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sobre El Tornadizo
Pequeña localidad en la ruta hacia la sierra; ganadería y bosque
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En las alturas de la Sierra de Francia salmantina, a unos 870 metros sobre el nivel del mar, El Tornadizo es uno de esos pueblos pequeños donde todavía se escucha quién pasa por la calle. Esta aldea de apenas 93 habitantes conserva bastante bien la esencia de la arquitectura serrana tradicional, con casas de piedra, balcones de madera y calles empedradas que trepan por la ladera del monte.
Rodeado de robles y castaños, El Tornadizo forma parte del mosaico de pueblos de la comarca de la Sierra de Francia, una de las zonas rurales más cuidadas de Castilla y León. Aquí el silencio manda: se oyen pájaros, un tractor de vez en cuando y poco más. Quien venga buscando discotecas o planes urbanos se ha equivocado de sitio; quien quiera pasear tranquilo, va mejor encaminado.
La pequeña dimensión del municipio no engaña: el núcleo se recorre rápido, pero el interés está tanto en el caserío como en los caminos que salen de él. Los alrededores invitan al paseo y al cambio de ritmo, con paisajes que van del verde intenso de la primavera a los ocres y rojizos del otoño.
¿Qué ver en El Tornadizo?
El principal atractivo de El Tornadizo está en su conjunto urbano tradicional, bastante compacto y fácil de recorrer. Las casas serranas, construidas en piedra y con entramados de madera, mantienen la arquitectura característica de la comarca. Pasear sin rumbo por sus calles estrechas permite fijarse en portones veteranos, rejas antiguas y balcones que en temporada se llenan de macetas. No es un pueblo de grandes plazas ni edificios señoriales, sino de detalles pequeños si vas con calma.
La iglesia parroquial, pequeña y sencilla, hace de centro del pueblo. Más que por su monumentalidad, interesa porque es donde se concentra la vida comunitaria: avisos, encuentros, fiestas… arquitectura rural sin grandes alardes, pero con sentido para quien quiera entender cómo se organiza un pueblo de la sierra.
Los alrededores naturales merecen un paseo tranquilo. El Tornadizo está rodeado de dehesas y bosques que se integran en el entorno del Parque Natural de Las Batuecas-Sierra de Francia [VERIFICAR si el término municipal entra formalmente en el parque], con una biodiversidad típica de la sierra: castaños viejos, robledales y matorral autóctono que cambian de aspecto según la época del año.
Desde varios puntos del municipio —sobre todo desde la parte alta y las entradas al pueblo— se obtienen vistas amplias sobre el valle y las montañas cercanas. Los atardeceres, si el día está despejado, suelen regalar cielos bastante fotogénicos, sobre todo hacia finales de verano y otoño, cuando la luz baja antes y tiñe los tejados.
Qué hacer
El Tornadizo funciona bien como punto de partida para pequeñas rutas de senderismo por la Sierra de Francia. Desde el pueblo salen caminos tradicionales que lo conectan con otras aldeas de la comarca a través de antiguos caminos ganaderos y senderos entre bosques. No estamos hablando de grandes travesías de alta montaña, sino de recorridos de unas pocas horas, pensados para ir enlazando pueblos y volver a dormir donde tengas el alojamiento.
En estos caminos es fácil disfrutar de la flora y fauna local; no es raro encontrar rastros de ciervos y jabalíes, y ver alguna rapaz sobrevolando la zona. Eso sí, aquí manda el campo: no hay miradores “instagramers” arreglados, ni barandillas bonitas cada dos pasos, sino senderos de toda la vida, con barro si ha llovido y zarzas en los bordes si ha crecido la maleza.
La micología tiene especial importancia en otoño, cuando los bosques cercanos se llenan de setas y hongos. La zona es muy apreciada por los aficionados, pero conviene ir con conocimiento o con guía, respetar la normativa y no entrar a fincas privadas como si nada. Cada año suele haber controles más estrictos en toda la comarca, así que mejor informarse antes de cargar el coche de cestas.
La gastronomía serrana es otro motivo para acercarse a El Tornadizo y a los pueblos vecinos: hornazo, patatas meneás, farinato, embutidos de cerdo ibérico… y, cómo no, las castañas, que pasan del árbol al plato en forma de guisos, asadas o dulces según la tradición de cada casa. Aquí se come contundente, de plato hondo y pan al lado.
Para quienes disfruten con la fotografía, la combinación de arquitectura tradicional, tejados irregulares y fondo de sierra funciona muy bien, sobre todo a primeras y últimas horas del día, cuando la luz suaviza las piedras y la madera. Si te gusta más el detalle que la postal clásica, tendrás trabajo.
