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sobre Sanchorreja
En la Sierra de Ávila; famoso por el Castro de los Castillejos (vetón)
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En la Sierra de Ávila, entre lomas suaves, granito y dehesas, está Sanchorreja, una aldea mínima que vive a su ritmo. Con unos 80 habitantes y a 1.310 metros de altitud, aquí lo que hay es silencio, campo y un castro vetón de los que marcan la zona desde hace siglos.
Sanchorreja no es para quien busque bares, tiendas y mil planes. Aquí no hay “oferta turística”, hay un pueblo pequeño, casas de piedra, gente mayor en la puerta cuando hace bueno y mucho terreno alrededor para andar y mirar. Si se viene con esa idea, se disfruta. Si se espera otra cosa, decepciona.
La pieza clave del municipio es su castro vetón, uno de los yacimientos de la Edad del Hierro más conocidos de la provincia, al que la gente de la zona lleva subiendo toda la vida. Entre murallas y verracos de piedra todavía se intuye cómo se organizaba la vida aquí mucho antes de Roma.
Qué ver en Sanchorreja
El Castro de Las Cogotas es la visita clave en Sanchorreja. Este poblamiento vetón, datado entre los siglos V y II a.C. [VERIFICAR], es uno de los ejemplos más representativos de la cultura vetona en Castilla y León. La muralla se adapta al relieve granítico y, aunque no todo se conserva igual, permite hacerse buena idea del tamaño y de la importancia que tuvo el asentamiento. Se distinguen restos de viviendas, corrales y estructuras que ayudan a imaginar cómo se vivía aquí hace más de dos mil años.
Junto al castro se pueden ver varios verracos, las esculturas zoomorfas en piedra típicas de los vetones, probablemente vinculadas al ganado y al territorio. En la provincia de Ávila hay muchos repartidos por caminos y plazas, pero aquí tienen más sentido porque se ven en el paisaje que los generó, con las mismas lomas y pastos que conocieron los ganaderos de entonces.
En el núcleo urbano está la iglesia parroquial, un templo sencillo, de piedra gruesa, sin grandes florituras. Es la arquitectura religiosa habitual de la sierra abulense: funcional, robusta, pensada para el clima y los inviernos largos. El resto del pueblo son casas de granito, corrales y huertas, que cuentan más del modo de vida que cualquier panel informativo. Un paseo corto por las calles, fijándose en portones, chimeneas y cercas, resume bien lo que ha sido la vida aquí.
El entorno natural merece un paseo lento. Las dehesas de encina y los pastizales con ganado dibujan un paisaje abierto, seco en verano, verde en primavera. Al atardecer, cuando baja la luz y el granito coge tonos cálidos, el castro y los muros de piedra cambian de aspecto y el sitio gana mucho en calma.
Qué hacer
Sanchorreja es para caminar sin prisa. Hay varias rutas de senderismo no demasiado largas que conectan el pueblo con el castro y con los campos de alrededor. La ruta circular que recorre el perímetro del yacimiento es la más lógica: permite ver el castro desde distintos puntos, con buenas vistas de la sierra los días claros. No hace falta ser senderista experto, pero sí venir con ganas de andar un rato.
Para quien tenga interés en arqueología e historia antigua, compensa dedicar un rato tranquilo al recinto. No hay centro de interpretación permanente ni gran montaje turístico, pero sí algunos paneles que ayudan a situarse. Conviene leerlos con calma, moverse por el yacimiento y reconstruir mentalmente cómo pudo ser aquello, más que ir solo a hacer fotos rápidas y marcharse.
La observación de aves rapaces es un extra para quienes ya van con prismáticos de serie: águilas, buitres y otras especies usan estos cerros como zona de vuelo. No es un “paraíso ornitológico” preparado, es campo en estado normal: hay que tener paciencia y saber mirar, y aceptar que a veces se ve mucho y otros días casi nada.
