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sobre Abades
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A primera hora, cuando el sol todavía va bajo sobre la llanura, la torre de la iglesia de Santa María la Mayor aparece mucho antes que el propio pueblo. Desde la carretera se ve sobresalir sobre los campos abiertos, con esa piedra que al amanecer toma un tono casi rosado. El turismo en Abades empieza así: con horizonte, silencio y el sonido lejano de algún tractor moviéndose entre parcelas.
Abades está a unos 15 kilómetros al sur de Segovia, siguiendo la N‑110 en dirección a Soria. El paisaje cambia poco durante el trayecto: campos amplios, líneas rectas y un cielo enorme que aquí pesa mucho en la escena. En primavera el verde dura poco pero es intenso; a medida que avanza el verano todo se vuelve dorado, y después de la siega queda un mosaico de rastrojos y tierra clara que refleja mucho la luz.
Pasear el núcleo del pueblo
El casco urbano es pequeño y se recorre sin prisa en media hora. Las calles no siguen un trazado demasiado claro; algunas se estrechan entre casas de ladrillo y adobe, otras se abren un poco alrededor de plazas sencillas donde suele haber bancos a la sombra.
La iglesia parroquial es el punto de referencia constante. Su torre se ve desde casi cualquier esquina, algo útil si uno se mete por calles que parecen iguales. El edificio mezcla partes más antiguas con reformas posteriores, algo habitual en iglesias de esta zona, donde cada siglo dejó alguna capa.
En varias fachadas aparecen escudos de piedra algo desgastados. No abundan, pero llaman la atención cuando la luz de la tarde marca los relieves.
El paisaje alrededor: horizontes largos
El entorno de Abades puede parecer austero al principio. No hay montañas ni ríos cerca que cambien la vista. Lo que manda aquí es la llanura.
Si se sale andando por alguno de los caminos agrícolas que parten del pueblo, el sonido cambia enseguida: viento en las espigas cuando el cereal aún está alto, el crujido seco del suelo en verano, perdices que levantan el vuelo de golpe si uno se acerca demasiado. También se escuchan alondras con bastante frecuencia en los campos abiertos.
El terreno es prácticamente llano, así que caminar o ir en bicicleta resulta fácil. Eso sí, conviene evitar las horas centrales en julio y agosto: el sol cae directo y apenas hay sombras fuera del casco urbano.
Rutas sencillas por caminos rurales
Los caminos que rodean Abades se usan sobre todo para trabajar las parcelas, pero muchos se pueden recorrer sin problema a pie o en bici. Son trayectos sin grandes desniveles, con cruces frecuentes y largas rectas donde el pueblo queda a la vista durante bastante tiempo.
En días despejados, al caer la tarde, la luz baja muy limpia sobre los campos y las casas del pueblo adquieren un tono más cálido. Es uno de esos momentos en los que el lugar se entiende mejor que al mediodía.
Fiestas y momentos del año
El calendario festivo sigue el ritmo habitual de muchos pueblos segovianos. La celebración de la Virgen de la Asunción, a mediados de agosto, suele reunir a vecinos y a gente que vuelve al pueblo esos días. Hay actos religiosos y actividades en la calle, y por la noche el ambiente se alarga bastante más que el resto del año.
En invierno es tradicional encender hogueras por San Antón. El fuego, el frío seco y las conversaciones largas alrededor de la lumbre forman parte de esas noches.
Durante la Semana Santa las procesiones recorren las calles principales con un ambiente más tranquilo que en ciudades cercanas.
Qué ver cerca de Abades
Abades suele visitarse como parada breve si se está recorriendo la zona de Segovia. A poca distancia en coche aparecen otros pueblos con iglesias románicas dispersas por la comarca, y también Pedraza, cuyo recinto amurallado conserva bien el trazado medieval.
Segovia capital queda lo bastante cerca como para combinar ambos lugares en el mismo día.
Consejos prácticos antes de ir
Llegar desde Segovia en coche lleva poco tiempo por la N‑110. Desde Madrid el trayecto ronda algo más de una hora dependiendo del tráfico.
El pueblo no tiene tamaño para pasar un día entero viendo cosas, así que funciona mejor como parada tranquila dentro de una ruta por la zona. Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los alrededores. En verano el calor aprieta al mediodía y en invierno el viento puede hacer que las calles queden bastante vacías.
Con una mañana o una tarde basta para recorrerlo con calma: mirar la torre desde distintos puntos, caminar un rato por los caminos y escuchar ese silencio amplio que tienen los pueblos de la meseta cuando el campo está trabajando lejos.