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sobre Béjar
Histórica ciudad textil situada en la sierra con un casco antiguo medieval y tradición industrial; punto de acceso a la estación de esquí
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Enclavada en las estribaciones de la Sierra de Béjar, a unos 959 metros de altitud, Béjar es una de las villas con más personalidad de la provincia de Salamanca. Esta localidad de unos 12.000 habitantes se estira en la ladera de la montaña, y eso se nota: pocas calles llanas, muchas cuestas y vistas constantes al valle. Las chimeneas de antiguas fábricas textiles conviven con palacios renacentistas y murallas medievales. El agua, omnipresente en Béjar, ha marcado su historia y su carácter: arroyos, fuentes y canales recorren la ciudad, recordando la época dorada de la industria pañera que la convirtió en un referente económico durante siglos.
Más allá de su casco histórico, Béjar funciona como puerta de entrada a uno de los espacios naturales más valiosos del sur de Salamanca. La proximidad de la estación de esquí de La Covatilla y los paisajes de la Sierra de Béjar hacen de esta villa una buena base de montaña para combinar cultura, naturaleza y tradición. Pasear por sus calles empinadas es ir encontrando un patrimonio más variado de lo que muchos esperan: recinto amurallado, iglesias, restos fabriles y unos jardines renacentistas bastante singulares para esta latitud.
La mezcla de pasado industrial y patrimonio nobiliario le da a Béjar un carácter propio, más de ciudad serrana trabajadora que de pueblo de postal. Aquí el viajero puede alternar la visita cultural con excursiones por hayedos y gargantas de agua fría y limpia. Conviene venir con tiempo y sin prisas: no es un parque temático, es una villa que sigue viviendo al margen de los grandes circuitos turísticos.
¿Qué ver en Béjar?
El Palacio Ducal preside el corazón histórico de la villa, un edificio renacentista que fue residencia de los Duques de Béjar. Su interior no siempre está abierto al público y a veces solo se accede en determinadas actividades o visitas guiadas [VERIFICAR], así que conviene informarse antes de ir pensando en verlo por dentro. Aun así, su fachada y el entorno, con las vistas y el trazado de las calles adyacentes, justifican el paseo. Junto a él está la Plaza Mayor, porticada y con soportales de piedra, donde se concentra buena parte de la vida social bejarana, sobre todo a la hora del vermut y por las tardes.
El recinto amurallado medieval, del que se conservan varios lienzos y la Puerta del Pico, recuerda el papel defensivo de la villa durante la Edad Medio. Subir hasta esta zona alta regala vistas amplias sobre el caserío y las montañas circundantes. Si el día está claro, se entiende bien la posición estratégica de Béjar en el paso natural entre la Meseta y el sur.
La joya patrimonial de Béjar es El Bosque, un jardín renacentista del siglo XVI declarado Bien de Interés Cultural. Este espacio combina arquitectura, agua y vegetación en un diseño con estanques, fuentes ornamentales y paseos arbolados. Es uno de los pocos ejemplos de jardín renacentista italiano que se conservan en España, aunque conviene ir con la idea de que es un conjunto histórico vivo y en uso, no un jardín de exposición impecable: hay zonas mejor conservadas que otras y eso forma parte de su realidad. Según la época del año, ciertas partes pueden estar en obras o cerradas [VERIFICAR].
El Museo Mateo Hernández rinde homenaje a este escultor bejarano, especializado en talla directa sobre piedra. Sus obras animalistas, instaladas en una antigua iglesia reconvertida en espacio museístico, sorprenden incluso a quien no es muy de museos. Otra visita muy recomendable es el Museo Textil, ubicado en una antigua fábrica, donde se explica la historia de la industria pañera que dio fama y riqueza a Béjar desde el siglo XVI. Es el lugar donde mejor se entiende por qué hay tantas chimeneas y naves en el valle y cómo se organizaba la vida en torno al trabajo en las fábricas.
La iglesia de Santa María la Mayor, de origen románico con reformas góticas y renacentistas, custodia retablos de interés y sigue siendo uno de los referentes religiosos de la localidad. No es un templo monumental a gran escala, pero encaja bien con la escala de la villa y su historia.
Qué hacer
Béjar es un buen punto de partida para rutas de senderismo por la Sierra de Béjar. La subida al Canchal de la Ceja es una de las excursiones clásicas, con vistas abiertas sobre el valle y, en días claros, hacia otras sierras del entorno. No es una ruta de paseo: hay que tener en cuenta el desnivel y la climatología, que cambia rápido en alta montaña. En invierno y comienzos de primavera puede quedar nieve en las umbrías [VERIFICAR].
Los hayedos de la zona, repartidos por varios valles cercanos, regalan paseos especialmente agradables en otoño, cuando el follaje vira a dorados y rojizos. No hace falta irse a grandes recorridos: con rutas cortas se puede disfrutar bien del ambiente serrano y del contraste con la parte más urbana de Béjar.
