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sobre La Alberca
Pueblo serrano de arquitectura tradicional intacta; primer pueblo declarado Conjunto Histórico Artístico de España
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Enclavado en el corazón de la Sierra de Francia salmantina, La Alberca se alza a más de mil metros de altitud como uno de los pueblos con más personalidad de Castilla y León. Con poco más de mil habitantes, este municipio serrano fue el primer pueblo de España declarado Conjunto Histórico-Artístico, un reconocimiento que obtuvo en 1940 y que, si se camina con algo de calma, se entiende sin mucha explicación.
Pasear por La Alberca se parece bastante a viajar unos siglos atrás, pero con tiendas, bares y visitantes por todas partes. Sus casas de arquitectura tradicional serrana, con entramados de madera, balcones repletos de flores y curiosas inscripciones religiosas en las fachadas, conforman un paisaje urbano muy reconocible que ha sabido resistir el paso del tiempo. La piedra, la madera de castaño y el adobe se combinan en construcciones de tres y cuatro plantas que parecen desafiar la gravedad en calles empinadas y estrechas.
Pero La Alberca no es un decorado congelado. Es un pueblo vivo, sobre todo en fines de semana y verano, donde las tradiciones se mantienen con orgullo, la gastronomía serrana sigue muy presente en el día a día y la naturaleza del Parque Natural de Las Batuecas-Sierra de Francia marca el ritmo de las estaciones.
¿Qué ver en La Alberca?
El recorrido por La Alberca suele comenzar en la Plaza Mayor, auténtico corazón del pueblo y uno de los espacios más fotografiados de la provincia. De planta irregular, está rodeada por soportales y casas señoriales donde llaman la atención los balcones de madera. En el centro se encuentra un cruceiro de granito del siglo XVIII, mientras que la fuente de los cuatro caños ha saciado la sed de albercanos durante generaciones.
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVIII, domina el perfil del pueblo con su campanario de estilo barroco. En su interior alberga un interesante púlpito de granito y un retablo mayor que merece una parada tranquila. Muy cerca, la ermita de San Marcos guarda relación con una de las tradiciones más arraigadas del pueblo.
Perderse por las calles es lo más recomendable en La Alberca. La calle de la Iglesia, la cuesta de San Antonio o el barrio del Castañar concentran muchos de los rincones donde la arquitectura popular serrana se muestra sin maquillaje, con fachadas que mezclan piedra, madera y vida cotidiana. No faltan las inscripciones religiosas en las fachadas: "Ave María Purísima" o "Dios nos libre de todo mal" son frases habituales que hablan de la religiosidad tradicional y de otra forma de entender la vida.
Los alrededores del pueblo invitan a salir del casco urbano en cuanto se tiene un rato. El Parque Natural de Las Batuecas-Sierra de Francia combina bosques de roble, castaño y alcornoque, con numerosos arroyos y gargantas que convierten la zona en un terreno muy agradecido para quien disfruta caminando.
Qué hacer
La Alberca es un buen punto de partida para rutas de senderismo de todos los niveles. La ruta a Las Batuecas desciende por el valle hasta el monasterio carmelita, atravesando uno de los paisajes más vírgenes de la zona. Conviene tener en cuenta el desnivel: lo que se baja luego hay que volver a subir, y eso se nota, sobre todo en días calurosos.
Otra opción clásica es la subida a la Peña de Francia, a 1.723 metros de altitud, desde donde las vistas alcanzan buena parte de la meseta salmantina y, en días claros, se intuyen incluso los perfiles de Extremadura. Se puede combinar coche y caminata, según las ganas y la forma física, pero siempre con algo de ropa de abrigo: arriba refresca incluso en verano.
Los aficionados al cicloturismo encuentran aquí carreteras secundarias de montaña con desniveles exigentes pero escenarios que compensan la sudada. Las rutas en BTT por caminos forestales permiten adentrarse en rincones menos transitados del parque natural, siempre con precaución por el estado de las pistas y la meteorología.
La gastronomía tiene peso propio. El hornazo, un bollo relleno de chorizo, jamón y lomo, es casi un ritual en las excursiones serranas. El chanfaina, un guiso tradicional de arroz con carne, y los limones serranos (embutido curado en forma de limón) forman parte de la cocina festiva de la zona. Los productos del cerdo ibérico, los quesos artesanos y las castañas en otoño cierran una mesa contundente y muy ligada al territorio. Hay que ir con hambre y sin prisa.
Visitar los talleres artesanos donde aún se elaboran bordados tradicionales o productos de oro y filigrana permite asomarse a oficios que aquí no se conservan por nostalgia, sino porque siguen teniendo salida y sentido. No es un museo: la gente trabaja, vende y vive de ello.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de La Alberca es rico y peculiar. La tradición más conocida es la del Marrano de San Antón: cada mes de enero se suelta un cerdo que campa libremente por las calles durante todo el año, alimentado por los vecinos, hasta que en junio se sortea entre las familias más necesitadas. Más allá de la anécdota, habla de un pasado de economía dura y de apoyo comunitario.
