Artículo completo
sobre Losacino
Municipio a orillas del embalse del Esla con paisajes de agua y roca; ideal para la pesca y actividades náuticas tranquilas
Ocultar artículo Leer artículo completo
En el corazón de la Tierra de Alba zamorana, donde las llanuras castellanas comienzan a ondularse con suaves colinas, se encuentra Losacino, una pequeña localidad de apenas 189 habitantes que conserva bastante bien el sabor de la España rural de siempre. A unos 700 metros de altitud, este pueblo se asienta en un paisaje de transición entre la meseta y las primeras estribaciones que anuncian las tierras sanabresas, con la mezcla habitual de campos de cereal, encinas y prados que vas viendo en toda la comarca.
Losacino no sale en las listas ni en los rankings, y eso tiene ventaja: aquí no hay prisas, ni colas, ni postureo. El ritmo lo marcan las campanas de la iglesia, el calendario agrícola y, sobre todo, la gente mayor que sigue usando la calle como extensión de la casa. Sus calles, las casas de piedra y adobe y la manera de vivir permiten hacerse una idea bastante real de cómo ha sido la vida en tantos pueblos de Zamora en las últimas décadas.
La comarca de Tierra de Alba, menos conocida que otras zonas de Zamora, tiene en Losacino un ejemplo muy claro de arquitectura popular y de pueblo agrícola sin maquillaje. No es un museo al aire libre, es un pueblo donde se sigue viviendo.
¿Qué ver en Losacino?
El patrimonio monumental de Losacino es sencillo, pero tiene lo que se espera en un pueblo agrario de Zamora. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano con su robusta construcción, típica de los templos rurales de la provincia. Su torre campanario se divisa desde varios kilómetros a la redonda, y al final se convierte en la referencia visual cuando te vas moviendo por los caminos de alrededor.
Recorrer las calles de Losacino es darse un paseo por la arquitectura tradicional castellana sin florituras. Las casas de piedra y adobe, con sus portones de madera gastados por el tiempo, corrales interiores y algún balcón de madera, conforman un conjunto urbano coherente que, con sus reformas y apaños, ha ido aguantando el tirón del abandono rural. Algunas construcciones conservan elementos antiguos como bodegas subterráneas, palomares y viejos lagares que recuerdan la actividad vitivinícola histórica de la zona, aunque en muchos casos ya solo se usan como almacén.
El entorno natural de Losacino anima a paseos tranquilos entre campos de cultivo y dehesas. Los caminos rurales que parten del pueblo conducen a parajes donde ver la fauna típica de estas tierras: cigüeñas en los campanarios y postes, águilas ratoneras y, con suerte, alguna otra rapaz sobrevolando los barbechos. El paisaje cambia bastante según la estación: dorado en verano tras la siega, verde en primavera con los cultivos brotando, ocre en otoño.
Qué hacer
Las rutas de senderismo por los caminos tradicionales son la actividad principal en Losacino. No hablamos de grandes travesías de montaña, sino de caminar por los antiguos caminos que unían el pueblo con las localidades vecinas, con poca dificultad y sin apenas desnivel. Son buenos paseos para ir en familia o para estirar las piernas sin complicaciones, y permiten encontrar fuentes tradicionales, pequeños humilladeros, alguna ermita rural cercana [VERIFICAR] y algún alto desde el que se ve bien la amplitud de la meseta.
La gastronomía local se basa en lo de siempre: productos de la tierra y cocina de cuchara. Guisos de caza en temporada, lentejas, potajes, lechazo, embutidos y la tradición de la matanza en otoño e invierno, que en muchas casas del pueblo sigue siendo un momento importante del año. No esperes una ruta gastronómica como tal; aquí se come bien en las casas y en los bares de la zona, sin sofisticaciones y con raciones pensadas más para alimentar que para hacer foto.
Los aficionados a la fotografía rural encontrarán en Losacino escenarios muy reconocibles: amaneceres con niebla baja sobre los campos, atardeceres con el pueblo recortado contra el cielo, paredes de piedra, puertas antiguas, carros abandonados… La luz castellana al final del día hace el resto y suaviza esa sobriedad del paisaje.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Losacino mantiene las celebraciones habituales del mundo rural zamorano. Las fiestas patronales, que se celebran en verano (generalmente en agosto), reúnen a vecinos y gente que vuelve al pueblo esos días. Hay actos religiosos, música, verbenas y ese ambiente de reencuentro que se repite año tras año.
La Semana Santa se vive con recogimiento, con procesiones que recorren las calles principales del pueblo, manteniendo rituales que, más allá de lo religioso, funcionan como momento de comunidad.
En invierno, las celebraciones navideñas recuperan costumbres como los belenes caseros cuidados al detalle y las reuniones en torno al fuego, donde se alarga la tertulia con un vino o un licor casero. No es un espectáculo preparado para el visitante, es la vida normal de un pueblo en fechas señaladas.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Zamora capital, Losacino se encuentra aproximadamente a unos 50 kilómetros en dirección Alcañices. El trayecto ronda los tres cuartos de hora por carreteras comarcales, en buen estado en general pero con tráfico escaso. El coche particular es lo más práctico si quieres moverte también por otros pueblos de la Tierra de Alba.
Consejos: Losacino es un pueblo pequeño, con servicios básicos y sin infraestructuras turísticas pensadas para grupos. Conviene llegar con algo de comida y agua si tu idea es pasar unas horas caminando por los alrededores. No hay que olvidar que es un lugar habitado: las calles, las eras y los caminos son parte de la vida diaria de la gente del pueblo, así que conviene respetar ritmos, propiedades y cultivos. Si llevas perro, mejor atado en las zonas de fincas y ganado para evitar líos con los animales y las vallas.
Cuándo visitar Losacino
La primavera (abril-mayo) es probablemente el momento más agradecido: temperaturas suaves, campos verdes y algo más de vida en el campo. En verano el pueblo gana ambiente con la llegada de emigrantes y las fiestas, pero las temperaturas pueden ser altas, así que mejor madrugar para caminar y dejar las horas centrales para la sombra. El otoño es muy fotogénico, con tonos ocres y cielos más cambiantes. El invierno es frío y puede hacerse duro si sopla el viento, pero es cuando mejor se entiende cómo es la vida real en estos pueblos.
Lo que no te cuentan
Losacino se ve rápido. En una mañana puedes recorrer el pueblo con calma y darte un paseo por los caminos de alrededor. Por sí solo, no da para un fin de semana completo; tiene más sentido como parada dentro de una ruta por la Tierra de Alba o como base si buscas tranquilidad absoluta y te mueves en coche.
Las fotos de campos infinitos y cielo azul pueden engañar un poco: el paisaje es hermoso en su sobriedad, pero es repetitivo. Si buscas grandes monumentos, tiendas o mucha oferta de ocio, este no es tu sitio. Si lo que quieres es caminar, ver cómo se vive en un pueblo pequeño de Zamora y oír más pájaros que coches, entonces encaja mejor.
Si solo tienes…
- 1–2 horas: Paseo corto por el casco urbano (iglesia, calles principales, alguna travesía secundaria) y salida por uno de los caminos más cercanos al pueblo para asomarte al paisaje.
- Medio día: Visita tranquila del pueblo, charla en el bar si lo hay abierto, y ruta circular por los caminos tradicionales, volviendo por otra entrada del pueblo para ver distintas perspectivas.
- Si vas con niños: Mejor optar por recorridos cortos, de ida y vuelta, evitando las horas de más calor. Hay espacio de sobra para que corran y jueguen, pero ojo con los coches agrícolas y con no entrar en fincas privadas aunque veas las puertas abiertas.