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sobre Pías
Municipio de alta montaña en el límite con Galicia; destaca por sus paisajes verdes
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En el corazón de la comarca de Sanabria, donde las montañas zamoranas dibujan horizontes de granito y roble, se encuentra Pías, una pequeña aldea que parece detenida en el tiempo. Con alrededor de un centenar de habitantes y situada a más de mil metros de altitud, este enclave rural representa bien esa Castilla que resiste, con más ausencias que ruido y con la vida muy ligada todavía al clima y al campo.
El paisaje que rodea Pías es de una belleza austera y rotunda. Estamos en plena Sierra de la Culebra y la Carballeda, un territorio de valles, arroyos y monte bajo donde el silencio manda casi siempre. A unos 1.060 metros sobre el nivel del mar, el aire se nota limpio y las noches despejadas, cuando las hay, permiten un cielo estrellado que en ciudad ya casi se ha olvidado.
Pías forma parte de ese collar de aldeas sanabresas que han sabido conservar buena parte de su arquitectura tradicional de piedra y pizarra, sus caminos, y ese ritmo pausado de vida que muchos daban por perdido. No es un “destino turístico” al uso: es un pueblo pequeño, tranquilo, para quien busca estar un rato en calma y caminar sin prisa.
¿Qué ver en Pías?
El patrimonio de Pías es modesto pero significativo, como corresponde a una aldea de montaña. Su iglesia parroquial mantiene la sobriedad característica de la arquitectura religiosa de la zona, con muros de mampostería y espadaña de piedra. No hay grandes monumentos, y eso conviene tenerlo claro: el valor está más en el conjunto y en el entorno que en piezas concretas.
Las casas de piedra con corredores de madera, los hórreos que aún se conservan en algunas propiedades y los antiguos caminos ganaderos que atraviesan el pueblo son testimonio vivo de siglos de vida rural en estas montañas. Pasear por sus calles es como abrir un libro de etnografía: cada rincón cuenta una historia de trabajo, de adaptación al medio y de comunidad, aunque hoy muchas puertas estén ya cerradas buena parte del año.
Los alrededores inmediatos ofrecen paisajes agradables para pasear sin grandes esfuerzos. Los prados de siega que rodean el pueblo, salpicados de robles y castaños, forman un mosaico que cambia mucho con las estaciones: verde intenso en primavera, dorado en verano, ocres profundos en otoño. En las proximidades discurren varios arroyos de montaña que alimentan pequeñas cascadas y pozas, que se descubren mejor caminando que buscándolas en un mapa o en una lista de “sitios que ver”.
Desde las zonas más altas del término municipal se puede contemplar la Sierra de la Culebra al sur y, hacia el norte, las estribaciones de los Montes de León. El Lago de Sanabria queda algo más alejado y no es un fondo de postal desde el pueblo, pero está en la misma comarca y se combina bien en una escapada de varios días.
Qué hacer
Pías es un buen punto de partida para rutas de senderismo tranquilas por la comarca de Sanabria. Los caminos rurales que parten del pueblo conectan con otras aldeas cercanas a través de paisajes de montaña media, donde los bosques atlánticos alternan con pastizales. Son rutas de dificultad baja a moderada, más de paseo largo que de gran travesía, y se disfrutan mejor si no vas mirando el reloj ni midiendo kilómetros.
La observación de fauna también tiene su interés. Esta es tierra de lobos, ciervos, corzos y jabalíes, aunque verlos requiere paciencia, salidas al amanecer o al atardecer y, sobre todo, discreción. Lo más habitual es cruzarse con rastros (huellas, excrementos, pelo en los alambres) y con aves rapaces que sobrevuelan estos valles, especialmente en días claros. Conviene llevar prismáticos y ropa discreta; aquí el que manda es el monte, no el fotógrafo.
La gastronomía sanabresa tiene en Pías sus versiones más caseras. No hay una gran oferta de hostelería, así que conviene llegar con eso previsto o contar con moverse a otros pueblos cercanos para comer. La cocina tradicional de la zona se basa en productos de proximidad: carnes de ternera, embutidos, setas de temporada (boletos, níscalos) y trucha de río. Las legumbres, sobre todo alubias y garbanzos, sostienen platos fuertes que sientan bien cuando refresca.
