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sobre San Martín del Castañar
Conjunto histórico con castillo y plaza de toros antigua; pueblo con encanto rodeado de bosques de castaños
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Enclavado en el corazón de la Sierra de Francia salmantina, San Martín del Castañar es uno de esos pueblos donde el tiempo va a otro ritmo, más lento y terco. Con apenas doscientos habitantes censados, este pequeño municipio se alza a 831 metros de altitud, en un escenario de montaña donde la arquitectura tradicional serrana se mezcla con un entorno natural muy cuidado. Sus calles empedradas, sus casas de piedra y entramado de madera, y su castillo configuran una postal de la España rural que merece ser recorrida sin prisas, mejor si le dedicas al menos una mañana entera para no ir con el reloj en la mano.
Declarado Conjunto Histórico-Artístico, San Martín del Castañar atrae a quienes buscan desconectar del ritmo urbano sin renunciar a la historia y la cultura. La muralla medieval que aún abraza parte del pueblo recuerda su pasado estratégico, mientras que sus rincones invitan a callejear, pero conviene decirlo claro: el casco es pequeño y en un paseo tranquilo de un par de horas puedes haber visto lo principal; a partir de ahí, la diferencia está en quedarte, repetir caminos, sentarte y mirar.
El carácter montañoso de la zona impregna cada aspecto de la vida local: desde la gastronomía basada en productos de la tierra hasta las tradiciones que se mantienen vivas generación tras generación. Aquí, entre castaños centenarios y robledales, quien viene de fuera encuentra ese sosiego que solo se da en los pueblos donde aún se conoce todo el mundo y se saluda al cruzarse por la calle.
Qué ver en San Martín del Castañar
El Castillo de San Martín, de origen medieval, preside el pueblo desde su posición elevada. Aunque es de propiedad privada, su silueta domina el paisaje urbano y puede admirarse desde diferentes puntos del pueblo, sobre todo si te alejas un poco hacia las afueras. Este castillo del siglo XV fue residencia de los Duques de Alba [VERIFICAR] y conserva su estructura rectangular con torre del homenaje.
La muralla medieval que rodeaba el recinto amurallado se conserva parcialmente, permitiendo todavía identificar algunas de las antiguas puertas de acceso. Pasear junto a estos lienzos de piedra es como retroceder varios siglos en el tiempo, especialmente en la zona mejor preservada, cercana al cementerio y la Plaza Mayor. No esperes una muralla continua y perfecta: son tramos, rincones, restos que se van descubriendo al andar, a veces casi escondidos entre casas y huertos.
La Plaza Mayor es el centro neurálgico del pueblo, un espacio porticado donde se concentra gran parte de la vida social. Rodeada de construcciones tradicionales con soportales y balcones de madera, es un buen lugar para sentarse un rato y simplemente mirar pasar la vida del pueblo, sobre todo a media mañana. Aquí se encuentra también el antiguo rollo jurisdiccional, símbolo del poder señorial, que suele pasar desapercibido al que llega con prisa o va solo buscando fotos llamativas.
La Iglesia de San Martín de Tours, de estilo gótico tardío, alberga un retablo de interés y conserva elementos arquitectónicos que merece la pena observar con calma: portadas, bóvedas, detalles de piedra que cuentan más de lo que parece desde fuera. Su torre campanario se ve desde varios puntos del pueblo y sirve de referencia cuando uno se pierde entre callejas; al final todas las cuestas acaban llevándote de nuevo hacia ella.
Conviene acercarse a la Plaza de la Constitución, con su fuente tradicional, y a la llamada Casa de la Escribanía, uno de los edificios civiles más antiguos del pueblo. Las construcciones típicas serranas, con sus entramados de madera, balconadas y aleros pronunciados, convierten cualquier paseo en una pequeña lección de arquitectura popular. No hace falta ir buscando “la foto”: basta con caminar despacio, levantar la vista y fijarse en los detalles de fachadas, puertas y escudos que aparecen donde menos lo esperas.
El entorno natural, con bosques de castaños, robles y alcornoques que rodean el pueblo, es parte de la visita. Desde algunos puntos elevados del casco, y desde pequeños miradores naturales, se tienen vistas amplias de la Sierra de Francia, sobre todo al atardecer cuando la luz entra de lado y tiñe de naranja los tejados y las laderas.
