Artículo completo
sobre Mogarraz
Pueblo museo conocido por los retratos de sus habitantes en las fachadas; arquitectura medieval de entramado serrano
Ocultar artículo Leer artículo completo
Enclavado en plena Sierra de Francia salmantina, Mogarraz se presenta como uno de esos pueblos que Castilla y León reserva para quienes buscan autenticidad, pero sin grandes alardes ni turismos masivos. Con apenas 236 habitantes y situado a 766 metros de altitud, este pueblo de arquitectura tradicional serrana ha sabido conservar su esencia medieval mientras se reinventa como destino cultural. Sus calles empedradas, sus fachadas de entramado de madera y adobe y, sobre todo, su peculiar galería de retratos al aire libre hacen que un simple paseo tenga más historia de la que parece a primera vista.
Declarado Conjunto Histórico-Artístico, Mogarraz es un pueblo pequeño donde la piedra y la madera cuentan historias de siglos. La Sierra de Francia, con su microclima particular y sus paisajes de castaños y robledales, envuelve este enclave que parece detenido en el tiempo. Aquí, la arquitectura popular serrana está especialmente bien conservada para lo habitual en la provincia, y eso se nota al caminar sin prisa: casas apretadas, calles que casi se tocan arriba y mucho silencio entre semana.
Lo que hace verdaderamente singular a Mogarraz es su proyecto artístico: más de 800 retratos de antiguos vecinos adornan las fachadas del pueblo, creando una galería fotográfica al aire libre que sorprende al que llega sin saber de qué va el tema. Esta iniciativa ha devuelto la vida a rostros del pasado, convirtiendo al pueblo en un lugar de memoria colectiva y arte contemporáneo, aunque también le ha dado un punto “famoso” que se nota en fines de semana, puentes y festivos, cuando el pueblo se llena más de lo que su tamaño aguanta cómodo.
Qué ver en Mogarraz
El casco histórico de Mogarraz es un laberinto de calles estrechas y empinadas donde cada rincón invita a parar un momento. La Plaza Mayor es el corazón del pueblo, con sus soportales y el típico rollo jurisdiccional que recuerda su pasado señorial. La arquitectura tradicional serrana se ve en cada casa: balconadas de madera tallada, dinteles con inscripciones antiguas y esas fachadas entramadas con adobe y madera de castaño que caracterizan la zona.
La Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves preside el pueblo con su sobriedad castellana. Aunque reformada a lo largo de los siglos, conserva elementos de interés en su interior. Pero, en realidad, el atractivo patrimonial de Mogarraz es su conjunto urbano, donde más de 400 retratos de vecinos tomados en los años 60 cubren las fachadas, creando un diálogo curioso entre pasado y presente; es imposible caminar sin que te “miren” desde las paredes.
Perderse por calles como la de la Iglesia o la del Cubo permite descubrir la arquitectura popular en su estado más puro. Las antiguas fuentes de piedra, los potros de herrar, los pequeños talleres artesanos y las construcciones auxiliares muestran cómo era la vida rural en la sierra hace décadas. El pueblo es pequeño, así que en un rato tranquilo se recorre entero, pero lo que engancha es ir fijándose en los detalles y en cómo se mezclan las casas arregladas con otras aún a medio restaurar.
Qué hacer
Mogarraz es punto de partida para rutas de senderismo por la Sierra de Francia. Los caminos que conectan con pueblos vecinos como La Alberca, Miranda del Castañar o Villanueva del Conde ofrecen recorridos de diferentes niveles entre bosques de castaños, robledales y arroyos de agua cristalina. La riqueza natural de la comarca invita a salir del casco urbano y alargar la visita con alguna caminata, aunque conviene mirar bien desniveles y horarios de vuelta, porque aquí anochece pronto en invierno.
La gastronomía serrana es otro de los grandes atractivos. El embutido ibérico, elaborado de manera tradicional, es protagonista indiscutible. El hornazo, el limón serrano, las patatas meneás y los postres conventuales forman parte de una cocina de raíces profundas. Los establecimientos locales suelen vender productos artesanos: desde chacinería hasta repostería casera, pasando por licores tradicionales. Es habitual que muchas compras se acaben haciendo casi a pie de calle, hablando con quien lleva toda la vida en el pueblo.
La artesanía también tiene su espacio en Mogarraz. Algunos talleres mantienen vivas técnicas tradicionales de trabajo en madera, cuero o textil. Recorrer el pueblo con calma, fotografiar sus rincones y descubrir los detalles arquitectónicos se convierte en una actividad en sí misma, más si se combina con una parada larga para comer o merendar. No es un sitio de grandes actividades organizadas, aquí el plan es caminar, mirar y, si toca, charlar un rato.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Mogarraz mantiene tradiciones centenarias. Las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora de las Nieves se celebran en agosto, con procesiones, danzas tradicionales y celebraciones que llenan de vida las calles del pueblo. Es uno de los momentos en que más se nota el regreso de los hijos del pueblo y el ambiente serrano.
