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sobre Pedralba de la Pradería
Municipio de montaña con varias pedanías como Calabor (aguas medicinales); entorno salvaje y fronterizo con gran riqueza natural
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En el corazón de la comarca de Sanabria, donde las montañas zamoranas dibujan un paisaje de verdes intensos y piedra centenaria, se encuentra Pedralba de la Pradería. Este pequeño municipio de menos de 200 habitantes se alza a casi mil metros de altitud, conservando la esencia de esa Castilla y León más auténtica, la que habla en voz baja y sin espectáculo, pero se queda en la memoria de quien se para a escuchar.
Pedralba forma parte de ese mosaico de aldeas serranas que salpican Sanabria, territorio de frontera entre las provincias de Zamora y León, donde la arquitectura tradicional se funde con un entorno natural muy inmediato: prados pegados al pueblo, huertas, monte cercano. Aquí el tiempo parece fluir a otro ritmo, marcado por el sonido del agua de los arroyos, el campaneo de las iglesias y el viento que baja de las montañas… y también por el tractor que pasa y los vecinos que se paran a charlar en la puerta.
Visitar Pedralba de la Pradería es adentrarse en la España interior que no sale en los folletos, más de vida diaria que de postal. No es un pueblo monumental, es un sitio tranquilo para pasear un rato, tomar aire y usarlo como base o parada dentro de una ruta más amplia por Sanabria.
¿Qué ver en Pedralba de la Pradería?
El patrimonio de Pedralba es el propio de una localidad serrana castellana, donde la arquitectura popular se convierte en el principal atractivo. Sus casas de piedra y pizarra, con corredores de madera y balcones que en primavera y verano suelen llenarse de flores, configuran un conjunto urbano que invita al paseo pausado por sus calles, muchas aún empedradas o con el firme irregular de toda la vida. Se recorre rápido, pero conviene hacerlo despacio y con mirada curiosa.
La iglesia parroquial preside el núcleo del pueblo, como es habitual en estas tierras, y constituye el centro neurálgico de la vida comunitaria. No es una gran joya del románico ni nada parecido, pero sí un buen ejemplo de templo rural sanabrés. Merece la pena rodear el edificio, fijarse en la espadaña, en los detalles de la piedra y en ese aire algo sobrio que tienen estas iglesias de montaña, más de uso diario que de escaparate.
Los alrededores de Pedralba ofrecen un paisaje de media montaña característico de Sanabria: prados verdes que se extienden entre pequeñas elevaciones, arroyos de agua cristalina, bosques de roble y castaño que en otoño se ponen especialmente vistosos, y una red de caminos rurales que conectan el pueblo con las aldeas vecinas. No esperes grandes miradores con barandilla y panel explicativo; aquí las vistas se disfrutan desde un camino, una portera o un pequeño alto a las afueras, sobre todo al amanecer o al atardecer, cuando la luz cambia rápido y el pueblo queda enmarcado entre montes.
La piedra está presente en cada rincón: en los muros de las casas, en las fuentes tradicionales donde aún bebe el ganado, en los antiguos lavaderos que recuerdan tiempos no tan lejanos. Esta arquitectura funcional forma parte del patrimonio etnográfico de la zona y agradece una mirada atenta y sin prisas.
¿Qué hacer en Pedralba de la Pradería?
Pedralba de la Pradería es un destino tranquilo para quien disfruta del senderismo sencillo y las actividades al aire libre sin grandes complicaciones. Desde el pueblo parten varias rutas y caminos que permiten explorar el territorio de Sanabria, descubriendo aldeas próximas, prados de montaña y bosques autóctonos. Muchos son caminos de uso tradicional, así que no esperes siempre señalización de parque natural: mejor estudiar un poco el mapa antes y preguntar a los vecinos, que suelen saber bien por dónde tirar y por dónde no meterse.
Los caminos rurales son aptos para caminatas de distinta dificultad, desde paseos familiares hasta rutas más largas si se enlazan pistas y sendas con algo de planificación previa y mapa en mano. En verano, mejor evitar las horas centrales del día, y el resto del año conviene contar con barro, charcos y algo de humedad en cuanto te salgas del asfalto.
La observación de fauna es otra actividad recomendable. En estos parajes habitan especies típicas de la montaña castellanoleonesa: aves rapaces, corzos, jabalíes y una rica variedad de aves forestales. No es un safari, y casi nunca vas a ver al bicho “de catálogo” justo donde quieres, pero con paciencia y andando en silencio, sobre todo a primera hora o al anochecer, es fácil ver rastro de vida en el monte: huellas, excrementos, zonas de hozadero… Los aficionados a la fotografía de naturaleza encontrarán aquí escenarios agradecidos para captar el paisaje serrano en distintas estaciones, sin demasiado ruido visual ni líneas de alta tensión arruinando la foto cada dos por tres.
La gastronomía local es otro de los atractivos, aunque en el propio pueblo la oferta comercial es limitada y conviene contar con coche para moverse a localidades cercanas. Aquí la “ruta gastronómica” real suele pasar por casa de alguien del pueblo o por los bares y restaurantes de los alrededores. La cocina tradicional sanabresa sigue muy presente en las casas: productos como la ternera de Sanabria, las setas de temporada, las truchas de los ríos cercanos y los embutidos artesanales forman parte de una tradición culinaria que merece ser degustada si tienes ocasión. Los guisos de caza, las patatas con costilla y el pulpo "a la sanabresa" son platos típicos de la zona que todavía se preparan en muchas cocinas familiares.
