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sobre Capillas
Localidad terracampina con restos de muralla y puertas medievales; destaca por su iglesia mudéjar y el Canal de Castilla que cruza su término.
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En pleno corazón de Tierra de Campos, donde el horizonte se abre en recta hasta que se acaba la vista, está Capillas, una pequeña aldea palentina de unos 70 vecinos. Aquí las cosas pasan despacio: se oye el tractor mucho antes de verlo y los saludos en la calle llevan más rato que el propio paseo. No hay trampa: es un pueblo muy pequeño, tranquilo hasta el extremo y sin “atracciones” en el sentido clásico, y precisamente ahí está su interés.
Capillas forma parte de ese puñado de pueblos que siguen aguantando en la llanura castellana, con lo justo para el día a día. No hay grandes infraestructuras turísticas ni falta que les hace: lo que hay es vida rural de verdad, campos de cereal hasta el infinito y un silencio que a quien viene de ciudad al principio le incomoda un poco y luego engancha.
La comarca de Tierra de Campos, el famoso "granero de España", aquí se ve y se huele: tierra, cereal, adobe y viento. Las construcciones de tapial y ladrillo se mimetizan con el paisaje, y el pueblo se recorre en nada, pero sirve para entender cómo se ha vivido siempre en esta parte de Castilla, donde el lujo era tener buena cosecha y poco más.
¿Qué ver en Capillas?
El punto más reconocible de Capillas es su iglesia parroquial, eje del pueblo como en casi toda Tierra de Campos. No estamos hablando de una catedral ni de un gran museo, pero sí de un edificio con historia, con sus reformas, añadidos y cicatrices, que merece un rato de observación tranquila desde la plaza y, si está abierta, una visita al interior para fijarse en retablos, bóvedas y detalles que se han ido salvando del tiempo.
El casco urbano es reducido, pero todavía se reconocen bien los rasgos de la arquitectura popular de tierra: casas de adobe y tapial, muros gruesos, huecos pequeños para protegerse del calor y del frío. Al pasear verás palomares, alguna bodega subterránea y restos de antiguos lagares. Muchos están ya semiderruidos o reconvertidos, pero el conjunto explica bastante bien de qué se ha vivido aquí y cómo se ha ido vaciando la zona.
Los alrededores de Capillas son puro paisaje de Tierra de Campos: una planicie de cultivo casi geométrica, sin apenas árboles, que va cambiando de color según la época del año. En coche puede parecer monótono, pero a pie o en bici se aprecia mejor la amplitud, los cambios de luz y la sensación de estar en medio de un mar de tierra. Los atardeceres, si el día está despejado, suelen ser largos y muy vistosos; cuando sopla el aire, lo sabes también.
Qué hacer
La actividad más lógica en Capillas es caminar por los caminos agrícolas que salen del pueblo en todas direcciones. Son pistas anchas, llanas, sin misterio: trigo, cebada, algún girasol, y poco más. Precisamente por eso vienen bien para pasear sin prisas, pensar, o simplemente dejarse llevar. Para ir con bici también son cómodas si no te molestan los tramos de firme irregular y el viento de cara, que algunos días parece que empuja de verdad.
La observación de aves esteparias aquí tiene sentido para quien ya viene con cierto interés previo. Tierra de Campos es territorio de avutardas, sisones y aguiluchos cenizos, pero no es un zoo: hay que saber mirar, tener paciencia y moverse con respeto por los caminos sin entrar en los cultivos. Unos prismáticos marcan la diferencia entre “no he visto nada” y “había más vida de la que parecía”. Si no estás acostumbrado, es fácil pasar de largo sin ver nada.
En cuanto a la comida, en Capillas no vas a encontrar bares ni restaurantes, así que conviene venir con esto claro y, si hace falta, traer algo de picar o contar con los pueblos más grandes de alrededor para comer. La comarca, eso sí, es muy seria en lechazo, sopas castellanas, morcillas y queso de oveja, que podrás probar en esas localidades vecinas.