En enero tiene lugar la festividad de San Sebastián, con sus rituales ancestrales y la tradicional hoguera. Durante la Semana Santa, las procesiones adquieren un carácter especial en este entorno de calles empedradas y cuestas, con pasos que pasan muy cerca de las fachadas.
A lo largo del año, el pueblo acoge algunos eventos culturales, mercados artesanos y actividades que buscan dinamizar la vida cultural de la sierra, especialmente durante los meses de primavera y otoño. Conviene comprobar fechas concretas antes de ir [VERIFICAR], porque no hay un programa inamovible y de un año a otro puede cambiar bastante.
Información práctica
Mogarraz se encuentra a unos 75 kilómetros al sur de Salamanca capital. Para llegar en coche, se suele tomar la carretera N-630 dirección sur y después la SA-220 hacia la zona de La Alberca, desde donde se accede al pueblo por una carretera comarcal de montaña. El trayecto ronda la hora y media y discurre por curvas y paisajes de sierra, especialmente vistosos en otoño cuando los castaños tiñen las laderas de ocres y dorados. No es una carretera complicada, pero sí lenta: mejor no ir con prisas ni apurar la hora de llegada.
La mejor época para visitar Mogarraz es primavera y otoño, cuando las temperaturas son suaves y los colores del paisaje están en su punto. El otoño, con la caída de la hoja y la recogida de la castaña, tiene un ambiente especial. El verano también es agradable gracias a la altitud, que suele suavizar las temperaturas, aunque algunos días de agosto se nota el calor al mediodía y el sol pega fuerte en las cuestas.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar por las calles empedradas y, si se planean rutas de senderismo, equipamiento adecuado para montaña. El pueblo cuenta con opciones de alojamiento rural y establecimientos donde degustar la gastronomía local. Dedicando medio día se ve bien el casco urbano; si se quiere hacer alguna ruta de senderismo o sentarse a comer con calma, compensa reservar el día entero y no enlazarlo con demasiados pueblos más.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Dar una vuelta completa por el casco histórico, entrando y saliendo de las calles que rodean la Plaza Mayor.
- Fijarte en los retratos de las fachadas y leer nombres y fechas: ayudan a entender la vida del pueblo y ponen cara a los apellidos de la zona.
- Asomarte a algún mirador natural en la parte baja o alta del pueblo para ver el paisaje de la sierra.
Si tienes el día entero
- Mañana de paseo tranquilo por Mogarraz, con tiempo para fotos y para entrar en la iglesia si está abierta.
- Comida en el propio pueblo, probando algún plato serrano.
- Tarde de ruta sencilla a pie hacia algún pueblo cercano (por ejemplo, tramo del camino tradicional hacia La Alberca o Villanueva del Conde [VERIFICAR]) y regreso a Mogarraz.
Errores típicos
- Pensar que Mogarraz da para varios días sin moverse de allí: el pueblo es muy pequeño; para estancias largas conviene combinarlo con otros de la Sierra de Francia.
- Llegar en fin de semana de verano o en pleno puente a la hora punta y querer aparcar en la misma entrada del casco: las calles son estrechas y se forma lío; mejor usar las zonas habilitadas y caminar unos minutos.
- Ir con calzado urbano fino o sandalias pensando en “un paseíto”: hay cuestas, piedra irregular y, si ha llovido, resbala más de lo que parece.
Cuándo visitar Mogarraz
Entre semana, fuera de agosto, el pueblo está mucho más tranquilo y se aprecia mejor el ambiente real. Los sábados y festivos la afluencia sube bastante, sobre todo a mediodía.
Si hace mal tiempo, el paseo se reduce, pero el pueblo aguanta bien la lluvia: techos volados, soportales y calles recogidas. Eso sí, con agua los empedrados resbalan, así que ojo a las prisas en las bajadas. En días de mucho calor, las primeras horas de la mañana y el final de la tarde son cuando mejor se camina por el casco.
Lo que no te cuentan
Mogarraz entra por los ojos en fotos, pero el núcleo es muy compacto: en una hora lo has recorrido, otra cosa es el tiempo que quieras dedicar a fijarte en detalles o sentarte a comer.
Más que un “gran destino” aislado, funciona bien como pieza de un puzzle: se combina fácil con La Alberca, San Martín del Castañar, Miranda del Castañar o rutas por la sierra. Si vas sabiendo esto, la visita se disfruta más.