Fiestas y tradiciones
Como en buena parte de la Sierra de Francia, El Tornadizo mantiene un calendario festivo ligado al verano y al ciclo agrícola. Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto, cuando regresan muchos vecinos que viven fuera y el pueblo duplica o triplica población durante unos días. Hay verbenas, juegos tradicionales y comidas populares montadas “a la antigua”, con mesas largas y todo el mundo aportando algo.
En torno a noviembre, la comarca vive la temporada de la castaña, y aunque cada pueblo organiza sus propias celebraciones, el ambiente otoñal, las castañas asadas y las reuniones en torno al fuego están muy presentes también aquí.
Las celebraciones religiosas de siempre —procesiones de Semana Santa, actos del ciclo navideño— se mantienen con la participación de los vecinos. No son grandes espectáculos turísticos, sino manifestaciones sencillas de un pueblo pequeño que sigue su ritmo, lo que puede resultar muy interesante para quien quiera ver cómo perviven las tradiciones rurales castellanas, sin escenario montado para el forastero.
Información práctica
Para llegar a El Tornadizo desde Salamanca capital, se suele tomar la carretera SA-220 en dirección a la Sierra de Francia (zona de La Alberca y compañía) y después desviar por carretera comarcal hacia el pueblo. Son unos 70 kilómetros, que se hacen en algo más de una hora, con tramo final de curvas y paisaje serrano. Las carreteras son estrechas pero, en general, están bien mantenidas; aun así, en invierno conviene estar atento a la previsión de nieve y hielo.
Es aconsejable llevar calzado cómodo para caminar por calles empedradas y senderos, y algo de abrigo incluso en verano para las noches, porque la altitud baja la temperatura respecto al valle.
En el propio El Tornadizo la oferta de servicios es muy limitada, así que es buena idea prever gasolina, dinero en efectivo y compras básicas antes de subir. La comarca cuenta con alojamientos rurales en varios pueblos cercanos, y conviene reservar con antelación en puentes, verano y temporada de setas.
Lo que no te cuentan
El Tornadizo es pequeño y se ve rápido. En una mañana tranquila puedes recorrer sus calles, asomarte a los alrededores y hacer unas cuantas fotos. Funciona mejor como parada dentro de una ruta por la Sierra de Francia que como único destino para varios días, salvo que vengas precisamente a aislarte y a caminar por los alrededores.
Las fotos que circulan por internet, a veces muy filtradas, pueden hacer pensar en un pueblo monumental al estilo de La Alberca o Mogarraz. No lo es. Aquí el interés está en la suma: un caserío cuidado, ambiente sereno, monte cercano y sensación de pueblo vivido de verdad. Si vienes con expectativas de “pueblo-museo”, te sabrá a poco; si buscas algo más normal y menos teatral, encaja mejor.
Cuándo visitar El Tornadizo
La mejor época para visitar El Tornadizo depende de lo que busques:
- Primavera: temperaturas suaves, mucho verde y agua en arroyos y fuentes. Buen momento para pasear sin achicharrarse y ver la sierra con más vida.
- Verano: más ambiente, sobre todo en fiestas y agosto, pero sin masificaciones exageradas. Los días son largos, las noches refrescan y se está bien en la calle hasta tarde con una chaqueta.
- Otoño: seguramente el momento más agradecido si te gustan los paseos por el bosque y las setas. Los castaños cambian de color y el paisaje se vuelve más fotogénico casi sin esfuerzo.
- Invierno: días cortos, frío y posibilidad de nieve o heladas. El pueblo tiene su punto en días claros, pero hay que venir abrigado y con el coche preparado. Si tu plan es patear monte, elige bien el día.
Errores típicos al visitar El Tornadizo
- Esperar un “pueblo de postal”: El Tornadizo es rural y auténtico, pero no es un decorado medieval. Si lo comparas con los grandes nombres de la Sierra de Francia, saldrá perdiendo; si lo tomas como un alto tranquilo en la ruta, gana mucho.
- Calcular mal los tiempos: el pueblo se recorre rápido. Si te planteas venir solo aquí desde Salamanca y volver en el día, te puede saber a poco. Tiene más sentido combinarlo con otros pueblos cercanos o con alguna ruta a pie.
- Confiarse con los servicios: no des por hecho que habrá cajero, farmacia abierta o varios bares donde elegir. Mejor llegar con lo básico resuelto y tomarse lo que haya como un extra, no como algo garantizado.