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sobre Fuentes de Nava
Localidad histórica vinculada a la Laguna de la Nava; destaca por su patrimonio renacentista y su importancia ecológica para las aves.
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A última hora de la tarde, cuando el sol cae casi horizontal sobre Tierra de Campos, la torre de la iglesia de San Pedro proyecta una sombra larga sobre las casas de adobe. En Fuentes de Nava el silencio no es absoluto, pero casi: algún coche que cruza despacio la plaza, el golpe seco de una puerta, el viento moviendo algo suelto en un corral cercano. A pocos kilómetros, la laguna de la Nava cambia de aspecto según la estación y según el nivel del agua; hay días en que parece una lámina quieta y otros en que el cielo se llena de alas.
Fuentes de Nava está en plena llanura de Campos, con el horizonte abierto en todas direcciones. El cereal domina el paisaje gran parte del año: verde en primavera, dorado cuando llega el calor, rastrojo pálido tras la cosecha. Aquí viven algo menos de seiscientas personas y el pueblo conserva una estructura muy ligada al trabajo agrícola. Las calles son amplias, algunas todavía con tramos de tierra, y muchas casas mantienen muros de adobe que en verano guardan el fresco mejor que cualquier fachada moderna.
La laguna de la Nava y el regreso de las aves
A unos cinco kilómetros del pueblo aparece la laguna de la Nava, uno de los humedales más conocidos de la provincia. Durante buena parte del siglo XX prácticamente desapareció por las desecaciones agrícolas, hasta que en los años noventa empezó un proceso de recuperación que todavía hoy sigue ampliándose poco a poco.
Ahora el paisaje vuelve a tener agua, carrizos y orillas bajas donde paran muchas aves migratorias. En primavera y otoño es fácil escuchar ánades, garzas o avefrías, y cuando llegan las grullas el sonido cambia por completo: trompetazos largos que atraviesan la llanura incluso antes de ver las bandadas.
Hay varios observatorios y caminos señalizados alrededor de la laguna. Son recorridos sencillos y bastante llanos. Conviene llevar prismáticos y, si se quiere fotografiar aves, algo de paciencia. El mejor momento suele ser al amanecer o al final de la tarde, cuando la luz cae más suave sobre el agua.
El pueblo: adobe, bodegas y una torre que se ve desde lejos
De vuelta en Fuentes de Nava, la iglesia de San Pedro domina el perfil del pueblo. Su torre se ve desde bastante distancia cuando uno llega por carretera, sobresaliendo sobre un caserío bajo. El edificio mezcla elementos de distintas épocas; en el interior se conservan partes muy antiguas, con piedra oscurecida por los siglos.
Al pasear por las calles conviene fijarse en detalles que pasan desapercibidos si se va con prisa: portones grandes que daban paso a corrales, vigas de madera asomando bajo los aleros, respiraderos de bodegas excavadas bajo las casas. En Tierra de Campos estas bodegas eran parte de la vida cotidiana, usadas para guardar vino, embutidos o grano aprovechando la temperatura estable del subsuelo.
También aparecen, aquí y allá, palomares circulares o cuadrados en las afueras. Algunos siguen en pie, otros están medio deshechos por el viento y los inviernos largos de la meseta.
Caminos alrededor del pueblo
Los alrededores de Fuentes de Nava se recorren por caminos agrícolas rectos, sin apenas desnivel. Caminar o pedalear aquí tiene algo de ejercicio de paciencia: pocos árboles, mucha amplitud y el cielo ocupándolo todo.
Una vuelta completa por el perímetro de la laguna ronda varios kilómetros y permite ir enlazando observatorios. En verano conviene evitar las horas centrales del día porque la sombra es escasa. En invierno, en cambio, el viento puede soplar con fuerza en campo abierto.
Comida de pueblo y productos de la zona
La cocina de la zona sigue muy ligada a lo que se cría y se cultiva alrededor. El lechazo asado es uno de los platos más habituales en celebraciones familiares y fines de semana. También aparecen embutidos de matanza, morcilla, legumbres secas y quesos elaborados con leche de oveja.
En los bares del pueblo, sobre todo cuando llega el fin de semana o en épocas de fiestas, suelen salir tapas contundentes: platos calientes, pan recién cortado y conversaciones largas apoyadas en la barra.
Cuándo acercarse
El otoño suele ser un buen momento para conocer Fuentes de Nava. Entre octubre y noviembre muchas grullas utilizan la laguna como zona de descanso durante la migración, y es frecuente verlas pasar al amanecer o justo antes de que anochezca.
Si se quiere observarlas con calma, conviene llegar temprano a los observatorios y moverse despacio. En la llanura cualquier ruido se oye a mucha distancia.
Fuentes de Nava no vive de grandes reclamos. Es un pueblo de ritmo lento, muy ligado a la tierra y a la laguna que vuelve a llenarse cada temporada. Quien llega con tiempo termina fijándose en cosas pequeñas: el olor húmedo de los carrizos, el sonido de las grullas cruzando el cielo o la luz dorada que, al final del día, se queda unos minutos pegada a las paredes de adobe.