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sobre Calzada de los Molinos
Situado en el Camino de Santiago; debe su nombre a la antigua calzada romana y los molinos harineros; parada jacobea.
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En pleno corazón de Tierra de Campos, donde el horizonte manda y el viento corre sin obstáculos, se encuentra Calzada de los Molinos. Este municipio palentino de unos 300 habitantes conserva bastante bien la Castilla rural de siempre, con vida tranquila, poca prisa y casi todo girando alrededor del campo.
A unos 820 metros de altitud, Calzada de los Molinos se asienta en un paisaje de suaves ondulaciones donde el cielo lo ocupa todo. El nombre recuerda los antiguos molinos harineros que funcionaban con los recursos de la zona, base de la economía cerealista durante generaciones. Hoy, el ambiente es de calma: se oye el viento, el tractor a lo lejos y poco más.
Venir a Calzada de los Molinos es asomarse a eso que llaman “España vaciada”, pero sin dramatismos: aquí hay poca gente, sí, pero también una forma de vivir que se mantiene porque todavía tiene sentido para quienes se han quedado.
Qué ver en Calzada de los Molinos
El patrimonio construido se concentra sobre todo en torno a la iglesia parroquial, eje social y religioso del pueblo. Es un templo de arquitectura tradicional castellana, sobrio por fuera y con detalles interesantes en el interior, sobre todo en los retablos y en algunas imágenes. No es una joya monumental, pero sí refleja bien la historia humilde de la zona y cómo se ha rezado aquí durante siglos.
Al pasear por las calles verás la arquitectura popular típica de Tierra de Campos, con viviendas de adobe y tapial. Muchas casas han sido reformadas, pero aún se conservan muros de tierra, corrales y pajares que explican, mejor que cualquier discurso, cómo se construía pensando en el frío del invierno y el calor del verano. Conviene fijarse en detalles como los aleros, los portones de los corrales o los remates de los palomares.
El punto fuerte de Calzada de los Molinos está en su entorno natural. Los campos que rodean el pueblo cambian de color según la época: verdes vivos en primavera, dorado intenso en la cosecha y tonos más apagados y pardos en invierno. Desde fuera puede parecer un paisaje monótono, pero si te gusta fijarte, hay matices. Es territorio de aves esteparias como la avutarda, el sisón o el aguilucho cenizo [VERIFICAR], que encuentran aquí uno de sus refugios.
Los caminos rurales que salen del pueblo animan a caminar o ir en bici sin grandes esfuerzos, enlazando cultivos, pequeños arroyos, alguna ermita aislada y palomares tradicionales, algunos aún en pie y otros medio derruidos. Es terreno para ir sin prisa, siguiendo las pistas y escuchando más que mirando el reloj.
Qué hacer
La actividad más lógica en Calzada de los Molinos es salir a caminar. No esperes rutas señalizadas de montaña ni grandes desniveles: son caminos agrícolas, fáciles, pensados para ir viendo cómo es el campo de verdad. Buen sitio para quien quiera andar sin complicaciones y, de paso, observar aves si trae prismáticos y algo de paciencia.
Si te gusta la fotografía de paisaje, aquí el juego está en el cielo y la luz. Amaneceres, atardeceres, nubes cargadas antes de una tormenta de verano… El terreno es sencillo, pero los cambios de color y las líneas de los sembrados dan más juego del que parece desde la carretera. Si vienes en días de nubes altas, se agradece.
En cuanto a gastronomía, en el propio pueblo la oferta pública es muy limitada, así que conviene venir comido o con algo en el coche. La cocina de la zona es la típica palentina: legumbres de secano, cordero, embutidos y quesos comarcales, y sobre todo platos de cuchara en los meses fríos. El pan, como en casi toda Tierra de Campos, tiene tradición y suele estar a la altura cuando se encuentra buen horno cercano.
Desde Calzada de los Molinos se pueden montar excursiones a otros pueblos de Tierra de Campos, encadenando iglesias (en muchos casos románicas o con restos románicos), palomares y pequeños núcleos rurales. Lo más sensato es combinarlo con otros pueblos cercanos y no plantearlo como un destino aislado de varios días.
Fiestas y tradiciones
Calzada de los Molinos celebra sus fiestas patronales en verano, normalmente entre finales de julio y agosto [VERIFICAR]. En esos días el pueblo se llena con los que vuelven por vacaciones. Hay verbenas, actos populares y un ambiente mucho más animado que el resto del año.
Las celebraciones religiosas siguen ocupando un lugar importante en el calendario, con procesiones y actos que mantienen vivas algunas costumbres antiguas. No están pensadas como reclamo turístico, sino para el propio pueblo, y eso se nota en el tono y en la organización.
Cuándo visitar Calzada de los Molinos
La primavera es el mejor momento si quieres ver el campo verde y temperaturas más llevaderas para caminar. Los días todavía no son muy largos, pero se agradece el clima y el paisaje luce más.
El verano tiene dos caras: largas horas de luz y fiestas, pero también calor fuerte en las horas centrales del día. Si vienes en esta época, madruga o espera a última hora para salir a caminar; el mediodía es para estar a la sombra o bajo techo.
En otoño, los tonos ocres y la luz más baja funcionan muy bien para fotografía y paseos tranquilos, aunque el paisaje ya está más seco. El invierno trae frío, nieblas y días cortos: menos atractivo para pasear, pero interesante si quieres ver la meseta tal y como es cuando no hay atrezzo ni filtros.
Lo que no te cuentan
Calzada de los Molinos es un pueblo pequeño que se ve rápido. En una mañana tranquila te haces a la idea de cómo es. No vengas esperando una lista larga de monumentos ni servicios de ciudad. El valor está en el ambiente rural, el paseo y el paisaje.
La foto de los campos infinitos es real, pero también lo es que si no te gusta caminar, observar aves o simplemente estar tranquilo, se te va a quedar corto. Toma Calzada de los Molinos como una parada dentro de una ruta por Tierra de Campos, más que como un lugar donde pasar varios días seguidos. Funciona bien como base para moverte por la comarca, pero el propio pueblo no da para mucho más tiempo.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Vuelta por el casco, con parada en la iglesia parroquial.
- Paseo corto por alguno de los caminos que salen del pueblo, lo justo para asomarte al paisaje de Tierra de Campos.
- Si coincide al atardecer, acércate a las afueras para ver cómo cae el sol sobre los sembrados.
Si tienes el día entero
- Paseo más largo por pistas agrícolas en forma de circuito, sin obsesionarse con rutas marcadas: aquí lo normal es caminar por los caminos de labor.
- Parar a observar aves desde los márgenes de los cultivos, sin meterse nunca dentro de las fincas.
- Combinar la visita con otros pueblos de la comarca para ver alguna iglesia románica, más palomares y hacerte una idea general de Tierra de Campos.
Errores típicos
- Venir con expectativas de “pueblo monumental”: aquí no hay casco histórico espectacular ni grandes edificios. Es un pueblo agrícola de meseta.
- No traer agua ni algo de comida: los servicios son escasos y puedes encontrarte con que no tengas dónde comprar a determinadas horas.
- Subestimar el sol y el viento: en días de calor pega fuerte, y en invierno el aire corta. Ropa adecuada, gorra en verano y abrigo en invierno.
- Pensar que hay rutas señalizadas como en la montaña: aquí los caminos son agrícolas. Lleva mapa o GPS básico para no andar dando vueltas sin necesidad.