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sobre Fariza
Corazón de los Arribes del Duero zamoranos con miradores espectaculares; famoso por la romería de los Viriatos y su paisaje de cañones fluviales
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A primera hora, cuando el sol apenas levanta por encima de las encinas, Fariza todavía suena a campo abierto. Algún coche pasa despacio, una puerta de madera se cierra con golpe seco, y el aire trae olor a tierra fría. El pueblo despierta sin prisa.
Fariza queda en el oeste de Zamora, dentro de la comarca de Sayago y muy cerca del tramo del Duero donde el río empieza a encajarse entre paredes de granito. Aquí viven menos de quinientas personas. La vida sigue un ritmo tranquilo, marcado por el campo, el viento y las idas y venidas hacia Zamora o Portugal.
Fariza y los arribes del Duero
El término de Fariza forma parte del paisaje de los Arribes del Duero. A pocos kilómetros del casco urbano el terreno cambia de golpe. La meseta se rompe y aparecen los cortados: paredes de roca que caen hacia el río en un silencio que impresiona más cuando no hay nadie alrededor.
En días claros se ve el Duero dibujando curvas muy abajo, oscuro y lento. A media mañana empiezan a aparecer las corrientes de aire caliente. Entonces llegan los buitres leonados. Planea alguno durante minutos, sin mover apenas las alas.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por esta zona. En verano el calor se queda atrapado en el fondo del cañón y la subida de vuelta puede hacerse larga.
Calles de granito y vida tranquila
El centro de Fariza se recorre en poco tiempo. Calles estrechas, muros de piedra oscura y portones grandes que dan a corrales interiores. Muchas casas siguen construidas con granito de la zona, con piezas irregulares que cambian de color según la luz del día.
La iglesia parroquial dedicada a Santa María ocupa uno de los puntos más visibles del pueblo. El edificio mezcla elementos antiguos, algunos muy gastados por el tiempo. En la entrada todavía se conservan lápidas viejas incrustadas en el suelo.
Al caminar aparecen detalles pequeños: una fuente con el caño pulido por años de uso, un banco de piedra pegado a una fachada, cables que cruzan la calle entre balcones. No hace falta buscar nada concreto. Basta con andar despacio.
Miradores sobre el cañón
En los alrededores hay varios puntos desde los que asomarse al cañón del Duero. Algunos están señalizados; otros se alcanzan por pistas agrícolas o caminos de tierra. Conviene ir con calma y fijarse en el terreno, porque no siempre hay barandillas ni indicaciones.
Desde arriba el paisaje cambia según la estación. En primavera se ven manchas verdes en las laderas. En verano domina el gris del granito y el polvo de los caminos.
Con algo de suerte se pueden ver aves que utilizan los cortados para anidar. Cigüeña negra, alimoches o águilas suelen moverse por estas paredes rocosas. Unos prismáticos ayudan a distinguirlas cuando vuelan alto.
Caminos que bajan hacia el río
Algunos senderos antiguos descienden desde la meseta hasta las riberas del Duero. Durante siglos sirvieron para llegar a pequeñas parcelas donde se cultivaban viñas, almendros u olivos. Todavía quedan restos de terrazas sostenidas por muros de piedra seca.
La bajada suele ser llevadera. El problema llega al subir, sobre todo cuando el sol aprieta. Llevar agua y empezar temprano es lo más sensato.
Mientras se camina aparecen encinas dispersas, arbustos bajos y alguna higuera que crece donde puede. El sonido cambia también: menos viento y más insectos.
Cuándo acercarse a Fariza
En agosto el pueblo se llena más de lo habitual. Muchas familias regresan esos días y las calles tienen más movimiento. Hay fiestas patronales y las noches se alargan en las plazas.
El resto del año Fariza es mucho más tranquila. En invierno el viento de Sayago puede ser duro. En primavera el campo alrededor se vuelve más verde y el aire huele a tomillo cuando calienta el sol.
Quien llegue aquí encontrará un pueblo pequeño, sin grandes artificios. Casas de granito, campo abierto y el Duero trabajando en silencio unos kilómetros más abajo. A veces eso basta.