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sobre Cilleros de la Bastida
Minúscula aldea de montaña rodeada de robles; ideal para desconectar
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En lo alto de la Sierra de las Quilamas, a más de mil metros de altitud, se esconde Cilleros de la Bastida, una aldea diminuta donde la vida va a otro ritmo. Aquí el silencio no es una frase hecha: entre semana puedes cruzarte con una o dos personas y poco más. Pueblo pequeño de verdad, de los que cierran la puerta del coche “por si acaso”, pero no hace falta.
Pertenecer a la comarca de Sierra de las Quilamas significa formar parte de uno de los espacios naturales más valiosos de Castilla y León, un territorio donde las tradiciones serranas se mantienen vivas y donde cada piedra cuenta la historia de generaciones que aprendieron a convivir con la dureza y la belleza de la montaña. A 1.066 metros sobre el nivel del mar, Cilleros de la Bastida es sobre todo un lugar para ver cómo es la vida de aldea en estado casi residual: poca gente, mucha montaña y cero ruido.
La despoblación ha convertido este lugar en un refugio para quien busca precisamente eso: refugio. Un sitio al que se viene más a respirar y caminar que a “hacer cosas”. Aquí no hay tiendas, ni bares de pinchos, ni rutas señalizadas por todas partes, pero sí senderos viejos, aire fresco y esa sensación de estar al final de la carretera.
¿Qué ver en Cilleros de la Bastida?
El principal atractivo de Cilleros de la Bastida está en su conjunto de arquitectura tradicional serrana. Las casas de piedra y mampostería, con sus cubiertas de pizarra, se agrupan en torno a calles estrechas que conservan el trazado antiguo. No es un decorado restaurado para la foto: muchas casas muestran el paso del tiempo, otras están arregladas, y el conjunto tiene ese punto real que en otros pueblos ya cuesta encontrar.
La iglesia parroquial, aunque modesta en dimensiones, funciona como referencia del pueblo. Su espadaña sobresale sobre los tejados y es el punto al que acabas llegando casi sin querer. Los alrededores del templo invitan a dar una vuelta corta, sin mapa: portones de madera vieja, antiguas cuadras, corrales medio abiertos, alguna fuente de piedra donde todavía corre el agua.
El paisaje natural es, sin embargo, el que manda. Los bosques de roble rebollo rodean la aldea creando un escenario de colores muy marcados según la estación: verdes fuertes en primavera, dorados y ocres en otoño. Las formaciones graníticas características de las Quilamas salpican el territorio, creando pequeños promontorios desde donde asomarse a un mar de montes, sobre todo si te separas un poco del casco.
Qué hacer
El senderismo es la actividad principal en Cilleros de la Bastida. Desde el pueblo salen caminos tradicionales que conectan con otros núcleos y con la sierra. No esperes una red de rutas muy señalizada: muchos son senderos usados de siempre, que conviene llevar preparados en mapa o GPS antes de venir. A cambio, poca gente, bosques de robles, arroyos y vistas amplias en cuanto ganas algo de altura.
La observación de la naturaleza aquí tiene sentido si vienes con calma. La Sierra de las Quilamas alberga fauna serrana, con aves rapaces planeando sobre los valles y mamíferos esquivos que rara vez se ven pero se intuyen en huellas y rastros. La flora, con brezales, jarales y en primavera un mosaico de flores silvestres, cambia bastante de una época a otra.
Para quienes disfrutan con la fotografía de paisaje, Cilleros de la Bastida funciona bien como base tranquila: amaneceres limpios, nieblas bajas en otoño y noches muy oscuras, con cielos estrellados cuando el tiempo acompaña. Conviene venir con la idea clara de qué quieres fotografiar, porque el pueblo se recorre rápido y no hay “postal” en cada esquina.
La micología tiene su espacio en estos bosques serranos. En otoño, los robledales se llenan de setas. Como siempre, recolección con cabeza, solo especies conocidas y respetando normas y cupos [VERIFICAR].
Fiestas y tradiciones
En una aldea de población tan reducida, las celebraciones tradicionales han ido adaptándose con el tiempo, aunque se mantienen algunas festividades vinculadas al calendario agrícola y religioso. Durante el verano, coincidiendo con el regreso de antiguos vecinos, se organizan encuentros que sirven para que el pueblo “reviva” unos días.
Las fiestas patronales, en torno a agosto [VERIFICAR], son el momento de más movimiento del año. Si coincides, verás más interacción social que el resto del año junto, y es cuando se hacen más visibles las costumbres serranas y los productos de la zona, aunque aquí nada está pensado para el turismo.
Cuándo visitar Cilleros de la Bastida
La primavera y el otoño son las mejores épocas si tu idea es caminar y disfrutar del paisaje: temperaturas suaves y la sierra en su mejor momento de color. En verano, el calor aprieta menos que en el llano, pero al sol se nota; eso sí, las tardes suelen ser agradables. El invierno es frío, con heladas y posibilidad de nieve, y la sensación de aislamiento se multiplica: solo recomendable si sabes a lo que vienes y controlas conducir con mal tiempo.
Si llueve, el pueblo en sí se te queda corto en media hora. En esos días compensa más usar Cilleros como punto de paso dentro de una ruta por la sierra, que plantearlo como destino único.
Lo que no te cuentan
Cilleros de la Bastida es muy pequeño y se ve rápido. Si solo vienes a “ver el pueblo”, en una hora lo habrás recorrido varias veces. Tiene más sentido si lo encajas dentro de una ruta por la Sierra de las Quilamas (otros pueblos cercanos, miradores, pistas forestales) o si lo usas como base tranquila para patear monte.
Las fotos que se ven a veces en redes, con nieblas perfectas y atardeceres naranjas, corresponden a días muy concretos. Hay días más planos, de luz dura y sin drama en el cielo. No vengas esperando un “paisaje de calendario” a todas horas.
El acceso, sin ser complicado, es por carreteras secundarias, con curvas y algún tramo estrecho. No es un sitio de parar “de camino a”, porque no pilla de paso: hay que querer llegar hasta aquí. Y una vez aquí, ya sabes: ni bares, ni tiendas, ni cajeros.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Recorrer el pueblo con calma: plaza, iglesia y callejas adyacentes.
- Asomarte a los alrededores por alguno de los caminos que salen del casco, solo unos minutos, para ver el paisaje de la sierra.
- Charlar un rato con quien te encuentres, si se presta: en pueblos tan pequeños, la mejor “visita guiada” suele ser esa.
Si tienes el día entero
- Preparar una ruta a pie por la Sierra de las Quilamas, saliendo y volviendo a Cilleros (o enlazando con otro pueblo).
- Combinar varias paradas en la comarca: Cilleros para pasear tranquilo y otros núcleos o miradores para completar el día.
- Si vienes en otoño, dedicar la mañana a caminar y la tarde a buscar setas con criterio, sin improvisar ni arrasar el monte.
Errores típicos
- Pensar que hay servicios básicos: no los hay. Trae agua, comida y lo que necesites.
- Llegar sin haber mirado bien el acceso y el tiempo, sobre todo en invierno: la nieve o el hielo complican mucho la vuelta al anochecer.
- Confiarse con el móvil: según la zona, la cobertura falla o es muy justa; descarga mapas offline si vas a andar por la sierra.
- Subestimar el frío: incluso en días soleados, el aire a más de mil metros se nota, y a última hora refresca rápido.