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sobre La Bastida
El pueblo más alto de la zona de Quilamas; mirador natural y tranquilidad
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En plena Sierra de las Quilamas, a 1112 metros de altitud, La Bastida es uno de esos pueblos pequeños de Salamanca donde ya casi no queda nadie, pero el sitio sigue en pie, tercamente. Con apenas 31 habitantes censados, esta aldea serrana mantiene la esencia del mundo rural sin maquillaje: casas de piedra, callejuelas empedradas, corrales, huertos y un silencio que a ratos apetece y a ratos impone.
El paisaje que rodea La Bastida es de montaña de verdad, sin artificios. Lomas, barrancos, robledales, castaños y matorral duro, típico de esta comarca que hace de transición entre la meseta castellana y las estribaciones del Sistema Central. Es un entorno de gran valor ecológico, pero también un lugar algo aislado, pensado para quien realmente quiere desconectar y no necesita muchas “cosas que hacer”.
Visitar La Bastida es asomarse a una forma de vida que se va apagando. La arquitectura tradicional serrana se mantiene bastante bien, aunque se nota el abandono en algunas construcciones. No es un pueblo de postal perfecta, y precisamente por eso tiene interés: aquí todavía se ve cómo se vivía (y se vive) con inviernos duros y poca gente. A veces huele a humo de chimenea y a establo, y eso forma parte del conjunto igual que las piedras.
Qué ver en La Bastida
El principal atractivo de La Bastida está en su conjunto arquitectónico y en el ambiente de aldea de sierra. Las construcciones típicas de la Sierra de las Quilamas, en granito y mampostería, con tejados de pizarra oscura, forman un núcleo compacto, muy pegado a la ladera. Pasear sin prisa por sus calles cortas, con algún tramo empinado y algo irregular, es casi todo el “programa”.
La iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista, es el edificio más relevante del pueblo. Es sencilla, acorde con el tamaño de la aldea, pero conserva elementos de interés y, sobre todo, sigue siendo el punto de referencia para la vida comunitaria: allí se concentra la gente cuando toca, aunque el resto del año puedas encontrar la puerta cerrada.
El verdadero valor de La Bastida está en su entorno natural. La Sierra de las Quilamas, declarada Espacio Natural Protegido, combina montes de media montaña con vistas amplias sobre valles y cumbres. En días claros se pueden llegar a distinguir las sierras de Béjar y Gredos al fondo. Los bosques de robles y castaños, especialmente vistosos en otoño, animan a hacer rutas tranquilas, parar en las fuentes y escuchar algo más que coches.
Las fuentes y arroyos que nacen por la zona han ido marcando el paisaje y los usos tradicionales: bancales, pequeños prados y zonas de pasto donde aún se intuye la importancia que tuvo la ganadería local. Si te sales un poco de los caminos principales, todavía se ven paredes de piedra seca, antiguas tenadas y huertos que recuerdan que aquí se trabajaba cada metro.
Qué hacer
La Bastida es terreno de senderismo y paseos de montaña, más que de turismo “de pueblo” al uso. Desde aquí salen y pasan caminos tradicionales que conectan con otros núcleos de la comarca, atravesando robledales viejos y zonas de castaños. Hay opciones suaves para caminar un rato alrededor del pueblo y también recorridos más largos y con desnivel hacia las zonas altas de las Quilamas. Conviene tener claro el recorrido antes de salir y no fiarlo todo al móvil, porque la cobertura falla en varios tramos y algunas sendas no están marcadas como en un parque urbano.
En otoño, toda la comarca se mueve alrededor de las setas: níscalos, boletus y otras especies que, bien buscadas y respetando la normativa y las cuotas [VERIFICAR], dan muchas alegrías. Los castaños de la zona también son protagonistas; a finales de octubre y noviembre es tiempo de recogida de castañas y de encender chimeneas. Si no conoces la zona, mejor ir con alguien que sepa distinguir especies y terrenos donde sí se puede recolectar.
Para quien tenga paciencia y algo de práctica, la observación de aves y fauna silvestre funciona muy bien en este territorio. Milanos, águilas, cernícalos y otras rapaces se dejan ver con frecuencia, y no es raro encontrar rastros de jabalíes, corzos o zorros en los senderos. No es un zoológico al aire libre: hay que saber mirar y, sobre todo, guardar silencio y asumir que habrá días en los que no se vea casi nada.
La gastronomía serrana sigue siendo contundente y basada en lo que ha dado siempre la zona: productos de la matanza tradicional, guisos de caza, patatas meneás y dulces en los que la castaña tiene un papel importante. Mucho de esto se sigue haciendo en las casas, más que en locales pensados para turistas, así que no conviene llegar con la idea de “ya comeremos allí lo que sea” sin haberlo planeado antes.
