Artículo completo
sobre Benafarces
Pequeño pueblo de tradición agrícola; destaca por su iglesia de piedra y el ambiente sosegado de la llanura castellana
Ocultar artículo Leer artículo completo
En el corazón de Tierra de Campos, donde el horizonte manda y el viento casi no encuentra nada que le frene, está Benafarces. Este pequeño municipio vallisoletano de apenas 68 habitantes es uno de esos pueblos donde la vida va lenta y se escucha todo: el viento, los tractores, los perros, las conversaciones en la puerta de casa cuando las hay.
Situada a 743 metros de altitud, Benafarces es la esencia misma de la Tierra de Campos: arquitectura de adobe y tapial, campos de cereales que cambian de color según la estación y un silencio que resulta casi terapéutico para quienes vienen del ruido. Aquí no encontrarás grandes monumentos ni hoteles, pero sí la vida pausada de los pueblos castellanos, esa que se resiste como puede al paso acelerado del siglo XXI.
Visitar Benafarces es asomarse a la realidad de la España vaciada, pero también descubrir que en esa aparente vacuidad hay una manera de vivir y un paisaje que conviene mirar con calma. Es un lugar para ir sin prisas, sin agenda y sin esperar grandes “atracciones”, porque no las hay.
¿Qué ver en Benafarces?
El patrimonio de Benafarces es modesto pero representativo de la arquitectura tradicional de Tierra de Campos. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano, como en tantos pueblos castellanos, y aunque no se trata de un gran templo monumental, mantiene el aire sencillo de las construcciones religiosas rurales que han sido centro de la vida comunitaria durante siglos.
El verdadero interés de Benafarces está en su conjunto urbano tradicional. Pasear por sus calles es ver la arquitectura popular de la comarca: casas de adobe, tapial y ladrillo cocido, portones de madera que guardan antiguos corrales y esa paleta de ocres y marrones tan típica de los pueblos terracampinos. Muchas de estas construcciones, en distintos estados de conservación, son testimonio claro de cómo se construía y vivía en estas tierras hace generaciones. También verás solares vacíos, casas cerradas y alguna ruina: forma parte del paisaje actual de la zona y conviene asumirlo tal cual.
El entorno natural es otro de sus puntos fuertes. Los campos de cultivo que rodean el municipio forman ese paisaje horizontal tan característico, donde la mirada se pierde con facilidad. Durante la primavera, los campos verdes salpicados de amapolas invitan a parar un momento, mientras que en verano el dorado del cereal maduro bajo el cielo azul tiene algo hipnótico si te gustan estos paisajes secos y abiertos.
Qué hacer
Benafarces es un lugar para el senderismo tranquilo y la observación del paisaje. Desde el pueblo parten caminos rurales en todas direcciones que permiten adentrarse en Tierra de Campos, recorriendo antiguas sendas entre cultivos y viendo la fauna local. Es zona habitual de avutardas, águilas y otras aves esteparias, lo que atrae a los aficionados al birdwatching, siempre que se tenga paciencia y se respeten distancias y cultivos.
La fotografía de paisaje aquí funciona bien si sabes a lo que vienes: horizontes largos, cielos grandes y poca distracción visual. Los amaneceres y atardeceres en la llanura castellana traen juegos de luz y nubes que cambian en minutos. La escasa contaminación lumínica convierte además las noches despejadas en buenos momentos para la observación astronómica y la fotografía nocturna, si vas abrigado y con frontal.
Para los interesados en el cicloturismo, las carreteras secundarias que conectan Benafarces con los pueblos vecinos permiten rutas circulares de dificultad baja o media, pensadas para rodar tranquilo y sin mucho tráfico. El viento puede ser más condicionante que las cuestas, y un día de cierzo fuerte te puede arruinar la ruta si no lo tienes en cuenta.
