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sobre Candelario
Uno de los pueblos más bonitos de España; arquitectura serrana con regaderas por las calles y entorno de montaña
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En las faldas de la Sierra de Béjar, a 1.136 metros de altitud, se encuentra uno de los pueblos con más personalidad de toda Salamanca. Candelario no es un destino turístico al uso: es un conjunto histórico que ha sabido mantener bastante íntegra su esencia serrana, donde la arquitectura tradicional se adapta a un clima de montaña riguroso y la nieve en invierno transforma sus calles empinadas en un paisaje que, más que de postal, es de vida diaria de pueblo de sierra.
Con apenas 856 habitantes, este pueblo declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1975 sorprende por su peculiar trazado urbano. Sus calles estrechas y empedradas, flanqueadas por casas de piedra con las características "batipuertas" (medias puertas de madera que protegían del frío sin impedir la ventilación), descienden como pequeños torrentes por la ladera. No en vano, Candelario se conoce como el pueblo de las "regaderas": canales de agua que recorren ambos lados de las calles, sistema tradicional que en su día sirvió para evacuar el agua de lluvia y la nieve derretida, y que hoy sigue sonando de fondo casi todo el año.
La belleza de Candelario está en esos detalles cotidianos: en el sonido del agua corriendo por las regaderas, en los balcones de madera cargados de flores en verano, en el olor a leña que sale de las chimeneas en invierno. Es un pueblo para recorrer sin prisas, pero tampoco es enorme: en unas horas se ve el casco, y el resto del tiempo, si lo tienes, se disfruta en los alrededores.
¿Qué ver en Candelario?
La propia arquitectura popular de Candelario es su mayor atractivo. Pasear por sus calles es como adentrarse en un museo al aire libre donde cada casa cuenta una historia concreta de familia, de matanza, de nieve y de cuesta. Las viviendas serranas, construidas en piedra y adaptadas al desnivel, conservan muchas de sus batipuertas originales, balconadas voladas de madera y las "matazanas" o "secaderos", espacios donde tradicionalmente se elaboraban y curaban los embutidos.
La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVI, preside el casco urbano con su torre de sillería. Merece la pena asomarse al interior para contemplar su retablo barroco y, sobre todo, para entender la escala del pueblo: ni enorme ni mínima, pero muy ligada a la vida diaria de la gente de aquí. Junto a ella, el casco histórico despliega su laberinto de calles empedradas: la Calle Mayor, la Plaza de Toros (una de las más antiguas de la provincia), y rincones como la Calle de las Flores, donde el tiempo parece haberse detenido si vienes entre semana y fuera de agosto.
Para quienes disfrutan de la etnografía, el Museo de la Casa Chacinera recrea una vivienda tradicional candelariense con todos sus enseres, mostrando cómo era la vida en el pueblo durante el siglo XIX y principios del XX. Es muy útil para entender la estrecha relación entre arquitectura, clima y forma de vida, especialmente si no conoces la cultura de la matanza.
El entorno natural completa la visita. Candelario es puerta de entrada a la Sierra de Béjar, con el pico Calvitero como telón de fondo. Los bosques de castaños, robles y pinos abrazan el pueblo, mientras el río Cuerpo de Hombre traza su curso cercano. Eso sí, muchas de las vistas que se ven en fotos se consiguen subiendo un poco: no todo está “a pie de coche”.
Qué hacer
Las posibilidades de senderismo son serias. Hay rutas cortas para pasear en familia y otras que se complican en desnivel y distancia. Desde el pueblo salen caminos hacia la sierra: el Camino de las Raíces, que sube entre castaños centenarios; la subida al pico Calvitero (2.401 metros), la cumbre de la provincia, que ya exige preparación y buen tiempo; o paseos más accesibles junto al río. Conviene informarse bien en el momento sobre estado de pistas y nieve [VERIFICAR] antes de aventurarse.
En invierno, la cercana Estación de Esquí de La Covatilla (a unos 12 km) tiene pistas de esquí alpino y, según temporada, algo de nórdico [VERIFICAR]. No esperes una macroestación, pero para combinar con un fin de semana de pueblo y paseo encaja bien.
La gastronomía es otro de los grandes atractivos, aquí sí con fundamento. Candelario mantiene una importante tradición chacinera, con productos como el farinato (embutido típico con pan, pimentón y manteca), el chorizo serrano, el lomo y las morcillas. Los restaurantes del pueblo tiran de cocina de montaña, con platos de cuchara agradecidos tras una jornada al aire libre: judías del Barco, patatas meneás, caldereta de cabrito y, por supuesto, carnes ibéricas.
