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sobre Hontoria del Pinar
Entrada al Parque Natural del Cañón del Río Lobos desde Burgos; pueblo pinariego
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A las ocho de la mañana la Plaza Mayor todavía está medio vacía. El aire baja frío desde el monte y huele a resina húmeda. Alguna persiana se levanta con un golpe seco y, durante unos minutos, el turismo en Hontoria del Pinar parece algo muy lejano: solo se oye el roce del viento en las copas y el eco de unos pasos sobre la piedra.
El pueblo se asienta entre pinares densos, en el extremo sureste de Burgos, donde el terreno empieza a plegarse hacia las hoces que anuncian el Cañón del Río Lobos. Desde muchas calles basta levantar la vista para ver las laderas cubiertas de pino albar. La luz de la mañana entra entre las agujas y tiñe el suelo de un gris verdoso.
Un pueblo al borde del monte
Hontoria no se organiza alrededor de grandes plazas ni avenidas. Las calles suben y bajan con la pendiente, estrechas, con fachadas de sillarejo y mampostería que han visto pasar muchos inviernos. Algunas conservan balconadas de madera oscura que crujen cuando sopla el aire frío.
La iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista, ocupa uno de los puntos más visibles del casco urbano. Su fábrica de piedra clara contrasta con los tejados rojizos del entorno. No es un edificio monumental, pero ayuda a entender cómo se levantaban estos pueblos: materiales cercanos, muros sólidos y pocos adornos.
En varios rincones aún aparecen lavaderos, corrales pegados a las viviendas o portones grandes por donde antaño entraban carros cargados de leña. Durante décadas el pinar marcó el ritmo económico del pueblo, junto con la ganadería.
Caminar entre pinos: senderos que salen del mismo pueblo
Basta caminar unos minutos desde las últimas casas para entrar en el monte. Los pinares que rodean Hontoria son continuos y bastante silenciosos. El suelo suele estar cubierto de agujas secas y arena clara, con raíces que asoman aquí y allá, así que conviene llevar calzado con buena suela.
Hay varios senderos señalizados que parten del entorno del pueblo y conectan con pistas forestales y caminos más estrechos. Algunos se acercan a miradores naturales desde donde se intuyen las paredes calizas del Cañón del Río Lobos; otros se internan sin grandes panorámicas, pero con esa sensación de caminar entre troncos altos y rectos durante kilómetros.
A primera hora del día no es raro ver corzos cruzando entre los pinos o escuchar el tamborileo de algún pájaro carpintero. A partir del mediodía, sobre todo en fines de semana de otoño, el monte suele llenarse de gente con cesta.
Otoño de setas (con permiso)
Los pinares de esta zona son conocidos por la presencia de níscalos y boletus cuando llegan las primeras lluvias del otoño. La recolección está regulada en buena parte del entorno, así que lo habitual es necesitar un permiso específico para recoger setas.
Además de la normativa, hay una cuestión práctica: el monte aquí se conoce bien o no se conoce. Los caminos se parecen mucho entre sí y algunas pistas forestales se alargan más de lo que parece en el mapa. Si no se tiene experiencia, conviene no alejarse demasiado de las rutas claras.
Cuándo venir y qué conviene tener en cuenta
El pinar cambia mucho según la estación.
En verano la sombra de los árboles mantiene temperaturas bastante llevaderas incluso cuando en el llano aprieta el calor. Eso sí, en agosto el movimiento aumenta y el silencio del monte dura poco más allá de las primeras horas del día.
El otoño suele ser el momento más animado por la campaña de setas. Si buscas caminar sin compañía masiva, mejor elegir días entre semana.
En invierno el paisaje se vuelve más áspero: heladas frecuentes, niebla algunos días y caminos que amanecen duros como piedra. A cambio, el pinar queda casi vacío y el sonido de las ramas al moverse con el viento se oye desde muy lejos.
Hontoria del Pinar funciona así: un pueblo pequeño, rodeado de monte, donde el ritmo lo siguen marcando los pinos y las estaciones. Aquí caminar no consiste en ir de un punto a otro, sino en dejar que el sendero avance despacio entre troncos rectos y olor a resina. A veces, eso ya es suficiente.