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sobre Lubián
Último pueblo de Zamora antes de Galicia en el puerto de la Canda; alta montaña con arquitectura típica sanabresa y el santuario de la Tuiza
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Si vienes a hacer turismo en Lubián, lo primero es el coche. Aparca en la parte baja o en algún ensanche al entrar. Las calles del centro son estrechas y con pendiente. Mejor seguir a pie. El pueblo está repartido en varios núcleos y tocará caminar un poco entre ellos.
Aparcar y moverse
No hay un casco compacto ni una plaza central donde empiece todo. Lubián se reparte entre barrios y aldeas que se descuelgan por la ladera. El coche aquí estorba más de lo que ayuda.
Lo normal es dejarlo en un borde del pueblo y moverse andando. Las distancias no son grandes, pero hay cuestas. En días de niebla —bastante habituales en la zona— conviene ir con calma si sales hacia los caminos de alrededor.
Cómo es Lubián
Las casas siguen el patrón de esta parte de Sanabria: piedra, pizarra y muros gruesos. No es estética buscada. Es pura necesidad. Aquí los inviernos aprietan y el viento baja de la sierra.
El pueblo tampoco vive de cara al visitante. Hay vecinos todo el año, corrales en uso y huertas pequeñas. Algunas construcciones se ven bien mantenidas; otras acusan el paso del tiempo, como en muchos pueblos de montaña con poca población.
La posición en la frontera se nota. Galicia queda a un paso y Portugal tampoco está lejos. En el habla local todavía se cuelan palabras de un lado y otro.
Caminos hacia la frontera
Alrededor de Lubián salen bastantes pistas y senderos. Muchos siguen trazados antiguos que durante años sirvieron para cruzar la frontera sin pasar por controles. De ahí viene el nombre de la llamada Ruta de los Contrabandistas.
No esperes señalización perfecta. En algunos tramos hay marcas y en otros no. Llevar un mapa sencillo o el móvil con GPS evita dar vueltas.
El paisaje mezcla robles, castaños y zonas de pasto. A veces el valle del Tuela aparece de golpe al cambiar de rasante. No hay miradores construidos ni paneles. Son puntos del camino donde la vista se abre y ya está.
Las carreteras secundarias también se usan bastante para bici. Tráfico hay poco, pero las pendientes se hacen largas.
Vida rural y lo que sigue pasando
Aquí el calendario sigue bastante ligado al campo. En otoño es normal ver gente recogiendo castañas o buscando setas por los sotos cercanos. Conviene saber lo que se coge; no todo vale.
La matanza del cerdo todavía se mantiene en algunas casas cuando llega el frío. De ahí salen embutidos que luego duran meses. Es una costumbre cada vez menos común, pero en la zona aún se ve.
Las fiestas patronales suelen celebrarse en verano, con vecinos que vuelven esos días al pueblo. Algunas aldeas cercanas organizan también romerías o celebraciones pequeñas. Nada muy grande.
Consejo rápido
No vengas con prisa. Lubián se recorre caminando y sin plan cerrado. Aparca, cruza los barrios y sal un rato por los caminos. Si buscas monumentos o un casco histórico muy definido, este no es el sitio. Aquí lo interesante está más en el paisaje y en cómo se vive la frontera.