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sobre Frómista
Hito fundamental del Camino de Santiago y del Románico; alberga la iglesia de San Martín
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En pleno corazón de Tierra de Campos, donde los trigales se extienden hasta el horizonte dibujando un mar dorado, Frómista aparece como un pequeño nudo de piedra y agua en medio de la llanura. Este pueblo de unos 700 habitantes guarda uno de los tesoros arquitectónicos más valiosos del Camino de Santiago: la iglesia de San Martín, considerada por muchos la obra maestra del románico palentino.
Frómista no es un destino turístico al uso, y ahí está parte de su gracia. Aquí el viajero se encuentra con la Castilla rural sin maquillaje, con su ritmo pausado, sus calles tranquilas y esa sensación de que el tiempo se estira un poco más que en la ciudad. El pueblo ha sabido mantener su autenticidad mientras acoge cada año a miles de peregrinos que recorren el Camino Francés, convirtiéndose en un lugar de paso y de encuentro entre lo local y lo que viene de fuera. Si vienes de ciudad, el cambio de ritmo se nota en cuanto aparcas y haces los primeros metros a pie.
La piedra dorada de sus monumentos contrasta con el verde de los campos de cereal en primavera y el ocre del verano, creando una paleta de colores que cambia con las estaciones. Pasear por Frómista es recorrer siglos de historia, desde el esplendor medieval hasta nuestros días, con la calma de un sitio donde todo se hace andando y sin prisas. En una tarde da tiempo a verlo todo sin correr, pero el pueblo agradece tomárselo con calma: sentarse, mirar y dejar que pase algún que otro grupo de peregrinos.
Qué ver en Frómista
La iglesia de San Martín es, sin discusión, el monumento estrella de Frómista y uno de los ejemplos más puros del románico español. Construida en el siglo XI, esta joya arquitectónica llama la atención por la perfección de sus proporciones y la riqueza de su decoración escultórica. Sus más de 300 canecillos exteriores representan figuras humanas, animales fantásticos y motivos vegetales que han fascinado a visitantes durante generaciones. La restauración del siglo XIX le devolvió en parte su aspecto original, y hoy se puede apreciar con bastante claridad la geometría y sobriedad del románico castellano. Por dentro es pequeña y recogida: no esperes una gran catedral, la fuerza está en el conjunto y en el exterior.
El Conjunto Histórico de San Pedro incluye la iglesia parroquial del mismo nombre, un edificio gótico-renacentista del siglo XV que alberga un interesante museo de arte sacro. Su torre, visible desde varios puntos del pueblo, fue añadida en el siglo XVI y sirve de buena referencia para orientarse cuando se callejea un poco. Es fácil acabar dando vueltas por las mismas calles, así que usarla como “faro” ayuda.
Junto a ella se encuentra la iglesia de Santa María del Castillo, un templo gótico del siglo XV que conserva pinturas murales y retablos de notable valor artístico. El entorno es más sobrio que en las fotos promocionales y suele estar tranquilo; conviene revisar in situ horarios y accesos, porque no siempre coincide lo que uno ha leído con lo que luego se encuentra abierto.
El Canal de Castilla, una obra de ingeniería hidráulica del siglo XVIII, pasa por Frómista dejando un paisaje poco habitual en la meseta castellana. Sus esclusas y compuertas son testimonio de un ambicioso proyecto que pretendía conectar Castilla con el mar. El paseo junto al canal, flanqueado por chopos y álamos, da un respiro de sombra y frescor en contraste con la inmensidad de los campos. Cuando sopla el aire —que suele— se agradece todavía más.
Conviene acercarse a la Esclusa Cuádruple, situada a las afueras del pueblo, una obra de ingeniería que salva un desnivel de más de 14 metros mediante cuatro esclusas consecutivas. El entorno es sencillo pero muy fotogénico, sobre todo con buena luz al amanecer o al atardecer. No esperes un área recreativa muy montada: es más bien un lugar para mirar el agua, caminar un rato y hacer alguna foto.
Qué hacer
Frómista es etapa fundamental del Camino de Santiago Francés, por lo que muchos visitantes llegan caminando o en bicicleta. Si no eres peregrino, puedes realizar la etapa entre Frómista y Carrión de los Condes, un recorrido de unos 19 kilómetros por la llanura cerealista que permite entender bien qué es eso de caminar días entre campos abiertos y horizontes limpios. No tiene complicación técnica, pero sí conviene madrugar en verano y llevar agua: la sombra es un bien escaso.
El paseo por el Canal de Castilla es otra actividad muy recomendable. Puedes recorrer el camino de sirga a pie o en bicicleta, disfrutando de la tranquilidad del entorno. En verano, algunas empresas ofrecen paseos en barco que permiten conocer el funcionamiento de las esclusas. Conviene informarse con antelación de horarios y disponibilidad [VERIFICAR], porque no hay actividad continua todos los días ni a todas horas.
