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sobre Pías
Municipio de alta montaña en el límite con Galicia; destaca por sus paisajes verdes
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Hay pueblos que parecen diseñados para una foto rápida y seguir conduciendo. Y luego está Pías. Aquí el tiempo va más despacio, como cuando llegas a casa de un familiar del pueblo y lo primero que haces es sentarte un rato antes de pensar en moverte. El turismo en Pías tiene bastante de eso: parar, mirar alrededor y aceptar el ritmo que marca la montaña.
Está en la comarca de Sanabria, en la parte noroeste de Zamora, y ronda el centenar de vecinos. A más de mil metros de altitud, el clima aprieta en invierno y refresca incluso en verano. Se nota en cómo están construidas las casas y en la forma de vivir.
Un pueblo pequeño que no pretende aparentar
Pías no tiene grandes monumentos ni plazas pensadas para hacerse selfies. Lo que hay es arquitectura de la que salió de lo que había a mano: piedra, madera y pizarra.
Las casas suelen tener corredores de madera y muros gruesos. Algunas conservan hórreos en las fincas cercanas, esos graneros elevados que aquí se usaban para guardar grano y protegerlo de la humedad y de los animales. La iglesia parroquial es sencilla, bastante en la línea de muchos pueblos de Sanabria: sólida, práctica y sin demasiados adornos.
Al caminar por el pueblo te cruzas con calles cortas y alguna cuesta que te recuerda rápido que estás en terreno de montaña.
El paisaje que rodea Pías
El entorno es lo que de verdad marca el carácter del sitio. Bosques de roble y castaño, praderas abiertas y arroyos que bajan entre piedras. Dependiendo del mes el paisaje cambia bastante.
En primavera todo está muy verde. En verano el campo se vuelve más dorado. Y en otoño aparece ese tono cobrizo que tienen los robledales cuando empiezan a caer las hojas.
Desde las zonas más altas se alcanzan a ver las montañas cercanas que conectan con la Sierra de la Culebra y con los Montes de León. No es un mirador preparado con barandillas y carteles. Es simplemente el paisaje que tienes delante.
Caminos que usan los vecinos desde hace años
Alrededor del pueblo salen varios caminos rurales. Algunos siguen rutas que tradicionalmente usaban pastores o gente que iba a trabajar las fincas. No esperes señalización detallada cada pocos metros.
Son paseos tranquilos. Caminos de tierra, praderas y pequeños bosques donde se oye más el agua de un arroyo que el ruido de coches. Si te gusta caminar sin mirar demasiado el reloj, este tipo de terreno funciona bien.
Conviene ir con calzado decente porque hay zonas húmedas y raíces en el suelo, sobre todo después de lluvias.
Animales que casi siempre se ven antes en huellas
La fauna está ahí, aunque no siempre se deja ver. Lo normal es encontrar señales: huellas en el barro, ramas movidas o rastros entre la hierba.
Por esta zona no es raro que haya ciervos o jabalíes moviéndose por el monte. También rapaces sobrevolando los claros del bosque. Si te gusta fijarte en los detalles, traer prismáticos no es mala idea.
Y si madrugas, el monte tiene otro ambiente. Más silencioso todavía.
Comida de casa y temporada de setas
La cocina que se mueve por esta zona es la que uno espera en un pueblo de montaña: platos contundentes y bastante ligados a lo que da el entorno. Carne, productos curados, setas cuando toca y trucha de los ríos cercanos.
El otoño aquí gira bastante alrededor de las setas. Boletus, níscalos y otras especies aparecen en los montes cuando llega la humedad. La gente del lugar suele tener muy claro qué coger y qué no. Si no sabes, mejor ir con alguien que sepa o limitarse a mirar.
Con las setas no se juega.
Cuando el pueblo se llena un poco más
Durante buena parte del año Pías es muy tranquilo. Pero en verano, sobre todo en agosto, el ambiente cambia.
Muchos vecinos que viven fuera vuelven unos días y el pueblo recupera movimiento. Se organizan celebraciones sencillas, encuentros entre vecinos y comidas largas. Nada muy grande, más bien reuniones de las de toda la vida.
Ese contraste se nota. Pasas de un pueblo muy callado a uno donde la gente vuelve a verse después de meses.
Pías no intenta competir con los destinos más conocidos de Sanabria. Es otro tipo de lugar. De los que funcionan mejor si vienes con pocas expectativas y ganas de caminar un rato, mirar el paisaje y dejar que el día vaya pasando sin demasiada prisa.