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sobre Capillas
Localidad terracampina con restos de muralla y puertas medievales; destaca por su iglesia mudéjar y el Canal de Castilla que cruza su término.
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¿Sabes cuando paras en un pueblo porque el navegador dice que has llegado… y lo primero que piensas es “aquí pasan pocas cosas”? Eso me pasó la primera vez con Capillas, en plena Tierra de Campos. Aparcas, bajas del coche y lo que oyes es básicamente el viento y algún perro a lo lejos. Nada preparado para impresionar, ningún cartel diciendo “mírame”. Solo el pueblo tal cual es.
Y, curiosamente, ahí está la gracia. Capillas no intenta caer bien ni atraer a nadie. Simplemente sigue a lo suyo.
La esencia de un pueblo sin artificios
Capillas es de esos sitios donde el tamaño del pueblo se entiende rápido: das dos vueltas y ya reconoces las calles. La población no llega al centenar de vecinos y el ritmo del día va bastante ligado al campo que rodea todo.
Aquí lo normal es ver a alguien revisando una parcela, arreglando algo en la fachada o charlando un momento en mitad de la calle. Sin prisa. Si vienes de ciudad, al principio te descoloca un poco, como cuando entras en una casa donde todo el mundo habla más bajo de lo habitual.
No hay tiendas pensadas para turistas ni nada parecido. Lo que sí hay es mucho cereal alrededor. En Tierra de Campos el paisaje funciona así: campos grandes, horizontes muy abiertos y ese viento que mueve el trigo o la cebada como si alguien estuviera pasando la mano por encima.
Cuando llevas un rato caminando por el pueblo, esa quietud deja de parecer silencio raro y se vuelve descanso.
Qué ver entre paredes de barro
El centro del pueblo lo marca la iglesia parroquial. No es de las que te hacen parar el coche a cien metros para sacar fotos, pero tiene ese aire de edificio que ha aguantado muchos inviernos de la meseta. Si está abierta, merece la pena asomarse un momento y ver el interior con calma.
Por las calles todavía se ven bastantes casas tradicionales de adobe o tapial, con muros gruesos y ventanas pequeñas. Son soluciones muy prácticas para el clima de la zona: calor fuerte en verano y frío serio en invierno.
También aparecen, aquí y allá, señales de cómo se vivía antes en estos pueblos: alguna bodega subterránea, restos de antiguos lagares o palomares en las afueras. No siempre están bien conservados, pero cuentan bastante del pasado agrícola del lugar.
Y luego está el paisaje, que en Tierra de Campos siempre acaba siendo protagonista. Desde cualquier salida del pueblo ves esa llanura casi infinita de cultivos. Si subes a un pequeño alto o recorres los caminos en bici, se aprecia mejor: parcelas enormes, caminos rectos y un cielo que parece más grande de lo normal.
Caminar por los caminos de alrededor
Aquí no vienes a hacer rutas complicadas. Lo normal es salir por alguno de los caminos agrícolas que parten del pueblo y caminar sin mucha estrategia, simplemente siguiendo la pista.
El terreno es bastante llano, así que más que una actividad deportiva es un paseo largo. En ciertas épocas del año los campos de cereal dominan todo; otras veces aparecen girasoles o parcelas recién trabajadas.
Si te gusta fijarte en aves, esta zona de la comarca es conocida por especies de llanura como avutardas o sisones. No siempre se ven —no es un zoo—, pero con algo de paciencia y unos prismáticos a veces aparecen moviéndose entre los cultivos.
Y si llevas cámara, el paisaje tiene algo curioso: cuanto más simple parece, más juego da con la luz. Sobre todo al atardecer, cuando el cielo de la meseta empieza a cambiar de color y los campos se vuelven casi dorados.
Las fiestas, cuando el pueblo vuelve a llenarse
Durante buena parte del año Capillas es muy tranquilo. Pero en las fiestas patronales —que tradicionalmente se celebran en verano— el ambiente cambia bastante.
Es el momento en que regresan vecinos que viven fuera y el pueblo recupera algo de movimiento durante unos días. Procesiones, comidas compartidas, reuniones largas en la plaza… más encuentro entre gente que espectáculo para quien viene de fuera.
Luego todo vuelve poco a poco a la calma habitual.
Cómo llegar y cómo tomárselo
Capillas está en la comarca de Tierra de Campos, al norte de la provincia de Palencia. Lo más cómodo es llegar en coche desde la capital provincial o desde otros pueblos de la zona por carreteras comarcales.
Una vez allí, lo mejor es aparcar y recorrerlo andando. No lleva mucho tiempo. Después, si te apetece entender el paisaje de verdad, sal por alguno de los caminos que rodean el pueblo.
Visitar Capillas se parece un poco a sentarse en un banco y mirar alrededor sin hacer gran cosa. Puede parecer poca cosa sobre el papel. Pero si te pillan con el día tranquilo y sin prisa, funciona. Y bastante.