En agosto tienen lugar las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora de la Asunción, con procesiones, verbenas y representaciones del "Ofertorio", una danza tradicional de origen medieval donde los quintos visten el traje típico serrano y bailan ante la Virgen. Es uno de los momentos en que mejor se ve cómo el turismo se mezcla con la vida real del pueblo, para bien y para mal: emoción, trajes, pero también mucha gente y poco espacio.
La Semana Santa se vive con intensidad, y en octubre la festividad de San Marcos congrega a numerosos devotos y vecinos de la comarca.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Salamanca capital hay unos 75 kilómetros por la carretera SA-220, un trayecto de aproximadamente una hora y cuarto que discurre por carreteras de montaña. El último tramo tiene curvas, así que conviene no apurar tiempos si se viaja con niños o personas que se marean. El paisaje del recorrido ya anticipa la belleza de la Sierra de Francia.
Consejos: Llega pronto para aparcar con algo de tranquilidad y evitar las aglomeraciones de fin de semana y temporada alta. El casco histórico es pequeño y se recorre a pie, así que lo lógico es dejar el coche en las zonas habilitadas a la entrada del pueblo y olvidarse de él. Calzado cómodo es fundamental para las calles empinadas y empedradas; las sandalias delicadas o los tacones aquí se convierten en una mala idea rápida.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Plaza Mayor y alrededores inmediatos, sin obsesionarte con “verlo todo”.
- Un paseo por 2 o 3 calles clave (calle de la Iglesia, cuesta de San Antonio y algún callejón lateral).
- Asomarte a algún mirador cercano al casco, sin alargar demasiado.
No da tiempo para rutas serias ni para ver talleres con calma, así que mejor asumirlo y disfrutar del paseo corto.
Si tienes el día entero
- Mañana para recorrer el pueblo con calma, entrar en la iglesia y acercarte a alguna ermita cercana.
- Comida larga, probando platos serranos sin mirar tanto el reloj.
- Tarde para una ruta corta por senderos señalizados del entorno o para enlazar con otro pueblo de la Sierra de Francia.
Con día completo ya se entiende mejor que La Alberca no es solo la plaza y cuatro fotos.
Errores típicos al visitar La Alberca
- Pensar que es un parque temático: aquí vive gente todo el año. Hay coches, repartidores, ruidos y vida diaria. No todo es foto de postal.
- Llegar a mediodía en agosto y esperar aparcar al lado de la plaza: acabarás dando vueltas y empezando la visita de mal humor.
- Subestimar las cuestas y el pavimento: las calles son empedradas y resbalan si ha llovido. Ojo con carritos de bebé y personas con movilidad reducida.
- Quedarse solo en la Plaza Mayor: el pueblo se entiende cuando se sale dos o tres calles más allá, donde ya no hay tantas tiendas de recuerdos.
Cuándo visitar La Alberca
La primavera funciona bien: temperaturas suaves, días más largos y los castaños empezando a sacar hoja. El campo está más verde y las rutas se disfrutan más, aunque algún chaparrón sorpresa es habitual.
En verano, aunque las horas centrales del día pueden ser calurosas, las noches suelen ser frescas gracias a la altitud. Es también cuando más gente hay, con ambiente continuo en la plaza y más movimiento en alojamientos y restaurantes. Si no te gustan las aglomeraciones, mejor evita los fines de semana de agosto.
El otoño es probablemente la estación más agradecida si buscas paisaje: castaños y robles se tiñen de ocres y rojos, y los pueblos de la Sierra de Francia se prestan a encadenar visitas. Eso sí, los fines de semana pueden estar muy concurridos y conviene reservar alojamientos con antelación.
En invierno el frío se deja notar y no es raro encontrarse con niebla o incluso nieve. El pueblo con nieve tiene su atractivo, pero hay que tener en cuenta la conducción por carreteras de montaña y posibles placas de hielo. Si el día sale cerrado, el plan pasa más por pasear poco rato, refugiarse en un bar con chimenea y dejar las grandes rutas para otra ocasión.
Lo que no te cuentan de La Alberca
La Alberca se ve rápido si vas a toda prisa: en una mañana se puede recorrer el casco histórico de punta a punta. Pero la gracia está en parar, mirar fachadas, escuchar a la gente mayor en los soportales y dejar que el tiempo pase un poco más despacio.
Las fotos tienden a enseñar la plaza vacía y las calles silenciosas. Eso existe, sí, pero sobre todo entre semana y fuera de temporada. En festivos y verano, prepárate para grupos, cámaras y bastante ruido. Si sabes cuándo venir y ajustas expectativas, el pueblo se disfruta mucho más.