La cercanía a otros puntos de interés de Sanabria permite organizar excursiones a pueblos vecinos, al Parque Natural del Lago de Sanabria o a la Sierra de la Culebra, creando itinerarios que combinan naturaleza, cultura rural y carreteras secundarias de las que se disfrutan sin prisa.
Fiestas y tradiciones
Como en la mayoría de pueblos zamoranos, el calendario festivo de Pedralba de la Pradería está marcado por las celebraciones religiosas y las fiestas patronales. Durante el verano, generalmente en agosto [VERIFICAR], el pueblo celebra sus fiestas mayores, momento en el que regresan los emigrantes y antiguos vecinos para reencontrarse con sus raíces. Estos días se organizan actividades tradicionales, verbenas y comidas populares que llenan de vida unas calles que el resto del año son bastante tranquilas.
Las romerías y celebraciones relacionadas con el ciclo agrícola también forman parte del calendario, aunque la despoblación ha ido transformando algunas de estas tradiciones y en ocasiones se concentran los actos en menos días. Aun así, la Semana Santa y otras festividades del calendario litúrgico mantienen su celebración, conservando rituales sencillos pero muy arraigados. Aquí la fiesta va más de reencuentro y costumbre que de grandes carteles o espectáculos.
Información práctica
Pedralba de la Pradería se encuentra a unos 55 kilómetros de Zamora capital. Para llegar, se toma la carretera que conduce hacia Sanabria, atravesando un paisaje que va ganando altura y frondosidad conforme nos adentramos en la comarca. El acceso es sencillo por carretera, aunque es recomendable informarse previamente sobre el estado de las vías en invierno, cuando las nevadas pueden complicar la circulación y no siempre se limpia todo a la misma velocidad que en la capital o en la autovía.
La mejor época para visitar Pedralba es desde finales de primavera hasta principios de otoño, cuando el clima es más benigno y la naturaleza está más agradecida para caminar. Los verdes primaverales, los días largos del verano y los ocres otoñales ofrecen sensaciones distintas, y el invierno, aunque más duro y frío, tiene su punto si te gusta ver los pueblos con niebla, lluvia o incluso nieve. Con hielo en la carretera y niebla cerrada, la conducción se vuelve entretenida, así que mejor no apurar horarios.
Es aconsejable llevar calzado cómodo para caminar, ropa de abrigo (incluso en verano refresca por la noche) y, si vas a moverte por pistas, algo de ropa que no te importe manchar de barro. La tranquilidad del entorno invita a la desconexión digital, aunque conviene tener en cuenta que la cobertura móvil puede ser limitada en algunas zonas y que no todo se paga con tarjeta, así que algo de efectivo no sobra.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el casco del pueblo, sin plano ni prisas: subir hasta la iglesia, callejear un poco y asomarte a las afueras para ver los prados y el monte cercano.
- Acercarte a alguna fuente o lavadero tradicional y fijarte en cómo se ha organizado siempre aquí el agua: conducciones, pilas, abrevaderos.
- Sentarte un rato en un banco o en la plaza (si hace buen tiempo) y simplemente observar el ritmo del pueblo: quién entra, quién sale, cómo se saluda la gente. No pasa “mucho”, pero lo poco que pasa es real.
Si tienes el día entero
- Combinar el paseo por Pedralba con la visita a otros pueblos cercanos de la comarca de Sanabria, encajando la ruta con una comida en la zona.
- Hacer una ruta a pie enlazando caminos rurales desde el pueblo y volviendo por otra pista distinta, preparando antes el recorrido (mapa o app y, si puedes, algún consejo local).
- Añadir una escapada al Lago de Sanabria o a la Sierra de la Culebra, usando Pedralba como parada tranquila para estirar las piernas, dar un paseo corto y, si coincide, tomar algo.
Errores típicos al visitar Pedralba de la Pradería
- Esperar “atracciones” turísticas: Pedralba es pequeño y se ve rápido. No vengas buscando un casco histórico monumental ni una lista larga de museos y visitas guiadas. Su interés está en el conjunto, en el entorno y en la vida diaria.
- Ir con prisas de carretera: Mucha gente pasa rumbo a otros destinos de Sanabria y solo ve la carretera. Merece la pena parar al menos un rato, pero sin pretender hacerlo todo en media hora entre curvas.
- Confiarse con el tiempo en invierno: La nieve y el hielo pueden aparecer de un día para otro. Si vienes en los meses fríos, revisa previsión, gasolina y horarios de luz; atardecer temprano y carretera de montaña no son la mejor combinación para improvisar.
Lo que no te cuentan de Pedralba
Pedralba de la Pradería es más una parada dentro de una ruta por Sanabria que un destino para pasar varios días sin moverte. En una mañana se ve bien el pueblo y algo de los alrededores; a partir de ahí, lo razonable es combinarlo con otros puntos de la comarca.
Las fotos que se ven en redes suelen centrarse en un par de rincones muy fotogénicos y en el paisaje de alrededor. El pueblo es agradable, sí, pero es un lugar de vida real, con casas nuevas mezcladas con antiguas, naves, huertos, coches aparcados donde se puede… Si vas con esa idea, encaja mucho mejor que si te imaginas un decorado de piedra perfecto y homogéneo. Y eso, en parte, es precisamente lo que tiene de valor.