lugar. Muchas tienen balconadas de madera o corredores cerrados para protegerse del frío. Algunas reformas modernas se notan, claro. Ventanas nuevas, tejados cambiados. Otras viviendas siguen vacías, con la madera oscurecida por los años.
En las afueras aparecen hórreos y construcciones ganaderas. Algunos aún se utilizan, otros llevan tiempo sin uso. No están puestos para enseñar nada; simplemente siguen ahí porque siempre han estado ahí.
Alrededor del pueblo se abren praderas donde suele haber vacas pastando. Más lejos aparecen manchas de robles y castaños. Es un paisaje muy típico de Sanabria: verde, ondulado, trabajado durante generaciones.
Caminos que conectan con otros pueblos
Desde Asturianos salen varios caminos rurales que comunican con aldeas cercanas. Durante mucho tiempo fueron las rutas normales para moverse entre pueblos, antes de que las carreteras lo hicieran todo más rápido.
Algunos tramos están señalizados. Otros no tanto. Si te gusta caminar, conviene llevar mapa o preguntar a algún vecino antes de salir. En esta zona los senderos se bifurcan bastante entre prados y pequeños bosques.
El otoño tiene algo especial por aquí. Los castaños empiezan a soltar hojas y los caminos se cubren de tonos marrones. El suelo puede estar embarrado, eso sí. Nada dramático, pero mejor traer botas.
En primavera el paisaje cambia por completo. Los prados se ponen muy verdes y aparecen flores silvestres por todas partes. Hay días templados y otros en los que vuelve el frío de golpe. En Sanabria eso pasa bastante.
Cuando nieva en invierno, el pueblo queda rodeado de blanco y los accesos se vuelven más lentos. No hay estaciones de esquí ni actividades montadas alrededor de la nieve. Es más bien un paisaje que se observa y ya está.
En cuanto a la comida, la cocina de la zona tira de lo que da el territorio. Carne de vacuno de Sanabria y Aliste, embutidos, legumbres y guisos de cuchara. Platos pensados para llenar el estómago después de pasar horas fuera.
En otoño también aparece otro plan muy común: salir a buscar setas. Boletus y níscalos suelen encontrarse por los bosques cercanos cuando el año viene húmedo. Aquí la regla es sencilla: coger solo lo que conoces bien y respetar fincas y montes.
Las fiestas de San Juan
La fiesta principal del pueblo gira alrededor de San Juan, a finales de junio. Es cuando muchos vecinos que viven fuera vuelven unos días.
Hay actos religiosos y reuniones entre familias. Nada grande ni pensado para atraer multitudes. Más bien un reencuentro anual que mantiene vivo el vínculo con el pueblo.
Asturianos funciona así. No como destino de cartel, sino como uno de esos lugares que siguen a su ritmo mientras alrededor todo cambia. Y eso, en una comarca como Sanabria, también forma parte del viaje.