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sobre Béjar
Histórica ciudad textil situada en la sierra con un casco antiguo medieval y tradición industrial; punto de acceso a la estación de esquí
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El túnel de la Vía Verde mide unos 370 metros y atraviesa la montaña como una obra propia del ferrocarril del siglo XIX. Cuando entras, la temperatura baja de golpe y el sonido de los pasos rebota en la bóveda de piedra. A mitad de camino apenas llega la luz. Ese contraste ayuda a entender algo de Béjar: aquí la historia industrial, la sierra y la ciudad vieja conviven a poca distancia unas de otras.
Una ladera difícil como origen
La ciudad se asienta en un punto complicado de la Sierra de Béjar, en una pendiente que desciende hacia el valle del río Cuerpo de Hombre. Este relieve explica las calles empinadas, los barrios escalonados y un trazado que parece desordenado pero que responde a cómo se fue ocupando el terreno desde la Edad Media.
Hubo presencia musulmana y se levantó una fortificación para controlar el paso natural entre la Meseta y Extremadura. Tras la conquista cristiana, la población creció dentro y alrededor de ese recinto. El resultado es un casco histórico donde las calles suben y bajan, adaptadas más a la pendiente que a cualquier planificación.
La antigua judería se situaba cerca del recinto amurallado, en lo que hoy se conoce como Barrio de la Villa. No quedan edificios identificables como sinagoga, algo habitual tras siglos de reformas, pero el trazado de las calles y algunos topónimos conservan la memoria de aquella comunidad que desapareció a finales del siglo XV.
El palacio ducal y la huella renacentista
El Palacio Ducal ocupa el lugar de la antigua alcazaba. El edificio actual es del siglo XVI y corresponde al momento de mayor poder de los duques de Béjar. Su aspecto renacentista contrasta con el resto del casco antiguo: patio porticado, galerías superpuestas y una fachada más propia de una residencia señorial que de una fortaleza.
En una de las torres funciona una cámara oscura. Este dispositivo óptico proyecta sobre una superficie la imagen del exterior en tiempo real. No es un invento moderno —se conoce desde hace siglos— pero permite observar la ciudad y el paisaje con detalle.
A las afueras se encuentra la finca de El Bosque, vinculada también a los duques. Es una villa renacentista con jardín histórico, estanque y pabellones de recreo. En Castilla y León no hay muchos ejemplos comparables de este tipo de residencia señorial ligada al ocio.
Los Hombres de Musgo
Cada septiembre aparece una de las tradiciones más conocidas de la ciudad: los llamados Hombres de Musgo. Desfilan cubiertos con trajes confeccionados con musgo natural fijado sobre una base de tela. El conjunto pesa bastante y obliga a caminar despacio.
La tradición está asociada a una leyenda medieval según la cual unos cristianos lograron entrar en la ciudad camuflados con vegetación para recuperar la plaza durante la noche. No hay documentos que confirmen la historia tal como se cuenta hoy, pero el relato se ha transmitido durante generaciones.
La figura del Hombre de Musgo forma parte de las celebraciones de la Virgen del Castañar, patrona de Béjar. Durante esos días recorren algunas calles del casco histórico.
Cocina de sierra
La cocina local es la de una zona de montaña con inviernos largos. El calderillo bejarano es uno de los platos más conocidos: un guiso de carne con pimentón y patata que tradicionalmente se preparaba en reuniones populares.
También aparecen platos sencillos como las patatas revueltas con pimentón, pimientos asados aliñados o embutidos propios de la matanza. Son recetas de casa.
En repostería se conservan dulces tradicionales elaborados con almendra, azúcar y huevo. Algunos se preparaban históricamente en conventos o en celebraciones concretas del calendario.
Recorrer Béjar
El casco histórico se recorre andando, aunque las cuestas son frecuentes. El entorno del Palacio Ducal marca bien el origen medieval de la ciudad.
La iglesia de Santa María la Mayor conserva elementos mudéjares en el ábside, mientras que Santiago mantiene partes del edificio románico original, aunque con reformas posteriores.
A unos tres kilómetros del centro está El Castañar, un bosque de castaños centenarios donde se encuentra el santuario de la Virgen del mismo nombre. Es una salida habitual para pasear.
La antigua línea de ferrocarril convertida en Vía Verde permite recorrer el valle hacia el norte o hacia el límite con Extremadura. El tramo del túnel es uno de los puntos más conocidos del recorrido.
Béjar no compite con las grandes ciudades monumentales de la región. Su interés está en otra parte: una ciudad serrana que mezcla pasado medieval, memoria industrial y un paisaje de montaña que empieza prácticamente en la última calle.