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sobre Paredes de Nava
Cuna de Pedro Berruguete y Jorge Manrique; villa con un patrimonio artístico excepcional y un museo parroquial de referencia.
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En el corazón de Tierra de Campos, donde la llanura palentina se extiende hasta fundir tierra y cielo, Paredes de Nava no vive del humo ni de las fotos bonitas: aquí lo que manda es el patrimonio y la historia. Con sus 1.900 habitantes y a unos 775 metros de altitud, este municipio castellano ha conservado un conjunto artístico que sorprende a quien llega sin demasiadas expectativas. No en vano, fue cuna del célebre Pedro Berruguete y de otras figuras ligadas a la pintura hispano-flamenca.
Caminar por sus calles es adentrarse en siglos de historia castellana, donde la arquitectura religiosa alcanzó cotas de excelencia gracias a la riqueza que aportó el comercio del trigo en épocas pasadas. Sus iglesias, auténticos museos bajo techo, conservan retablos y obras de arte que rivalizan con las de muchas catedrales españolas, pero en un entorno donde la vida sigue a ritmo de pueblo.
Este pueblo de la llanura castellana resume bastante bien el espíritu de Tierra de Campos: horizontes infinitos, arquitectura de adobe y ladrillo, y una gastronomía pegada al producto local. Es un lugar tranquilo para quienes buscan turismo cultural de calidad lejos de las rutas masificadas y no necesitan demasiada distracción alrededor.
Qué ver en Paredes de Nava
La Iglesia de Santa Eulalia, del siglo XVI, es el gran tesoro de Paredes de Nava. Este templo gótico-renacentista alberga una colección de arte sacro muy por encima de lo que uno espera en un pueblo de este tamaño, con retablos de época y pinturas que convierten su interior en una auténtica pinacoteca. Su torre, visible desde la distancia en la llanura, sirve de referencia en todo el municipio y marca el perfil de Paredes en cuanto te vas acercando por carretera.
La Iglesia de Santa María, de estilo gótico, llama la atención por su arquitectura y por su historia vinculada a los siglos medievales. No es solo una iglesia bonita: es parte del relato de cómo un pueblo agrícola llegó a concentrar tanta riqueza artística. Junto a ella, la Iglesia de San Juan completa un triángulo patrimonial poco habitual en un municipio de estas dimensiones.
El Museo Parroquial, ubicado en una de las iglesias, custodia una colección de arte religioso que incluye tablas flamencas y retablos de escuelas castellanas. Es una visita muy recomendable para quienes tengan interés real en el arte sacro; si no, conviene seleccionar bien lo que se quiere ver para no saturarse. Aquí, más que ir “a verlo todo”, tiene sentido ir con calma y prestar atención a unas cuantas piezas clave.
Paseando por el casco urbano, merece la pena detenerse en la Casa Natal de Pedro Berruguete: aunque actualmente no es visitable, su fachada recuerda la importancia histórica del pueblo. La arquitectura popular de adobe y ladrillo se conserva en numerosas casas tradicionales, especialmente en el entorno de la plaza mayor, donde se ve cómo se ha construido siempre en la llanura cerealista. No todo está restaurado ni “puesto bonito”: hay mezcla de épocas, reformas y casas sencillas, como en cualquier pueblo vivo.
La Ermita de Nuestra Señora de las Fuentes, a las afueras del pueblo, es una buena excusa para un paseo corto y para ver el paisaje de Tierra de Campos tal cual es: campos cerealistas extendiéndose hasta donde alcanza la vista, sin grandes alardes, pero con esa amplitud que acaba enganchando a quien sabe mirarla. El camino hasta la ermita ayuda a entender mejor esa relación entre pueblo, llano y cereal.
Qué hacer
El paisaje de Tierra de Campos invita a realizar rutas a pie o en bicicleta por caminos agrícolas que conectan con pueblos vecinos como Fuentes de Nava o Becerril de Campos. Estos recorridos, especialmente agradables en primavera cuando el campo está verde y florido, o en verano con el dorado del cereal maduro, permiten entender cómo se ha vivido tradicionalmente de la tierra en esta comarca. Conviene llevar agua y protección solar: sombra, la justa, y si sopla el aire, se agradece una capa más incluso en meses templados.
Los aficionados al turismo ornitológico tienen cerca la Laguna de la Nava, uno de los humedales más relevantes de la meseta castellana, donde observar aves migratorias y especies esteparias propias de la zona. Es un buen complemento a la visita cultural si se dispone de medio día más y se quiere ir más allá del casco urbano.
La gastronomía local es otro de los atractivos. Los productos de la tierra, especialmente las legumbres, el lechazo asado y los quesos de la zona, forman parte de una cocina tradicional contundente y sabrosa, pensada para el frío de la meseta. Los guisos de caza menor, como la perdiz o la liebre, son también señas de identidad culinaria en temporada, siempre que la campaña de caza lo permite.
