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sobre Pereruela
Famoso mundialmente por su alfarería tradicional y hornos de barro; puerta de entrada a Sayago con paisaje de encinas y rocas
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En el corazón de la comarca de Sayago, donde la meseta castellana se rompe en valles y cortados y el horizonte se extiende sin obstáculos, Pereruela es uno de esos pueblos que han vivido muchos años de espaldas al turismo. Este municipio de unos 500 habitantes guarda un tesoro que sí ha traspasado fronteras: su tradición alfarera, una de las más conocidas y constantes de Castilla y León.
Llegar a Pereruela es entrar en la parte más tranquila de Sayago, esa comarca dura y poco transitada donde el tiempo va a otro ritmo. Hay calles sin grandes monumentos, casas de piedra con portalones de madera y mucha vida de pueblo de verdad. Pero aquí el centro de todo es el barro: ese material humilde, trabajado durante siglos, que ha marcado la economía y la forma de vivir del pueblo.
La visita a Pereruela tiene sentido para quien busca un turismo pausado, sencillo, donde el patrimonio inmaterial pesa tanto como las piedras. Aquí la alfarería no es un decorado para el viajero: sigue siendo un oficio, con talleres en activo, hornos encendidos y gente que vive de ello, con sus ritmos y sus temporadas mejores y peores.
¿Qué ver en Pereruela?
El Centro de Interpretación de la Alfarería es la visita básica para entender el pueblo. No es un gran museo, pero sí un espacio donde se resume la historia y evolución del oficio en Pereruela, que se remonta a épocas muy antiguas [VERIFICAR]. Las piezas —cántaros, botijos y las "perulas" que dan nombre al municipio— ayudan a entender por qué desde aquí salía vajilla y recipientes para buena parte de Castilla.
Caminando por el pueblo irás viendo alfares tradicionales y naves modernas. En algunos talleres todavía se trabaja el barro con técnicas de siempre, mezcladas con formas de producción más actuales. Conviene preguntar con antelación si permiten visitas y en qué horario, porque no todos funcionan igual ni están abiertos al público cada día. Cuando se puede entrar, ver el amasado del barro, el torno y la cocción en horno de leña ayuda a poner en contexto todas esas cazuelas que se ven luego en las tiendas y ferias.
La iglesia parroquial, de estilo castellano sobrio, se ve rápido. No es una joya monumental, pero encaja con la arquitectura religiosa de la zona: muros recios, pocas florituras y reformas acumuladas a lo largo de los siglos. Es más un punto de referencia en el trazado del pueblo que una visita larga.
En los alrededores, el paisaje es el típico sayagués: penillanura granítica, algún valle encajado, dehesas con encinas y robles, fincas cercadas con paredes de piedra y una luz muy limpia en días despejados. No esperes miradores espectaculares acondicionados; lo que hay son vistas abiertas desde caminos, cuestas y entradas de fincas, de las que se disfrutan andando despacio.
Qué hacer
La actividad más lógica en Pereruela es participar en un taller de alfarería. Algunos artesanos organizan sesiones para iniciarse en el torno y modelar una pieza propia. Es entretenido y ayuda a entender el oficio, pero conviene no ir con la idea de que en una hora vas a aprender a hacer cazuelas como las de los escaparates: sirve para probar, mancharse las manos y valorar el trabajo que hay detrás.
Para quien prefiera caminar, en los alrededores hay senderos y caminos tradicionales que conectan con otros pueblos de la comarca. No son rutas de montaña, sino pistas y sendas entre dehesas, arroyos y berrocales. La llamada Ruta de los Molinos, que sigue el curso de los regatos, es una de las salidas más habituales, pero conviene llevar mapa o GPS porque la señalización puede ser irregular [VERIFICAR] y algunos tramos se pierden con la maleza si hace tiempo que no pasa nadie.
La gastronomía sayaguesa es potente y sin complicaciones: hornazo, patatas a la importancia, queso de oveja, embutidos y carne de cerdo de fincas cercanas, además de guisos de caza (liebre, conejo) según temporada. Aquí se entiende bien por qué las cazuelas de Pereruela han tenido tanto uso: son tierras de cocina lenta y caldos al fuego muchas horas, más de fuego bajo que de cocina rápida.