La gastronomía local merece una atención especial. Tierra de Campos es tierra de pan, y aquí podrás probar la hogaza castellana, densa y con buena corteza, elaborada de forma artesanal. Los productos de la huerta, las legumbres y los asados tradicionales forman parte de una cocina directa y contundente, más pensada para el frío y el trabajo en el campo que para la dieta de ciudad. No faltan los quesos de oveja de la comarca ni los vinos de las cercanas denominaciones de origen, que se encuentran con relativa facilidad en bares y tiendas del entorno.
Para los aficionados a la ornitología, los campos circundantes son hábitat de aves esteparias como la avutarda, el sisón o la alondra. La mejor época para la observación suele ser la primavera, cuando la luz es más suave y el paisaje no está todavía tostado por el sol. Hay que armarse de paciencia y prismáticos: las distancias engañan y los animales se camuflan bien entre los surcos y los rastrojos.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Martín se celebran en torno al 11 de noviembre, aunque muchas de las actividades más animadas se concentran durante el verano. A mediados de julio se celebra la Virgen del Otero, patrona de la localidad, con verbenas, procesión y actos religiosos que reúnen a vecinos que vuelven al pueblo y a quienes están de paso.
En Semana Santa, Frómista vive con especial intensidad el paso de los peregrinos, y aunque no cuenta con procesiones de gran relevancia, el ambiente es recogido y sencillo, muy en la línea del propio pueblo. Más que grandes desfiles, aquí lo que se nota es el trasiego constante de mochilas y bastones.
Durante el verano, generalmente en agosto, se organizan las fiestas grandes con actividades para todas las edades, bailes y actos tradicionales que llenan las calles de ruido durante unos días en contraste con la calma del resto del año. Si buscas ambiente, esos son los momentos; si prefieres silencio, conviene mirar antes las fechas para no coincidir.
Cuándo visitar Frómista
La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son, en general, los momentos más agradecidos para visitar Frómista: temperaturas suaves, campos verdes o tonos dorados y menos extremos de calor o frío. El verano puede ser muy caluroso en las horas centrales del día, pero también es cuando hay más movimiento por el paso de peregrinos y la celebración de fiestas. El invierno es frío, con días cortos y viento, pero quien busque tranquilidad y paisajes desnudos de Tierra de Campos también lo puede valorar. Con lluvia o niebla el pueblo pierde algo de fotogenia, pero gana en atmósfera; eso sí, el canal y los caminos se vuelven menos amables para pasear.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Palencia, situada a unos 32 kilómetros, se accede por la carretera P-980 en dirección norte. El trayecto dura aproximadamente 30 minutos en coche, sin complicaciones. También suele existir conexión por autobús desde Palencia capital [VERIFICAR]. Si vienes desde otras provincias, las autovías A-231 y A-67 conectan con la zona y permiten llegar con bastante facilidad. Una vez en Frómista, lo razonable es dejar el coche aparcado y moverse a pie: las distancias dentro del casco urbano son cortas.
Errores típicos
- Subestimar el sol y el calor en verano: aunque el pueblo se recorre bien a pie, la sombra es escasa fuera del casco urbano y en el Canal, así que protección solar, gorra y agua no son un extra, son necesarios.
- Pensar que da para varios días sin moverse: Frómista se ve con calma en medio día o una jornada completa si añades paseos por el Canal o rutas a pie. Si quieres alargar la estancia, toca combinarlo con otros pueblos de la zona.
- Confiarse con los horarios: la iglesia de San Martín y otros recursos culturales tienen horarios y a veces cierres al mediodía o en determinadas épocas; conviene informarse al llegar para no encontrarse la puerta cerrada a la hora de la visita.
Si solo tienes…
1–2 horas
Da tiempo a ver el exterior y el interior de San Martín, acercarse a la zona de San Pedro y dar un pequeño rodeo por el casco viejo. Es un paseo corto, llano y fácil.
El día entero
Puedes combinar la visita al pueblo (San Martín, San Pedro, Santa María) con un buen tramo a pie o en bici junto al Canal de Castilla y llegar hasta la esclusa cuádruple sin prisas, parando a comer en medio. Es un plan tranquilo, sin grandes esfuerzos, pero con sensación de haber “leído” bien el lugar.
Lo que no te cuentan
Frómista es pequeño y se recorre rápido: quien vaya pensando en una villa monumental al estilo de una capital de provincia se llevará una sorpresa. Las fotos de San Martín y del Canal llenan páginas, pero el resto del pueblo es sencillo, cotidiano, con casas humildes y calles sin grandes alardes. Más que un destino para una semana, funciona bien como base para explorar Tierra de Campos o como parada reposada en un viaje más largo por Castilla y León.