En otoño, la recogida de setas se convierte en una actividad muy extendida. La micología tiene tradición en estas tierras, y los bosques cercanos suelen ser generosos en temporada, siempre respetando cupos, licencias y normas de recolección. Si no conoces bien las especies, mejor ir con alguien que sepa o centrarse en las que sean muy fáciles de identificar.
Fiestas y tradiciones
Como muchas aldeas de la comarca, Pías celebra sus fiestas patronales durante los meses de verano, generalmente en agosto, cuando regresan los emigrantes y el pueblo recupera por unos días voces en todas las casas. Son celebraciones sencillas, de las de toda la vida: verbena, misa, algún juego tradicional y comidas compartidas.
La matanza del cerdo, aunque ya no se celebra como antaño en todas las casas, sigue siendo una tradición viva en algunos hogares durante el invierno. Más que un acto folclórico es un trabajo en familia, que conserva técnicas de elaboración de embutidos y conservas que aquí todavía se aplican con naturalidad.
En el calendario festivo sanabrés hay también celebraciones comarcales, como la romería del Lago de Sanabria en verano, que congrega a habitantes de los pueblos de la zona. Si encaja con tus fechas, es una manera de ver cómo se relaciona la gente de toda la comarca más allá de cada pueblo.
Cuándo visitar Pías
La mejor época para visitar Pías depende de lo que busques. La primavera (mayo-junio) suele traer temperaturas suaves, agua en los arroyos y prados muy verdes. El verano es cuando hay más vida en el pueblo, con clima razonablemente agradable pese a la altitud, aunque en las horas centrales también aprieta el sol.
El otoño es la estación más agradecida para quien disfruta del paisaje: los colores del monte y de los castaños cambian casi de semana en semana y es el momento fuerte de las setas. El invierno es duro: frío, heladas, posibles nevadas y días cortos. Si te animas en esa época, ve preparado para carreteras con hielo, bares cerrados en varios días de la semana y un pueblo muy tranquilo, con menos movimiento aún que el resto del año.
Lo que no te cuentan
Pías es pequeño y se recorre a pie en poco rato. Si tu idea es pasar varios días solo en el pueblo, conviene combinarlo con visitas a otros núcleos de la zona o con rutas de senderismo, porque el casco urbano en sí da para un paseo de una o dos horas, no mucho más. Es un buen lugar para “estar”, pero el contenido del viaje lo pondrás tú con lo que te muevas por la comarca.
Las fotos que se encuentran por internet suelen centrarse en los rincones más cuidados y los días más claros. La realidad, como en casi todos los pueblos de montaña, mezcla casas arregladas con otras cerradas o en ruina, y días luminosos con muchos otros de niebla o lluvia. No es un decorado, es un lugar donde la gente ha vivido y sigue viviendo, cada vez menos, y eso se nota en los portones cerrados y en los corrales vacíos.
En cuanto al acceso, se llega por carreteras comarcales que, aunque están asfaltadas, son estrechas y con curvas. Con calma y sin prisas no tienen mayor complicación, pero no esperes grandes vías rápidas ni gasolineras a cada poco. Mejor salir con el depósito medio lleno como mínimo.
Errores típicos al visitar Pías
- Esperar “mucho que ver” en el propio pueblo: Pías es una aldea pequeña. El interés está en el conjunto rural y en el paisaje circundante, no en ir tachando lugares de una lista.
- Calcular mal los tiempos: las distancias en kilómetros engañan; entre curvas, paradas y fotos, los desplazamientos por la comarca llevan más de lo que parece en el mapa.
- Confiar en encontrar siempre dónde comer o comprar: puede haber días con bares cerrados y tiendas limitadas. Conviene llevar algo de comida y agua en el coche, sobre todo fuera del verano.
Información práctica
Para llegar a Pías desde Zamora capital hay que recorrer aproximadamente 130 kilómetros por la A‑52 (Autovía de las Rías Bajas) hasta Puebla de Sanabria, y desde allí continuar por carreteras comarcales hacia el norte. El último tramo es más lento, así que lo razonable es contar con unas dos horas largas de viaje en total, según tráfico y paradas.