Fiestas y tradiciones
Como en la mayoría de pueblos de la sierra, las fiestas patronales se concentran en verano, normalmente a finales de agosto, cuando vuelven los que se fueron a vivir fuera [VERIFICAR fechas exactas]. Son días de reencuentro, verbenas modestas, procesiones y comidas en común, que contrastan con la tranquilidad (o directamente el vacío) del resto del año.
San Juan Bautista, patrón del pueblo, se conmemora en torno al 24 de junio, aunque las celebraciones más numerosas suelen desplazarse a las fechas en las que hay más gente. La matanza del cerdo todavía pervive en algunas casas durante los meses fríos, más como tradición familiar que como evento multitudinario, pero sigue marcando el invierno y el calendario de muchas despensas.
Información práctica
La Bastida se encuentra a unos 70 kilómetros al sur de Salamanca capital. Lo habitual es tomar la N-630 dirección Béjar y después enlazar con carreteras comarcales que cruzan la Sierra de las Quilamas. El último tramo es de montaña: curvas, algún bache y un ritmo más lento del que marcan los kilómetros en el mapa. El trayecto suele rondar la hora y cuarto, pero con mal tiempo conviene tomárselo con calma; si sales justo de tiempo, llegarás con la sensación de haber ido “apurando” todo el camino.
Es fundamental tener en cuenta la época del año. En invierno puede haber nieve o placas de hielo en la carretera y en las calles del pueblo. En verano, en cambio, se agradece la altitud y las noches frescas. La primavera y el otoño son, en general, los momentos más agradecidos para disfrutar del paisaje, con la explosión verde de abril-mayo o los tonos rojizos y ocres de octubre-noviembre.
Imprescindible calzado cómodo y cerrado para caminar por terreno irregular (calles con cuestas, piedras sueltas, senderos con barro si ha llovido) y algo de abrigo incluso en verano, porque refresca en cuanto cae el sol. Si vas a caminar en serio, mejor llevar agua y algo de comida: no es una zona donde puedas improvisar una compra en cada esquina.
Cuándo visitar La Bastida
Si lo que te interesa es el paisaje y caminar:
- Primavera: días más largos, temperaturas suaves y la sierra muy verde. Puede haber lluvias, así que no está de más llevar chubasquero y asumir que puedes volver con las botas llenas de barro.
- Otoño: quizá el momento más agradecido visualmente, con los castaños y robles cambiando de color y el ambiente setero en toda la comarca.
- Verano: buena opción para escapar del calor de la ciudad, pero no esperes un pueblo lleno de servicios. Hay más ambiente solo los días de fiesta y algunos fines de semana.
- Invierno: la sierra tiene su punto con nieve, pero conviene ir preparado para el frío, el hielo y la posible dificultad de acceso. Los días son cortos y, a partir de cierta hora, no hay casi nadie por la calle.
En días de lluvia intensa o niebla cerrada, las rutas de senderismo pierden bastante y las carreteras de acceso exigen más atención de la habitual. Si te pilla una niebla de las buenas, el paisaje desaparece y el paseo se convierte en ejercicio de orientación.
Lo que no te cuentan
- El pueblo es muy pequeño: La Bastida se recorre en poco rato. Si vas con la idea de “pasar varios días en el pueblo”, seguramente acabarás pasando más tiempo en coche o por los senderos que en el casco urbano.
- No es un destino “de foto fácil”: hay rincones muy bonitos, pero también casas medio caídas, corrales abandonados y señales del despoblamiento. Si buscas un decorado perfecto, mejor elige otro sitio; si te interesa ver un pueblo tal cual, sin retoques, este encaja más.
- Servicios justos: según la época del año, te puedes encontrar con muy poca oferta abierta. Conviene llevar el depósito de gasolina controlado, algo de comida y no dar por hecho que vas a tener bar o tienda a mano todos los días.
Errores típicos al visitar La Bastida
- Ir con expectativas de “mucho que ver” en el propio pueblo: La Bastida se disfruta más como punto de partida para la sierra que como visita urbana larga. Una vez recorridas las cuatro calles y la iglesia, el resto está fuera.
- Calcular mal los tiempos de ruta: los desniveles, el firme irregular y las paradas para fotos o descanso alargan cualquier paseo. Lo que en el mapa parece “un paseíto de una hora” se puede convertir fácilmente en dos.
- Confiar solo en el móvil: entre la cobertura irregular y las apps que no siempre recogen bien los caminos tradicionales, es fácil acabar dando más vuelta de la prevista. Un mapa descargado o preguntarle a alguien del pueblo antes de salir ahorra sustos.
Si solo tienes…
- 1–2 horas: entra al pueblo, pasea sin prisa por el casco, acércate a la iglesia y asómate a los alrededores para tener una primera vista de la sierra. Es más una toma de contacto que una excursión en regla.
- El día entero: combina un paseo por el pueblo con una ruta de senderismo de media jornada por los alrededores (robledales, zona de castaños, algún mirador natural) y una comida tranquila. Si te organizas bien, te da tiempo a conducir sin prisas y a parar en algún otro pueblo de la comarca.