A pocos kilómetros se encuentra la estación de esquí de La Covatilla, una de las referencias invernales de Castilla y León, que funciona en temporada de nieve y suele disponer de pistas para distintos niveles [VERIFICAR]. Fuera de la época de nieve, el acceso a estas cotas permite disfrutar de la alta montaña, con su paisaje de cumbres graníticas y lomas peladas, muy distinto del entorno boscoso de los valles.
La Ruta de las Fábricas es un recorrido urbano que permite descubrir el patrimonio industrial textil, con antiguos edificios fabriles que jalonan el curso del río Cuerpo de Hombre. Algunas de estas construcciones se han rehabilitado y pueden visitarse. Otras están a medio camino entre la ruina y el recuerdo, lo que da una imagen bastante clara del declive industrial y de cómo ha afectado a la ciudad. Conviene llevar calzado cómodo: hay tramos de pavimento irregular y algún que otro repecho.
En cuanto a gastronomía serrana, en Béjar se encuentran embutidos ibéricos de la zona, quesos artesanos y el tradicional hornazo. Los mesones del casco antiguo suelen apostar por platos de cuchara, asados y carnes a la brasa. No es cocina de diseño, es cocina de montaña pensada para el frío, con raciones generosas y horarios más cercanos a la costumbre local que al turismo.
Fiestas y tradiciones
Las Fiestas de San Blas y la Virgen del Castañar se celebran en febrero, con actos religiosos y populares que incluyen la bajada de la patrona desde su ermita hasta la villa. Es un momento en que se mezcla la devoción local con un ambiente de pueblo de invierno, abrigos, braseros y reuniones en torno a la mesa.
El Corpus Christi, en torno a junio [VERIFICAR], es otra fecha señalada, con procesiones que recorren las calles engalanadas con alfombras florales y tapices en los balcones. El casco histórico se transforma y se aprecia bien la relación de la ciudad con su trazado antiguo.
En agosto tienen lugar las Fiestas de la Virgen del Castañar, las más importantes del calendario bejarano. Durante varios días, la villa se llena de conciertos, verbenas, competiciones deportivas y actividades variadas. Es el momento más concurrido del año y también cuando más difícil resulta aparcar y moverse con calma por algunas zonas. Conviene armarse de paciencia y, si se puede, dejar el coche algo más lejos del centro.
La Semana Santa se vive con intensidad, con procesiones que atraviesan las calles empinadas del casco histórico. El propio desnivel, los pasos y el silencio de algunas calles crean un ambiente particular que no tiene que ver con las grandes ciudades ni con los pueblos blancos andaluces: es otro registro, más sobrio y adaptado al carácter serrano.
Errores típicos al visitar Béjar
- Subestimar las cuestas: el casco histórico está en ladera. Si te mueves a pie, asume desnivel y trae calzado cómodo; si vas con personas con movilidad reducida, estudia bien accesos y aparcamientos.
- Pensar que todo está abierto siempre: ni El Bosque, ni los museos, ni el Palacio Ducal tienen horarios continuos todos los días del año. Antes de organizar el día en función de una visita concreta, conviene comprobar horarios actualizados.
- Ir solo “de paso” por la autovía: mucha gente entra, da una vuelta rápida a la Plaza Mayor y sigue ruta. Con ese plan se entiende poco Béjar. Si te interesa algo más que hacer una parada técnica, reserva al menos medio día.
Cuándo visitar Béjar
La mejor época para conocer el casco urbano y los alrededores es primavera y otoño: temperaturas agradables, más agua en fuentes y arroyos, y los hayedos en pleno cambio de color cuando llega octubre. En invierno, Béjar puede ser fría y ventosa, pero es cuando tiene más sentido combinar la visita con la nieve de La Covatilla si la temporada acompaña.
El verano trae más vida en la calle y fiestas, pero también más calor durante el día y más gente, sobre todo en agosto. Si buscas pasear tranquilo por el casco antiguo, mejor evitar los días centrales de las fiestas grandes y los fines de semana más señalados.
Si llueve, el paseo por el recinto amurallado y la Ruta de las Fábricas pierde algo de atractivo por los suelos resbaladizos, pero siguen siendo una opción corta combinada con museos y cafés bajo soportal en la Plaza Mayor.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Centra el recorrido en la Plaza Mayor, el entorno del Palacio Ducal y un breve paseo hacia la zona alta de las murallas (Puerta del Pico) para hacerte una idea del relieve y las vistas. No intentes abarcar museos ni El Bosque: irás con prisa y no compensa.
Si tienes el día entero
Por la mañana, casco histórico con calma: murallas, plaza, iglesia de Santa María y Museo Textil. Comer en el centro y, por la tarde, acercarte a El Bosque o hacer un tramo de la Ruta de las Fábricas. Si el tiempo acompaña y tienes coche, remata con una subida hacia La Covatilla o algún mirador de la sierra para ver el valle al atardecer.