Para quien disfrute con la cámara, la fotografía de paisaje aquí va de líneas rectas, cielos grandes y cambios de luz. Y cuando se hace de noche, la escasa iluminación artificial convierte la zona en un buen sitio para mirar estrellas si el cielo está limpio: no esperes observatorios, es cuestión de manta, abrigo y paciencia. En noches frías, la sensación de estar “en medio de nada” se hace muy evidente.
Fiestas y tradiciones
Como en tantos pueblos pequeños, las fiestas patronales de verano concentran la vida social del año. Suelen celebrarse entre julio y agosto [VERIFICAR], coincidiendo con el regreso de quienes viven fuera. Hay procesiones, música, juegos y comidas populares; más reencuentro que espectáculo, más ver a la cuadrilla de siempre que “programación cultural”.
El calendario se completa con las fiestas religiosas tradicionales, marcadas por las fechas del ciclo católico y, en muchos casos, todavía vinculadas a las labores del campo. Quien venga fuera de esos días encontrará un pueblo muy tranquilo, casi en modo “día laboral permanente”.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Palencia capital, a unos 45 km aproximadamente, se llega a Capillas por carreteras secundarias que cruzan Tierra de Campos. El trayecto sirve para hacerse a la idea del paisaje: rectas largas, pueblos bajos y tierras de cultivo. Lo habitual es venir en coche propio; el transporte público, si existe, es muy escaso y con horarios poco prácticos [VERIFICAR]. Conviene revisar bien el mapa antes y no fiarlo todo al GPS, que a veces se empeña en atajar por caminos.
¿Cuándo visitar Capillas?
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son los momentos más agradecidos: temperaturas más templadas, días más largos y el campo en verde o con tonos más suaves. En verano el sol cae a plomo, con calor fuerte y poca sombra, y en invierno el frío es serio, con heladas frecuentes y sensación térmica baja cuando sopla el aire.
Si lo tuyo es ver el campo “en producción”, el final de la primavera y el inicio del verano son los meses en que la llanura luce más. En pleno agosto, en cambio, el paisaje se vuelve dorado y más duro, y el paseo a las tres de la tarde no es buena idea.
Errores típicos al visitar Capillas
- Esperar demasiadas “cosas que ver”: Capillas es pequeño y se recorre rápido. Tiene más sentido como parada breve dentro de una ruta por Tierra de Campos que como destino para varios días.
- Subestimar el clima: en verano, sin sombras ni fuentes a mano a cada paso, el sol cansa más de lo que parece; en invierno, el frío cala. Mejor revisar la previsión y venir equipado.
- Confiarse con los servicios: no hay apenas comercios ni hostelería, así que conviene venir con combustible suficiente, agua y algo de comida, sobre todo si viajas con niños o personas mayores.
- Pensar que las distancias “no son nada”: el terreno es llano, pero las rectas engañan. Un camino que parece corto puede suponer una buena tirada si vas cargado o hace calor.
Lo que no te cuentan
Capillas se ve en poco rato. Un paseo por el pueblo y una vuelta por los caminos cercanos te pueden ocupar una mañana corta o una tarde. El valor del lugar está más en la sensación de llanura, silencio y vida rural mínima que en llenar una lista de monumentos. Si buscas fotos de fachada y poco más, acabarás rápido; si te quedas un rato en un banco o en la era al atardecer, la visita cambia.
Si lo entiendes como una parada dentro de una ruta más amplia por pueblos de Tierra de Campos, encaja muy bien. Si lo planteas como escapada de fin de semana “con mucha actividad”, te vas a quedar corto. Aquí no se viene a hacer mil cosas, se viene a bajar revoluciones.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Vuelta tranquila por el casco urbano, parada en la iglesia (aunque esté cerrada, el entorno ya dice mucho), fijarte en las casas de adobe, localizar palomares y, si el tiempo acompaña, un pequeño paseo por alguno de los caminos que salen del pueblo para ver la llanura en 360 grados.
Si tienes el día entero
Combina Capillas con otros pueblos de Tierra de Campos cercanos, organiza una ruta en coche o en bici y utiliza Capillas como una de las paradas para estirar las piernas, hacer fotos del paisaje y notar el silencio. Con comida ya planificada en otro municipio, el día cunde más y no hay sustos.