Para completar la visita, se puede intentar concertar visita en alguna de las pequeñas fábricas artesanales que mantienen métodos tradicionales de elaboración del embutido, donde el clima frío y seco de la sierra ayuda en la curación. No todas tienen el mismo nivel de visita pública, así que mejor informarse antes y no aparecer a la hora punta de trabajo.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Candelario gira en torno a tradiciones antiguas que siguen vivas. La Fiesta de las Candelas (2 de febrero) da nombre al pueblo y se celebra con hogueras y cantos tradicionales. En Carnaval, aparecen el Marranchu y la Pepa, personajes típicos locales que protagonizan una fiesta declarada de Interés Turístico Regional y que tiene más sentido si sabes un poco de la historia del pueblo.
Las fiestas patronales se celebran a mediados de agosto en honor a Nuestra Señora de la Asunción, con verbenas, concursos tradicionales y degustaciones gastronómicas. En septiembre, la Degustación Popular de la Matanza rememora las antiguas matanzas del cerdo con comida típica para quienes se acerquen. Conviene revisar fechas y programa cada año [VERIFICAR], porque pueden variar.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Salamanca capital (a unos 75 km) se toma la A-66 dirección sur hasta Béjar, y desde allí la SA-220 durante unos 6 km hasta Candelario. El trayecto suele rondar la hora, según tráfico. Desde Ávila o Madrid, el acceso también es por Béjar.
El acceso final tiene curvas y algo de pendiente, y en invierno, con nieve o hielo, se complica. No es un puerto imposible, pero no está de más venir con tiempo y sin prisas.
Consejos: Calzado cómodo y con buena suela viene muy bien para caminar por las calles empedradas, sobre todo si están mojadas o heladas. En invierno, abrigarse en serio: aquí se nota la altura. Si nieva, hay que extremar precauciones al circular en coche y estar atento a posibles restricciones [VERIFICAR]. Para dormir en temporada alta y fines de semana, mejor reservar con antelación: el municipio es pequeño y la capacidad no es infinita.
Cuándo visitar Candelario
Primavera y otoño son buenas épocas para caminar: temperaturas suaves, agua en las regaderas y monte con color. El verano se agradece si vienes huyendo del calor de la meseta, pero los fines de semana de agosto el pueblo se llena y encontrar aparcamiento en el casco puede ser una pequeña odisea. Invierno es otra historia: frío de verdad, menos gente entre semana y el pueblo con nieve tiene su punto, siempre que vengas preparado para ello y con margen por si la carretera se complica.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por la Calle Mayor y las calles centrales, fijándote en batipuertas y regaderas.
- Entrada rápida a la iglesia (si está abierta) y vuelta por otra calle distinta a la de subida, para hacerte una idea del desnivel real del pueblo.
Si tienes el día entero
- Mañana de paseo por el casco histórico, museo incluido si te interesa la parte chacinera.
- Comida larga y, por la tarde, ruta corta: Camino de las Raíces o algún sendero sencillo hacia la sierra, sin meterte en alta montaña si no la conoces.
Errores típicos en Candelario
- Pensar que es un pueblo enorme: el casco se ve rápido; lo que alarga la visita son las cuestas y los ratos de bar o de monte.
- Confiarse con el calzado: las calles empedradas mojadas o con hielo resbalan más de lo que parece en la foto. Zapatilla urbana lisa es mala idea.
- Subestimar el frío y el viento: incluso en días de sol, la sensación térmica a la sombra y con aire baja mucho.
- Querer aparcar “en la misma puerta”: el casco es estrecho, con restricciones en algunos puntos. Mejor asumir que tocará andar unos minutos desde donde dejes el coche.
Lo que no te cuentan
Candelario es un pueblo pequeño de sierra, no un parque temático. Entre semana fuera de verano puede que encuentres muchas puertas cerradas y poca gente por la calle, lo cual tiene su encanto si buscas tranquilidad, pero descoloca a quien viene esperando ambiente continuo.
Las fotos que se ven por ahí suelen estar hechas con nieve recién caída o en pleno verano con todas las macetas a tope. La realidad media del día a día es más sobria, aunque igual de agradable para pasear. Y si tu idea es pasar aquí una semana entera sin moverte, probablemente se te quede corto: funciona mejor como base tranquila para combinar con rutas por la Sierra de Béjar y visitas a otros pueblos cercanos.