Qué hacer
San Martín del Castañar es punto de partida de varias rutas de senderismo que recorren la Sierra de Francia. El sendero que lleva hasta el Mirador del Castañar ofrece vistas abiertas del valle y de los pueblos vecinos. Otra opción es la ruta que atraviesa el bosque de castaños, especialmente agradable en otoño cuando las hojas se vuelven doradas y cobrizas, y el suelo cruje al caminar. Son rutas sencillas en su mayor parte, pero con tramos de subida y bajada típicos de la sierra: calcula el doble de tiempo de lo que te diría una aplicación si vas parando a hacer fotos o vas con gente que no camina a menudo.
La observación de aves tiene aquí un buen terreno, con especies características del bosque mediterráneo de montaña. El entorno se presta también a la fotografía de naturaleza y paisaje, sobre todo a primera hora de la mañana, cuando el pueblo se despierta despacio, y al atardecer, con la luz entrando entre los castaños. En días de niebla, frecuentes según la época, el ambiente cambia por completo y el paseo se vuelve más silencioso.
En cuanto a la gastronomía, los productos de la sierra mandan: embutidos artesanos, setas de temporada, castañas, miel y carnes de caza. A lo largo del año suelen organizarse jornadas o actividades relacionadas con estos productos [VERIFICAR], pero más que venir a buscarlas, lo razonable es aprovechar lo que toque en cada momento y preguntar directamente en el pueblo qué se está haciendo esos días.
La micología es otra actividad muy presente en otoño, cuando los bosques de la zona se llenan de diversas especies de setas. Es importante recordar que la recolección requiere permisos específicos y saber bien lo que se corta; si no se tiene experiencia, mejor limitarse a caminar y observar, o apuntarse a alguna salida guiada [VERIFICAR] en lugar de improvisar.
Fiestas y tradiciones
El día de San Martín, el 11 de noviembre, es la fiesta patronal, con celebraciones religiosas y populares. Esta fecha coincide con la tradición de la matanza del cerdo, costumbre serrana que aún permanece en la memoria colectiva, aunque ya no se viva como antaño en cada casa.
En agosto se celebran las fiestas de verano, con eventos que reúnen a vecinos, veraneantes y gente que vuelve al pueblo esos días. Suelen incluir verbenas, actividades deportivas y propuestas para distintas edades, con mucha vida en las plazas hasta bien entrada la noche.
El Carnaval mantiene también tradiciones propias de la comarca, con disfraces y celebraciones que conservan un aire muy local. Durante la Semana Santa se realizan procesiones que siguen los ritos tradicionales y transforman el ambiente tranquilo del pueblo en algo más solemne, con las calles en silencio y apenas ruido de coches.
Errores típicos al visitar San Martín del Castañar
- Esperar un “parque temático medieval”: el pueblo es bonito y cuidado, pero está vivo. Hay coches, antenas, obras puntuales… No es un decorado, es un sitio donde la gente hace su vida, con su ritmo y sus ruidos.
- Calcular mal el tiempo: el casco se recorre en poco rato. Si solo vienes a pasear por el pueblo, en medio día te sobra tiempo; para llenar el día entero conviene combinarlo con rutas o con otros pueblos de la Sierra de Francia. Muchos llegan pensando pasar aquí todo un fin de semana sin moverse y luego echan de menos haber planificado algo más.
- Aparcar donde no se debe: en fines de semana y festivos puede haber lío con los coches. Mejor seguir las indicaciones de aparcamiento y evitar meterse con el coche hasta el mismo centro, porque algunas calles son estrechas y con cuestas. Dar marcha atrás en una de esas callejas no es la mejor forma de empezar la visita.
- Subestimar las cuestas y el firme: las calles empedradas y con desnivel cansan más de lo que parece. Un paseo que en el mapa parece corto se alarga si vas con niños pequeños, personas mayores o carritos; conviene calzado cómodo y asumir que ir despacio forma parte del plan.
Cuándo visitar San Martín del Castañar
La primavera y el otoño son, en general, los momentos más agradables para visitar San Martín del Castañar: temperaturas suaves, menos agobio de calor y los bosques en su mejor momento, verdes intensos en mayo y amarillos y ocres a partir de finales de octubre.
En verano, especialmente en agosto, el pueblo tiene mucha más vida: más gente, más actividad y también más coches y más ruido. Las noches siguen siendo relativamente frescas para dormir, pero si buscas silencio absoluto quizá te interese evitar las fechas festivas.
El invierno puede ser frío y algo húmedo, con días cortos y nieblas frecuentes. A cambio, las calles están tranquilas y se aprecia más la vida cotidiana del pueblo. Si hace mal tiempo, el paseo se reduce, pero el ambiente serrano, chimeneas encendidas y tejados humeando tienen su propio interés siempre que vengas abrigado y sin la expectativa de hacer grandes rutas.