Durante el otoño, la temporada micológica permite salir en busca de setas por los campos cercanos, una actividad cada vez más popular en la comarca. En cualquier caso, es fundamental conocer bien las especies o ir acompañado de alguien que sepa lo que hace, y respetar las normas locales de recolección.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a la Virgen de las Fuentes se celebran en agosto y constituyen el momento más festivo del año, con procesiones, verbenas y actividades tradicionales que reúnen a vecinos y visitantes, muchos de ellos hijos del pueblo que viven fuera y vuelven esos días. Son jornadas de pueblo lleno, peñas y calles con mucho más movimiento que el resto del año.
En Semana Santa, Paredes de Nava mantiene procesiones tradicionales que, aunque más modestas que las de ciudades mayores, conservan el tono sobrio y el carácter comunitario de las celebraciones rurales castellanas. Aquí la Semana Santa se vive más desde dentro que como espectáculo.
La romería a la ermita en primavera es otra de las citas señaladas en el calendario local, con una tradición de siglos que continúa reuniendo a los vecinos en torno a su patrona y al paisaje que les rodea desde siempre. Es uno de esos días en los que se entiende mejor el vínculo entre el pueblo y su entorno.
Cuándo visitar Paredes de Nava
La mejor época para visitar el pueblo suele ser entre abril y junio, cuando el campo está en su máximo esplendor, el trigo aún verde y las temperaturas son razonables para caminar. El otoño, con sus tonos ocres y dorados, también deja paisajes interesantes, aunque el ambiente ya es más fresco y los días más cortos.
En verano, el calor aprieta y el sol cae a plomo, pero es cuando más vida hay en la calle por las fiestas y el regreso de gente del pueblo. El invierno es frío y ventoso; se presta más a visitas culturales a las iglesias y a sentarse a comer que a grandes paseos por el campo. Si te gusta ver las iglesias con poca gente y moverte sin prisas, los días laborables de invierno y entre semana en primavera son los momentos más tranquilos.
Si hace mal tiempo, el plan cambia poco: aquí el peso lo llevan las iglesias, el museo y un paseo corto por el casco urbano. Para rutas largas o bici, es mejor evitar los días de viento fuerte o lluvia, porque en la llanura el aire se nota más de lo que parece desde el coche.
Errores típicos al visitar Paredes de Nava
- Esperar un “pueblo-museo” de postal: Paredes de Nava es un pueblo vivo, con casas reformadas, otras más humildes y mucho ambiente cotidiano. El valor está en el patrimonio artístico concreto y en el contexto de Tierra de Campos, no en una estampa perfecta en cada esquina. Si vas buscando solo la foto para redes sociales, te sabrá a poco.
- Confiarse con los horarios: las iglesias y el museo no siempre tienen los mismos horarios ni están abiertos todo el día. Lo más sensato es informarse antes y organizar la visita alrededor de esos horarios, en lugar de improvisar y encontrarte las puertas cerradas.
- Subestimar el clima de la meseta: en verano el sol castiga y en invierno el frío y el viento se hacen notar. Ropa adecuada, calzado cerrado y algo de abrigo incluso en primavera si sopla el aire. En bici, mejor madrugar en verano y evitar las horas centrales.
Lo que no te cuentan
Paredes de Nava se ve relativamente rápido: el casco urbano es compacto y, sin entrar a fondo en iglesias y museo, en un par de horas puedes hacerte una idea general. El tiempo se alarga si realmente quieres visitar con calma Santa Eulalia y detenerte en las piezas de arte sacro.
Las fotos de las iglesias y de la llanura pueden hacer pensar que hay mucha “postal” en cada esquina, pero la realidad es otra: es un pueblo castellano que ha vivido del campo y se nota. Parte del interés está precisamente en esa mezcla entre patrimonio de primer nivel y vida cotidiana, sin maquillajes.
Como destino, funciona mejor combinado con otros pueblos de Tierra de Campos o con la Laguna de la Nava que como único objetivo de un viaje largo. Tiene peso cultural para dedicarle una buena mañana o un día entero bien organizado, pero el que espere una oferta amplia de ocio más allá del patrimonio irá algo desencaminado.
Información práctica
Paredes de Nava se encuentra a unos 25 kilómetros al norte de Palencia capital, accesible por la carretera P-980. Desde Palencia, se tarda aproximadamente 25 minutos en coche. Si vienes desde Valladolid, la distancia es de unos 85 kilómetros por la A-62 y posteriormente la P-980.
Es recomendable consultar previamente los horarios de visita de las iglesias y del museo parroquial en fuentes oficiales o en la propia parroquia, ya que pueden variar según la época del año, el día de la semana y la celebración de cultos. Conviene también tener en cuenta que al mediodía muchos servicios se cierran y la actividad se ralentiza, como en la mayoría de pueblos de la zona.