En gastronomía, aquí no se viene a “ir de tapas” por el pueblo, porque no hay donde. La zona es ganadera y agrícola: ternera avileña, cordero, legumbres, patata de altura y setas en otoño cuando el año viene bueno. Si te alojas en algún punto cercano, es producto de mercado o de trato directo con productores, no tanto de carta y mantel. Conviene venir ya comido o con la compra hecha.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas grandes se celebran a mediados de agosto [VERIFICAR]. Es cuando vuelve la gente que emigró, hay misa, procesión, comidas en común y baile. Más reunión de vecinos que “evento turístico”. Si vienes esos días, asumes que el pueblo está a lo suyo y que tú eres el que pasa por allí.
En enero, la fiesta de San Antón mantiene la tradición rural: bendición de animales y vida ligada al campo. No es un espectáculo pensado para el visitante, es la costumbre de siempre, y se vive más desde dentro que desde fuera.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Ávila capital, Sanchorreja está a unos 40 km por la AV‑500 en dirección a Piedrahíta. Se tarda alrededor de 50 minutos. La carretera es de tipo comarcal, con curvas y trazado de sierra, pero en buen estado general [VERIFICAR]. Hace falta coche propio: no hay transporte público regular hasta el pueblo.
Consejos prácticos:
- Calzado cerrado y con algo de suela. El terreno en el castro es pedregoso, con irregularidades y zonas donde se resbala si ha llovido.
- No hay bares ni restaurantes en el pueblo. Lleva agua y algo de comida, sobre todo en días de calor.
- Respeta el yacimiento: no subas a las murallas, no muevas piedras ni dejes basura.
- En invierno puede helar fuerte y nevar. En verano, el sol pega y hay poca sombra en el castro: gorra y protección solar.
- Si vienes con perro, mejor atado: hay ganado y fincas privadas alrededor.
Cuándo visitar Sanchorreja
La primavera (mayo‑junio) y el otoño (septiembre‑octubre) son los momentos más agradecidos: temperaturas suaves, campo más vivo y menos riesgo de extremos de calor o frío.
En verano, la altitud se nota y las noches refrescan, pero al mediodía el sol cae a plomo y las horas centrales no invitan a caminar por el castro. Mejor madrugar o ir a última hora de la tarde; la luz a esa hora le sienta bien al paisaje.
El invierno aquí es serio: heladas, aire frío y posibles nevadas. El paisaje tiene su interés, pero hay que venir preparado y revisar el parte meteorológico. Si el día sale lluvioso o ventoso, el paseo por el castro se hace incómodo y conviene acortar tiempos o dejar la visita para otro día.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Acercarte en coche hasta la zona del Castro de Las Cogotas.
- Recorrer el yacimiento con calma, leer los paneles y asomarte a los puntos con vistas.
- Dar una vuelta rápida por el pueblo para ver la iglesia y las casas de granito.
Si tienes el día entero
- Paseo largo por las rutas de senderismo que combinan pueblo, castro y dehesa.
- Paradas tranquilas para observar paisaje y fauna.
- Comida de picnic en algún punto apartado (recogiendo siempre todos los restos) y regreso al atardecer, cuando el castro cambia de luz y el pueblo se queda en silencio.
Lo que no te cuentan
Sanchorreja se ve rápido. El pueblo en sí se recorre en un rato y el castro, con visita pausada, no te lleva más de dos o tres horas. No es un destino para pasar varios días si no tienes otro plan base cerca (casa rural, ruta por la Sierra de Ávila, etc.). Es más bien una parada bien escogida dentro de una vuelta más larga por la zona.
Las fotos del castro pueden llevar a pensar en un recinto monumental muy reconstruido. No lo es. Es un yacimiento al aire libre, bastante íntegro para su edad, pero sin grandes recreaciones modernas. La gracia está en el conjunto: paisaje, piedras, silencio y la sensación de estar en un sitio viejo de verdad, no en un parque temático. Si vienes con esa idea, el lugar funciona; si esperas un “macroparque arqueológico”, te quedarás corto.