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sobre Santa Eufemia del Barco
Localidad a orillas del embalse del Esla con bellos paisajes; ideal para la pesca y el senderismo por la orilla
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El primer sonido suele ser el del agua bajo el puente. No es un río grande, pero el Guareña corre con un murmullo constante cuando el año viene húmedo. A esa hora temprana, con la niebla todavía baja sobre las huertas, aparece Santa Eufemia del Barco al otro lado del puente de piedra. Casas de adobe, muros de mampostería y tejados que han ido cambiando de teja con los años. En Santa Eufemia del Barco, en plena Tierra de Alba, viven hoy menos de doscientas personas.
Aquí el ritmo sigue bastante pegado al campo. Las huertas que rodean el pueblo aún se trabajan. En verano huelen a tierra mojada al atardecer. No es raro ver cebollas secándose o montones de patatas recién sacadas.
El paso del río Guareña
El apellido del pueblo viene de un cruce antiguo del río. Durante siglos hubo una barca que ayudaba a pasar de una orilla a otra en este punto del Guareña, conectando caminos que iban hacia Alba de Tormes y hacia Zamora.
Hoy el puente hace ese trabajo. Desde él se ve bien la línea de álamos que acompaña al río. En verano dan una sombra densa y fresca. El terreno junto al agua no está acondicionado: senderos de tierra, alguna rodadura de tractor y poco más. Aun así, es donde más se oye vida. Ranas después de la lluvia. Garzas quietas en la orilla. A veces pasa un martín pescador como una chispa azul.
La iglesia y la plaza
La torre de la iglesia se ve antes que casi cualquier otra cosa. Sobresale por encima de los tejados y marca el centro del pueblo.
El edificio es sobrio, de piedra. Ha tenido reformas con los años y se nota en los distintos tonos del muro. Dentro hay retablos sencillos y pequeñas imágenes muy ligadas a las familias del pueblo. Nada monumental. Más bien un espacio que se ha ido manteniendo entre vecinos.
La plaza que la rodea es pequeña. A media tarde suele haber movimiento cuando alguien aparca el coche o pasa camino de las huertas.
Casas, corrales y bodegas
Caminar por Santa Eufemia es fijarse en detalles. Puertas de madera muy gastadas. Rejas negras que se han repintado muchas veces. Muros de adobe que muestran capas distintas cuando la cal se desprende.
Muchos patios siguen cerrados por tapias bajas. Dentro se guardan aperos, remolques pequeños o leña para el invierno. También quedan bodegas excavadas en tierra. Algunas ya no se usan, pero recuerdan cómo se almacenaba vino y comida cuando el frío hacía el resto del trabajo.
En los alrededores aparecen palomares. Algunos siguen en pie con su forma circular. Otros se van deshaciendo poco a poco entre la hierba.
Caminos entre cereal y vega
A las afueras salen caminos agrícolas que cruzan la vega del Guareña. No están señalizados como rutas formales. Son pistas de tierra que usan los agricultores y que cualquiera puede recorrer a pie o en bicicleta.
En primavera el verde es muy intenso y el suelo aún guarda humedad. En verano cambia todo: el cereal se vuelve dorado y el calor aprieta desde media mañana. Si vas a caminar, conviene hacerlo temprano o ya al caer la tarde. Apenas hay sombra fuera de la ribera.
Entre los campos se ven aves propias del paisaje cerealista. Alcaravanes cuando cae la tarde, algún aguilucho buscando presas sobre los cultivos. No es un lugar preparado para observar fauna, pero quien tenga paciencia suele ver movimiento.
El río también atrae a pescadores en algunos tramos tranquilos. Antes de hacerlo conviene revisar la normativa vigente de pesca en la zona, porque puede haber vedas o limitaciones según la época.
Cuándo ir y cómo llegar
Las fiestas del pueblo se celebran tradicionalmente en torno a Santa Eufemia, a mediados de septiembre. En esos días regresan muchos vecinos que viven fuera y el ambiente cambia bastante: más coches, más gente en la calle, reuniones largas al caer la noche.
El resto del año el pueblo está muy tranquilo. Si se busca silencio, cualquier mañana de otoño lo muestra tal cual es.
Para llegar desde Zamora capital lo normal es usar carreteras secundarias que atraviesan campos de cereal y pequeños núcleos dispersos. Conviene ir en coche. No tanto por la distancia, sino porque así se puede parar en los pueblos del camino o acercarse al río sin depender de horarios.
Santa Eufemia del Barco no tiene grandes reclamos ni infraestructuras pensadas para el turismo. Lo que hay es otra cosa: el sonido del agua bajo el puente, el polvo de los caminos en verano y esa sensación de tiempo largo que todavía se mantiene en muchos pueblos de la Tierra de Alba.