La comarca de Sayago se presta también a rutas en coche, encadenando pueblos y paisajes. Desde Pereruela se puede llegar a otros núcleos alfareros como Moveros o acercarse hasta la zona de los Arribes del Duero, a menos de treinta kilómetros, para combinar barro y cañones fluviales en el mismo día. Eso sí, las carreteras son comarcales, con curvas y tráfico escaso: se va sin prisa o no se va.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en torno al 16 de agosto, en honor a San Roque. Es cuando el pueblo se llena más: actos religiosos, verbenas, peñas y encuentros de gente que vive fuera y vuelve esos días. Si buscas ambiente, es cuando más movimiento hay; si buscas calma, mejor evitar esas fechas.
El Mercado de Cerámica, que suele organizarse en julio, es uno de los momentos fuertes del calendario. Se juntan alfareros de la provincia y de otras zonas [VERIFICAR], se ven estilos distintos y se compra directamente a quien hace las piezas. Para quien viene por la alfarería, es cuando más sentido tiene acercarse al pueblo, aunque también es cuando más gente encontrarás.
En Semana Santa hay procesiones y actos religiosos sobrios, en la línea de la tradición castellana: pocos adornos, silencio y mucha costumbre de años.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Zamora capital, Pereruela está a unos 50 kilómetros. Se sale por la N-122 hacia Portugal y se toma después el desvío hacia Bermillo de Sayago. El trayecto ronda los 50 minutos en coche, según tráfico y paradas. El transporte público es muy limitado o inexistente en muchos horarios, así que lo razonable es ir en vehículo propio o contar con alguien que te acerque.
¿Cuándo visitar Pereruela?
La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son los momentos más llevaderos para combinar paseo, campo y visitas a talleres, sin el frío duro del invierno ni el calor seco del verano. En verano, especialmente en fiestas, hay más ambiente pero también más gente y menos tranquilidad para hablar con calma con los artesanos.
En días de lluvia o viento fuerte, el campo pierde algo de atractivo y la visita se centra en el pueblo y los alfares. No pasa nada: es un buen momento para alargar las visitas a los talleres y charlar, pero conviene llevar la ruta pensada por si toca cambiar de planes sobre la marcha.
Errores típicos al visitar Pereruela
- Esperar un pueblo monumental: Pereruela no es una villa histórica llena de palacios e iglesias. Lo interesante está en los talleres, el oficio y el paisaje de alrededor.
- Pensar que se ve en cinco minutos: el casco se recorre rápido, pero si quieres entrar en alfares, hacer un taller o caminar algo, media jornada se va sin darte cuenta.
- Presentarse sin avisar a los talleres: muchos artesanos organizan su trabajo según encargos y hornadas. Si quieres visita guiada o actividad, mejor llamar antes.
- Subestimar el clima: en invierno hace frío de verdad y en verano el sol pega fuerte. Ropa adecuada, agua y protección solar si vas a andar por los caminos.
- Creer que todo está pensado para el turista: no hay grandes paneles, ni oficinas de turismo, ni recorridos marcados al detalle. Aquí toca preguntar, improvisar un poco y adaptarse al ritmo local.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Paseo corto por el pueblo, parada en el Centro de Interpretación de la Alfarería y visita rápida a uno o dos talleres que estén abiertos. Tiempo justo para entender por qué aquí el barro importa tanto y, si cuadra, llevarte alguna pieza.
Si tienes el día entero
Mañana entre Centro de Interpretación, alfares y algún pequeño taller práctico (si has reservado). Comida tranquila y, por la tarde, ruta en coche por la comarca o caminata por los caminos entre dehesas, acercándote si quieres hacia los Arribes para terminar con un mirador de los cañones del Duero.
Lo que no te cuentan
Pereruela es un pueblo pequeño que se ve rápido. Si solo buscas “cosas que ver”, igual te decepciona. El interés está en parar, hablar con la gente, entrar a los alfares y fijarse en cómo el barro sigue formando parte de la vida diaria.
Las fotos de ferias y mercados pueden dar la impresión de un lugar muy animado todo el año, y no es así: buena parte del tiempo el ambiente es tranquilo, casi rural de manual. Por eso encaja mejor como parada dentro de una ruta por Sayago o los Arribes que como único destino para varios días seguidos. Si vas con esa idea, funciona. Si esperas un gran pueblo turístico, te sobrará tiempo.