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sobre Olmillos de Castro
Municipio que incluye varias pedanías con restos arqueológicos importantes; paisaje de transición con monte y valles tranquilos
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En la Tierra de Alba zamorana, entre campos de cereal y pueblos muy dispersos, está Olmillos de Castro, una aldea pequeña incluso para la zona. Aquí viven poco más de 200 personas y la vida va a otro ritmo. No hay grandes monumentos ni rutas famosas: hay silencio, campo abierto y un modo de vida que en muchos sitios ya se ha perdido.
Olmillos de Castro encaja para quien necesita parar y desconectar de verdad y sabe que eso aquí va a ser sin distracciones. Calles sencillas, casas bajas, campos dorados en verano y unos cielos nocturnos que recuerdan cómo era la noche antes de las farolas. Aquí el plan es pasear sin prisa, charlar en la plaza si hay alguien, o simplemente sentarse a ver cómo baja el sol detrás de los sembrados.
La comarca de Tierra de Alba, a la que pertenece este municipio, debe su nombre a la localidad de Alba de Aliste, y se caracteriza por un paisaje de suaves ondulaciones donde la agricultura de secano marca el ritmo de las estaciones. Venir a Olmillos es entrar en una Zamora menos visitada, más de paso que de destino largo, pero con su interés si sabes a lo que vienes.
¿Qué ver en Olmillos de Castro?
El patrimonio de Olmillos de Castro responde a la arquitectura popular castellana, con construcciones tradicionales que hablan de siglos de adaptación al clima continental de la meseta. La iglesia parroquial es el edificio que manda en el perfil del pueblo, como suele ocurrir en estas localidades donde el templo ha sido históricamente el centro de la vida comunitaria.
Pasear por sus calles permite fijarse en la arquitectura vernácula de la zona: casas de piedra y adobe, portones de madera ya gastados, corrales que en muchos casos siguen en uso. Nada de grandes palacios ni casonas rehabilitadas de revista; más bien un patrimonio etnográfico humilde, pero real, que cuenta cómo se ha vivido en esta tierra durante generaciones.
Los alrededores de Olmillos son campos abiertos en todas direcciones. A quien venga buscando bosques le sabrá a poco, pero al que disfrute de la fotografía de paisaje, las líneas de los sembrados y los cielos cambiantes le pueden dar juego. Las llanuras cerealistas van mudando: verdes intensos en primavera, dorados tras la cosecha, tonos apagados y ocres con las primeras lluvias de otoño. En esa aparente monotonía se mueve una fauna bastante especializada del ecosistema de la estepa cerealista.
Qué hacer
La principal actividad en Olmillos de Castro es caminar. Los caminos rurales que conectan la localidad con otros pueblos de la comarca son llanos o de suaves pendientes, aptos para casi todo el mundo, pero muy expuestos: poca sombra y sensación de inmensidad. Lleva agua de sobra, gorra y protección solar, sobre todo de mayo a septiembre. El viento aquí también se nota, especialmente en invierno.
La observación de aves tiene más chicha de la que parece cuando uno mira solo el paisaje. Las estepas cerealistas de la provincia de Zamora albergan especies como la avutarda, el sisón o la alondra, sobre todo en primavera. No esperes verlas a dos metros del coche: hay que madrugar, moverse con calma y respetar siempre los caminos sin meterse en fincas ni cultivos. Unos prismáticos y una guía de aves marcan la diferencia.
La gastronomía local se basa en los productos de la tierra y la tradición ganadera. En el propio pueblo no hay restauración, y eso conviene tenerlo claro antes de llegar: aquí no se viene a “ver qué pillo para comer”, porque lo normal es que no pilles nada. En las localidades cercanas se pueden probar platos típicos zamoranos como el bacalao a la tranca, las lentejas de Tierra de Alba, el lechazo asado o los quesos de oveja. Los productos de la matanza tradicional siguen muy presentes en la zona.
Fiestas y tradiciones
Como en la mayoría de los pueblos castellanos, el calendario festivo de Olmillos de Castro gira en torno a las celebraciones religiosas tradicionales. Las fiestas patronales suelen celebrarse durante el verano, generalmente en agosto, cuando muchos de los que viven fuera vuelven al pueblo.
Son fiestas sencillas: misa, procesión, alguna verbena y comidas comunitarias donde lo importante es reencontrarse más que llenar una agenda de actividades. Para quien venga de fuera con curiosidad y respeto, es una buena manera de entender cómo se sigue tejiendo la vida social en pueblos tan pequeños.
En invierno se conservan tradiciones ligadas a la matanza del cerdo, una actividad que durante generaciones ha sido clave para llenar la despensa en los meses fríos. Hoy es menos “necesidad” y más reunión familiar, pero mantiene ese carácter de encuentro alrededor de la cocina.
Información práctica
Cómo llegar: Olmillos de Castro se encuentra a aproximadamente 45 kilómetros al noroeste de Zamora capital. El acceso se realiza por carreteras comarcales desde la N-122 o la A-52. Desde Zamora, el trayecto ronda los 45 minutos en coche. En la práctica, necesitas vehículo propio: el transporte público es muy escaso o directamente inexistente según el día [VERIFICAR].
Consejos prácticos: Olmillos de Castro se recorre rápido y se disfruta mejor combinándolo con otros pueblos de la comarca o con alguna ruta por la zona. No hay comercios ni servicios turísticos en el pueblo, así que es básico llevar gasolina, agua, algo de comida y efectivo desde localidades mayores. El respeto por la tranquilidad del lugar y de sus habitantes no es un extra: es la clave para que sitios así sigan siendo vivibles.
Cuándo visitar Olmillos de Castro
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son las épocas más agradecidas por temperatura y por cómo está el campo. El verano puede ser muy caluroso durante el día, con sol fuerte, aunque las noches refrescan. El invierno es frío, con heladas frecuentes y sensación térmica baja por el viento.
Si llueve, las pistas de tierra y algunos caminos se embarran y pueden ser incómodos para caminar e incluso problemáticos para turismos si te sales del asfalto. A cambio, los cielos plomizos y los campos recién mojados tienen un punto que a quien le guste la fotografía rural le compensa el chaparrón.
Lo que no te cuentan
Olmillos de Castro es pequeño y se ve en poco tiempo. En menos de una hora te has recorrido el casco y alrededores inmediatos, salvo que te entretengas haciendo fotos o hablando con la gente. Si vienes esperando un casco antiguo cuidado al detalle, rutas señalizadas por todas partes y servicios a mano, te vas a frustrar. Es más una parada tranquila dentro de una ruta por la comarca que un lugar donde pasar varios días seguidos.
Las fotos que se pueden ver por internet suelen enseñar el lado más amable: atardeceres, cielos espectaculares, campos en su mejor momento. El día a día es más austero: edificaciones viejas, solares, calles sin arreglar del todo. Eso no es un fallo, es lo que hay. Si te atrae la España rural tal cual, sin maquillaje, aquí la tienes.
Errores típicos
- Llegar sin nada de comida ni agua pensando que habrá bares o tiendas.
- Venir en pleno verano a caminar a mediodía, sin gorra ni protección.
- Subestimar el frío y el viento en invierno por ver el cielo despejado.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Paseo tranquilo por el pueblo, vuelta a la iglesia y alrededores, y un paseo corto por alguno de los caminos que salen del casco urbano para ver el paisaje abierto.
Si tienes el día entero
Combina Olmillos de Castro con otros pueblos de Tierra de Alba y algún tramo más largo por caminos rurales. Así el paso por Olmillos encaja mejor: un rato de calma, algo de observación de aves si se tercia y a seguir ruta.