En cuanto a la gastronomía, aunque en el propio municipio no hay establecimientos de restauración, la cocina tradicional de Tierra de Campos se mantiene en las localidades cercanas: lechazo asado, sopas castellanas, quesos de oveja y productos de la matanza son algunos de los platos que definen esta tierra. Conviene ir con la idea de comer fuera del pueblo o llevar algo preparado y tomárselo allí con calma.
Fiestas y tradiciones
Como en muchos pueblos de Castilla, Benafarces celebra sus fiestas patronales durante el verano, generalmente en agosto, cuando muchos de los antiguos vecinos que emigraron regresan al pueblo. Son celebraciones sencillas, de escala muy local, con misa, procesión y algún baile popular.
A lo largo del año, el municipio participa del calendario festivo tradicional castellano, aunque la despoblación ha dificultado el mantenimiento de algunas celebraciones. Las fiestas religiosas como la Semana Santa o el Corpus se viven con la sobriedad típica de estos pequeños núcleos rurales, sin grandes despliegues.
Lo que no te cuentan
Benafarces es un pueblo pequeño que se ve rápido. Si vas “a hacer turismo” en el sentido clásico, te sabrá a poco. Tiene más sentido como parada tranquila dentro de una ruta por Tierra de Campos que como destino para varios días.
Las fotos de los campos y los cielos son reales, pero conviene ajustar expectativas: el paisaje es muy abierto y muy repetitivo. Si no te gusta la llanura o te cansa ver cereal a un lado y a otro, quizá no sea tu sitio. Si te atrae esa sensación de espacio y silencio, entonces encaja mejor.
Tampoco hay bares, restaurantes ni tiendas al uso, así que conviene ir prevenido: llenas el depósito, llevas agua y algo de comida, y luego ya te preocupas de mirar al horizonte. Si vas en invierno o en días ventosos, suma ropa de abrigo de verdad: la sensación térmica engaña.
Cuándo visitar Benafarces
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son las estaciones más agradables, con temperaturas más suaves y el campo en transición de colores. En primavera hay más verde y flores; en otoño, cielos más cambiantes y tonos ocres.
El verano puede ser muy caluroso a mediodía, con sol que cae a plomo y poca sombra, aunque las noches refrescan y el cielo limpio compensa para quien quiera quedarse a ver estrellas. El invierno es frío, con heladas frecuentes y viento cortante, pero para quien busca soledad y cielos claros tiene su interés.
Si hace mal tiempo (lluvia, viento fuerte), el paseo por pistas se complica: barro pegajoso y sensación de estar muy expuesto. Mejor esos días para dar una vuelta corta por el casco urbano y poco más.
Errores típicos
- Ir con expectativas de “mucho que ver”: el pueblo es pequeño, el patrimonio es sencillo y el interés está en el entorno y la calma. Es fácil frustrarse si se va buscando otra cosa.
- No llevar provisiones: no hay servicios turísticos, así que agua, algo de comida y gasolina, mejor solucionarlo antes.
- Subestimar el sol y el viento: en la llanura no hay muchas sombras ni resguardos. Gorra, crema solar y ropa adecuada son casi obligatorios en verano, y abrigo en invierno.
- Pensar que se necesita mucho tiempo: con una hora larga puedes ver el casco y dar un pequeño paseo alrededor. Más tiempo solo tiene sentido si quieres caminar, pedalear o hacer fotos con calma.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Valladolid capital, se accede a Benafarces por la A-6 en dirección a La Coruña, tomando después la N-601 hacia León y desviándose hacia el municipio en los últimos kilómetros. El trayecto ronda los 70 kilómetros. También se puede llegar desde Medina de Rioseco, que cuenta con más servicios y se encuentra a unos 20 kilómetros.
Mejor época para visitar: primavera y otoño, si buscas temperaturas suaves y el paisaje en su mejor momento; invierno o pleno verano solo si tienes claro que vienes a caminar poco, mirar mucho cielo y aguantar frío o calor sin quejarte demasiado.